Saltar el menú de navegación e ir al contenido
Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.
A pesar de que las técnicas son cada vez menos agresivas, la cirugía estética entraña riesgos que conviene calibrar antes de entrar al quirófano
Como cirugía que es, la estética también comporta los riesgos inherentes a cualquier operación (problemas de anestesia, mala cicatrización, etc...). En 2000, la Asociación Defensor del Paciente recibió un 30% más de denuncias por negligencia que el año anterior. Según la Unión Profesional de Médicos y Cirujanos Estéticos, de 250.000 operaciones realizadas el año pasado, se presentaron menos de un 2% de denuncias contra el sector.
Se estima que en nuestro país hay cerca de 5.000 médicos que ejercen la cirugía plástica sin titulación apropiada. O lo que es lo mismo, que no ha realizado prácticas hospitalarias y sólo posee una formación básica al respecto. Por ello, cuando a uno de estos doctores le surge una complicación es más probable que no sepa solucionarla, porque no es su especialidad; naturalmente, aumenta así la posibilidad de que el paciente sufra daños evitables.
La consecuencia más leve de una mala praxis en este campo es un mal resultado: asimetrías, lifting face (como llaman los estadounidenses a los rasgos tensos de un estiramiento poco cuidado) o un incremento exagerado del pecho (una de cada cuatro mamoplastias sale mal), antiestético y lesivo para la espalda. Dentro de las más graves se encuentran los daños en el nervio facial, la pérdida de expresividad o graves complicaciones después de una liposucción, que provoca una disminución de la tensión arterial que debe encararse en un hospital, y que tiene el dudoso honor de contar con un mayor índice de mortalidad, debido a que se extraen volúmenes grandes de grasa sin hospitalización y con cantidades enormes -y por tanto tóxicas- de anestesia local.
La cirugía estética se está convirtiendo en un servicio de consumo masivo, incluso entre los hombres. Sólo en España, y en el último año, se han realizado unas 250.000 operaciones de estética, con un coste medio por intervención de 400.000 pesetas (2.404 E). Esta industria del milagro ya factura en este país 100.000 millones de pesetas (600 millones de euros).
Privilegio de ricos y famosos hasta hace pocos años, gracias a la gran demanda y al avance de las técnicas (más sencillas y con menos gasto hospitalario), los precios de las intervenciones han descendido entre un 7% y un 9%, de manera que han dejado de ser tan prohibitivas. Ahora, personas casi de toda clase y condición económica recurren a la cirugía para mejorar su aspecto físico.
Para facilitar aún más el acceso a la belleza, la mayoría de las clínicas españolas (hay un 15% más de establecimientos de este tipo que en 1996) ofrece sistemas propios de financiación. Se trata de préstamos personales concertados entre la clínica y el banco que, permiten al usuario abonar las intervenciones a plazos, hasta en más de cuatro años.
Y no dudan en pasar por el quirófano para verse más atractivos. En 2000, más de 40.000 hombres se sometieron a operaciones de párpados, orejas, liposucción, depilación por láser o implante de cabello, mientras que el 1995 sólo 15.000 confiaron en el bisturí para retocar esa parte de su cuerpo con la que no se sentían conformes. Los retoques más demandados por los españoles son el transplante de cabello (300.000 ptas , 1.803 euros),la rinoplastia (250.000 ptas -1.502 E) y la plastia de párpados para quitarse las bolsas de los ojos, que cuesta entre 150.000 y 300.000 pesetas (entre 901 y 1.803 E).
Las personas que por motivos de salud psicológica o física sean protagonistas de una operación de cirugía plástica tienen, como cualquier otro paciente, una serie de derechos que se recogen en el artículo 10 de la Ley General de Sanidad.
Según el Colegio Oficial de Psicólogos de Valencia, los motivos que inducen a una persona a operarse son muchos y variados, y tienen su origen "en una insatisfacción de muchos tipos. En ocasiones está relacionada con el ideal que nos hemos planteado, como el de una actriz admirada, o con querer dar cierta imagen o, simplemente, con tratar de evitar el efecto del paso del tiempo".
No hay un perfil determinado de personas que quieren modificar su imagen externa. En la mayoría de los casos, no sufren trastornos especiales ni traumas de autoestima. Lo que sí se da es una importante influencia de los estímulos externos a la hora de crear un ideal de belleza y de tratar de conseguirlo.
La preferencia por el bisturí frente a otros sistemas para obtener el físico deseado se debe en gran medida a la comodidad que impera en nuestra sociedad, ya que "modelar un cuerpo y mantenerlo flexible se puede conseguir con deporte, pero es mucho más lento y requiere más fuerza de voluntad que el bisturí". Desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Valencia se recuerda que "los cuerpos ideales no existen. Es importante que una persona lo asuma y se acostumbre a negociar con la realidad".
Esto es así, porque se pueden dar casos "en los que después de una operación que un paciente consideraba imprescindible para sí mismo, vuelva una insatisfacción por otro motivo y no se haya solucionado el sufrimiento interior de la persona". De ahí que los profesionales de la psicología recomienden que "antes de que una persona recurra a la cirugía, hable y trabaje con un profesional para conocer realmente su deseo."
Más graves son los casos protagonizados por adolescentes cuyo cuerpo no les satisface. Según el Colegio Oficial de Psicólogos de Valencia, "los padres deberían razonar con sus hijas y no dar una negativa directa, sino proponer una espera. Después, en función de la situación de angustia que sufra la adolescente, se puede volver a valorar la posibilidad de una operación estética. Pero también se puede aplacar esa angustia o esa obsesión con una psicoterapia".
En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI