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La nueva moneda exigirá que nos adaptemos a vivir en euros y a crear nuevos referentes para calcular el valor de los productos
A menos de dos meses de la llegada del euro, numerosas dudas asaltan a los consumidores sobre los cambios que la nueva moneda acarreará a su vida doméstica. El Banco Central europeo y las autoridades locales se hallan inmersos en una cuenta atrás para que los 280 millones de europeos que a partir del 1 de enero de 2002 vivirán en euros conozcan con antelación lo máximo posible sobre la nueva divisa. Es una tarea difícil, ya que resulta complicado aleccionar a ciertos sectores de la población, y todavía hay quien percibe la implantación del euro con recelo e inseguridad.
A medida que se aproxima el día euro, las campañas sobre el euro se han intensificado: nuestros buzones reciben folletos explicativos, proliferan euroconversores, se organizan iniciativas locales para simular compras con euros y se conoce más sobre cómo serán las monedas y billetes de euros y sus elementos de seguridad. Todos los esfuerzos se encaminan a trasmitir a los ciudadanos toda la información necesaria y a explicarles que los precios no variarán, aunque si la moneda que los representa.
Los precios no variarán, aunque sí la moneda que los representa
A partir del 1 de enero de 2002, el euro formará parte de nuestra vida cotidiana y aunque en un principio impere una sensación de pérdida del sentido del valor de productos y de servicios, la llegada de la nueva moneda no va a suponer una pérdida del poder adquisitivo, porque los sueldos continuarán siendo los mismos. A fin de mes cobraremos el equivalente de nuestro salario o pensión en euros. La única diferencia en la nómina será que los conceptos -salario base, horas extra, pagas extra, deducciones- vendrán en euros.
Durante los primeros días del próximo año las entidades financieras -algunas han comenzado ya- cambiarán todas la cuentas a euros, y redenominarán también en euros los sistemas de pago -cheques, tarjetas de crédito, tarjetas de débito- sin ningún cargo para el titular de los mismos.
El sector servicios participará en la campaña de concienciación de los usuarios
El coste de las actuaciones que las entidades financieras lleven a cabo para adaptarse al euro no repercutirá en los clientes. El manejo de cheques se complica, aunque por poco tiempo: durante el periodo de transición y coexistencia de las dos monedas, peseta y euro, será necesario utilizar dos chequeras diferentes, una para cada moneda. Pero no habrá problemas para hacer efectivos los cheques sea cual sea la moneda en que figuren, ya que a partir del 1 de marzo todos se cobrarán en euros, independientemente de la fecha en que fueron emitidos.
Hacienda se europeiza. De momento, sólo las empresas pueden elegir liquidar sus obligaciones con Hacienda en euros. Desde el 1 de enero de 1999 se pueden pagar en euros los impuestos y las cotizaciones a la Seguridad Social, las declaraciones del Impuesto de sociedades y el IVA. Pero a partir del 1 de enero de 2002 será obligatorio para todos los ciudadanos presentar los impuestos en euros, incluida da Declaración de la Renta de las Personas Físicas. Así, a la hora de liquidar el IRPF en mayo de 2002, habrá que traducir toda la documentación del año 2001 a euros.
Una pegatina especial de color azul situada en un lugar visible identificará a los comercios acogidos.
Una pegatina especial de color azul situada en un lugar visible identificará a los comercios acogidos al Acuerdo de Buenas Prácticas por el que se comprometen a evitar abusos durante la transición de la nueva moneda. Estos establecimientos no engañarán al consumidor, redondearán correctamente, darán los cambios siempre en euros, informarán a los consumidores, etc. Hasta el 1 de enero de 2002 los comercios son libres de indicar o no el precio de sus productos en euros y en pesetas. A partir de esa fecha será obligatorio que se reflejen los precios en las dos monedas, debiéndose indicar la cantidad en euros en un tipo de letra más grande que el precio en pesetas.
Con la llegada de las rebajas de enero, que comenzarán siete días después de la entrada en vigor de la nueva moneda, las etiquetas deberán reflejar cuatro precios correctamente redondeados: el normal y el rebajado, ambos en pesetas y en euros.
La entrada en vigor de la nueva moneda trae consigo la incertidumbre de reconocer los billetes y monedas falsos de los verdaderos y evitar engaños que, por cierto, ya se han producido. El desconocimiento generalizado del tacto, color y otras señas de identidad de los billetes de euros puede facilitar timos, estafas e, incluso, la pérdida de confianza en las autoridades monetarias. Para evitarlo, el Banco Central Europeo, junto a los bancos centrales de cada país miembro, se ha volcado en dar a conocer las medidas de seguridad monetaria sobre el euro y ha sumado a las ya habituales de cada moneda nacional otros sistemas más sofisticados.
Las medidas de seguridad adoptadas para detectar billetes falsos pueden resumirse, cara a los usuarios, en las recomendaciones del Banco de España: tocar, girar y mirar.
En España funcionan 407.396 máquinas de juego repartidas por diferentes establecimientos. Y todas deben estar preparadas para la llegada del euro. En principio, no habrá máquinas que acepten los dos tipos de moneda. Durante el periodo de coexistencia de pesetas y euros, los jugadores podrán elegir entre máquinas que acepten euros o pesetas. Cuando finalice el periodo de coexistencia, el precio mínimo de una partida en una máquina "tragaperras" será de 0.20 euros (33 pesetas). El problema de esta medida surge si se introduce una moneda de 50 céntimos. En este caso, el jugador tiene derecho a dos jugadas y los 10 céntimos restantes quedan en reserva para el jugador siguiente, pero no se devuelven. Desde la Asociación Nacional de Empresas de Máquinas Recreativas se quiere incidir en que ese pico de 10 céntimos no pasa a manos, ni del propietario, ni del dueño de la máquina, sino que queda "para el próximo juego". De esta medida quedan excluidas las "tragaperras" de Cataluña y País Vasco. En estas comunidades autónomas, los 10 céntimos dan derecho a una partida de doble o nada. En el caso de las máquinas de videojuegos, ubicadas en cibercafés, centros recreativos o grandes superficies, se ha establecido el precio en 1 euro, dada la complejidad de esta máquinas, algunas de ellas con un coste de más de 4 millones de pesetas, y puesto que en la actualidad, la mayor parte de ellas tienen un coste de 200 pesetas. En cuanto al coste del sector para modificar los monederos y toda la programación encargada de la devolución, así como toda la serigrafía de las máquinas, está por determinar de forma concreta. No obstante el cambio de estos sistemas oscila entre las 20.000 pesetas y las 120.000 pesetas, por máquina, precio que se está incrementando conforme se acerca la fecha de la entrada del euro. Para llegar a estas medidas, los empresarios de máquinas recreativas comenzaron con las reuniones profesionales ya en 1997, por eso los problemas aparecieron previamente. La Asociación Nacional de Empresas de Máquinas Recreativas, no obstante, tranquiliza a los usuarios, ya que todo este grupo de productos están sujetos a estrictas normas y a un sistema de homologación y certificación obligatorio que sólo puede conceder el fabricante, previa inspección de la Comisión Nacional de Juego que depende del Ministerio de Interior. Posteriormente cada consejería, bien de economía, o de interior, es la responsable de las inspecciones y revisiones pertinentes.
La madrugada del 1 de enero de 2002, Nochevieja, pagaremos a los taxistas en pesetas y nos devolverán en euros. Este es uno de los compromisos adquiridos por el sector con la administración. Además de este compromiso, los taxistas se han comprometido a través del Acuerdo con la Secretaría de Estado de Economía, de la Energía y de la Pequeña Empresa sobre ciertos aspectos relativos al Euro, a participar en las campañas de difusión y de introducción de la moneda.
Como grupo profesional incluido en el sector servicios tienen el compromiso de participar activamente en la campaña de concienciación y de tranquilización de la población. De este modo los más de 77.000 taxis que trabajan en España deberán devolver en Euros desde el mismo día 1 de enero de 2002, o lo que es lo mismo, en la propia celebración de la próxima Nochevieja. Pero su compromiso por facilitar las cosas a los usuarios de taxis se extiende a los sectores más vulnerables, y los taxistas han se han comprometido a extremar la atención y las explicaciones cuando se trate de personas mayores. Al mismo tiempo el sector se ha comprometido a adecuar sus taxímetros, de tal modo, que en este momento, el 75% de los taxis españoles ya cuentan con taxímetros preparados para la introducción del euro, y todos deberán estar preparados el próximo 1 de enero.
El cambio del taxímetro actual, por uno con lectura de euros, tiene un coste medio de 90.000 pesetas, que cada propietario de vehículo debe asumir. En este sentido, diferentes asociaciones autonómicas han solicitado subvenciones de, hasta el 50%, para asumir este coste. Sin embargo, por ahora ninguna administración autonómica ha respondido. Los taxímetros que ya se están incorporando poseen lectura en las dos monedas, ya que han de ser útiles hasta diciembre de 2001, durante el periodo de convivencia de las dos monedas, y finalmente, durante la única presencia del euro. Por eso desde el sector se quiere asegurar, que el cambio de la denominación no va a variar las tarifas del taxi. Según Félix Cañego, presidente de la Federación Valenciana del Taxi, "las tarifas para el años 2002, como para cada año, son oficiales y están intervenidas por la Administración. De este modo, a partir de enero de 2002 se puede producir una subida de tarifas, pero la habitual a principios de año, fruto de los incrementos de los seguros, el gasoil, la amortización del vehículo y los salarios de los conductores, pero el euro en sí y los cambios de moneda no van a provocar ninguna subida".
Para que los usuarios del taxi además sepan el valor de una carrera en las dos monedas, los taxis llevarán una tabla de equivalencias para que el usuario pueda hacer rápidamente sus cálculos. Por otro lado, está previsto que la obligatoriedad del cambio, sólo alcance hasta el billete de 20 euros (3.328 pesetas) y que el contador de los pasos realice un precio redondo.
Lo que sí preocupa a los taxistas es la cantidad de dinero en efectivo que durante los dos primeros meses va a circular por el país. Por eso, el sector está estudiando unas cajas en las que puedan llevar las dos monedas, y al mismo tiempo incrementar sus medidas de seguridad para evitar atracos. Por eso se está implantando el sistema GPS de detección rápida, mamparas, y la norma, en caso de que el cliente resulte "sospechoso" de dejarlo en un lugar público, cerca de una gasolinera, bar o cualquier establecimiento con sistema de alarma.
Las empresas de transporte público, como autobuses, ferrocarriles o metro, se han comprometido a cumplir el Código de Buenas Prácticas. Durante los dos meses en que convivirán las dos monedas, estas empresas tendrán como referencia el euro. Los usuarios adquirirán sus billetes con el precio en euros, aunque podrán adquirirlos utilizando las dos monedas. En taquilla se aceptarán euros y pesetas hasta el 28 de febrero, aunque el cambio se devolverá siempre en euros. Las máquinas expendedoras de billetes aceptarán monedas y billetes de euro a medida que sean modificadas técnicamente, proceso que debe estar totalmente concluido para el 1 de marzo del año 2002. A partir de esa fecha tanto las máquinas como las taquillas aceptarán exclusivamente euros.
Además de las medidas adoptadas de forma institucional, las autoridades monetarias sugieren que, sobre todo en los primeros días, se adopten ciertas conductas que permitan evitar los fraudes:
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