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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.
Más de la mitad de los ríos urbanos suspenden en lo ecológico, lo educativo y lo recreativo.
Sólo tres (Zadorra, en Vitoria; Arlanzón, en Burgos; y el Ebro por Logroño) superan con holgura el examen, mientras que uno (el Manzanares) aprueba apuradamente y el resto (Gualdamedina, en Málaga; el nuevo cauce del Turia, en Valencia; Besós, en Barcelona; Urumea; en San Sebastián; Arga, en Pamplona; Guadalquivir, en Sevilla y la ría de Bilbao) suspenden.
Los ríos, a lo largo de la historia de la humanidad, se han utilizado como fuente de agua potable y alimento, como de agua de riego, como sistema de producción de energía, como medio de transporte, como opción de ocio y turismo, y también como destinatario del vertido de residuos domésticos, agrícolas e industriales.
Las conclusiones son poco alentadoras y demuestran que queda aún mucho por hacer para que los ríos en sus tramos urbanos sean respetados como ecosistemas vulnerables que son, y para que se explote adecuada y suficientemente su potencialidad educativa y recreativa. Sólo tres (Zadorra, en Vitoria; Arlanzón, en Burgos; y el Ebro por Logroño) superan con holgura el examen, mientras que uno (el Manzanares) aprueba apuradamente y el resto suspenden. Cuatro ríos, incluso, suspenden clamorosamente. Son, de peor a mejor: Guadalmedina, en Málaga; y el nuevo cauce del Turia, en Valencia; Besós, en Barcelona; y Urumea, en San Sebastián. En tierra de nadie, Arga (Pamplona), Guadalquivir (Sevilla) y la ría de Bilbao tampoco aprueban pero, al menos, obtienen entre 4 y 4,5 puntos en la calificación global. Y sólo uno, el Arlanzón, aprueba los cuatro apartados. El único bloque con calificaciones aceptables es la calidad del agua, con sólo tres ríos suspendidos si bien en otros dos (el nuevo cauce del Turia y Guadalmedina) no procedía la comparación al no contener agua su cauce. El aspecto más crítico es, precisamente, el más importante de los cuatro: el estado de conservación de las riberas, en el que ocho ríos no alcanzan el aprobado y la media de los doce es asimismo un suspenso. Otro tanto ocurre con el uso educativo del río como recurso pedagógico y didáctico. En cuanto a los usos recreativos mediante instalaciones y equipamientos destinados al ocio de los ciudadanos, la situación es mejor (media aceptable), pero cinco ríos suspenden si bien en otros tantos la valoración es muy positiva.
Se deberían congeniar las necesidades de la ciudad y el uso recreativo del río en sus tramos urbanos con la protección de este ecosistema tan delicado
Un equipo de biólogos especialistas en temas ambientales y gestión del medio natural visitó las 12 ciudades y analizó el trato que nuestras urbes proporcionan a los ríos que por ellas discurren. Se pretendía evaluar el comportamiento del conjunto de la ciudad con este ecosistema que la atraviesa. Se averiguó hasta qué punto las instituciones municipales y de otras titularidades, y los propios ciudadanos, cuidan de un ambiente tan delicado como el de un curso fluvial. Se remitió a los ayuntamientos y otras instancias competentes en la materia un cuestionario sobre información del río y su ribera, que no era posible conseguir por otros medios. Posteriormente, se efectuó una visita de campo en la que el equipo de biólogos recorrió el tramo del río que discurre por cada ciudad, rellenando un segundo cuestionario. Con todos los datos recopilados, se elaboró el informe de cada río y, para llegar a la calificación final de cada uno se aplicó este sistema de ponderación: el trato a la calidad de agua representa un 20% de la nota final; el estado de conservación de las riberas, el que más, un 50%; los usos recreativos y de ocio del río valen un 10% y, por último, la utilización del río para educar sobre temas medioambientales, un 20%. En los ríos de las ciudades cuyos ayuntamientos y otras autoridades competentes no facilitaron datos (a pesar de la reiterada insistencia de los técnicos de esta revista, y del amplio plazo concedido para el envío de la información), la no disponibilidad de este material se ha interpretado como inexistencia de iniciativas en el ámbito de que se tratara. Por ejemplo, seis ayuntamientos no facilitaron información sobre programas de educación ambiental en los ríos. Pues bien, a efectos de valoración, estas ciudades no desarrollan programas educativos en ese río.
Este bloque tiene en cuenta las menciones especiales acerca de las aguas residuales en el POU (Plan de Ordenación Urbanística), las políticas municipales para mejorar la calidad de las aguas vertidas al río, los programas de seguimiento de la calidad del agua del río a su paso por la ciudad, y la funcionalidad de los sistemas de depuración de aguas. Se recogieron también muestras de agua para analizar los cambios que el agua del río sufre tras su paso por la ciudad en cuanto a dos parámetros químicos, DBO (demanda biológica de oxígeno) y DQO (demanda química de oxígeno), que indican la contaminación orgánica del agua.
Los mejores ríos en el trato que recibe el agua fluvial fueron el Zadorra (Vitoria), Arlanzón (Burgos) y Ebro (Logroño). Y los peores, Arga (Pamplona) y Besós (Barcelona), únicos con suspenso. El nuevo cauce del Turia (Valencia) y Guadalmedina (Málaga), al no tener agua, no fueron evaluados en este apartado que, por cierto, es el que mejores resultados deparó, con una media de "bien" en los diez ríos analizados. Lo más mejorable es la mención de los vertidos de aguas en el Plan de Ordenación Urbana (POU) y los sistemas de depuración de aguas. Los análisis del agua recogida a la entrada y salida del río ofrecieron resultados aceptables, con sólo dos suspensos: la ría de Bilbao y el Besós de Barcelona. Y se evaluó positivamente (con excepciones), el esfuerzo para mejorar la calidad de las aguas vertidas a los ríos.
En la mayoría de los casos, el paso por la ciudad apenas contamina el agua de los ríos
Este apartado es el más importante, no en vano supone el 50% de la calificación de cada río. En él se evalúa el estado de conservación de las riberas en cuanto a calidad del ecosistema fluvial. Para ello, se recogió información sobre la mención a protección de ríos y riberas en el POU, las políticas municipales para favorecer iniciativas de mejora y restauración de riberas, la existencia de figuras de protección de algún tramo de ribera dentro de la ciudad, el respeto a las márgenes y al DPH (Dominio Público Hidráulico), la conservación de la morfología del cauce y del régimen de caudales, el estado de conservación de la vegetación espontánea del río y la ribera, de la conectividad entre cauce y ribera y la continuidad del corredor fluvial, el grado de conocimiento de las cenosis (comunidades vivas, vegetación y fauna) del río por parte del ayuntamiento, la existencia de catálogos municipales de especies y biotopos de la ciudad, la presencia de especies animales o vegetales amenazadas y el estado de las orillas: permeabilidad para la fauna, acceso de paseantes, presencia de basuras). Las mejores riberas se vieron en el Zadorra y el Ebro, excelentes; y las peores, en el nuevo cauce del Turia y Guadalmedina, muy deficientes. Las riberas de nuestros ríos, desde una perspectiva medioambiental, requieren intervención urgente: 8 de los 12 ríos suspenden. Los otros dos que aprueban son el Arlanzón y el Arga. Los aspectos más críticos son la conservación de la morfología del trazado del río (sólo tres aprueban), la existencia de comunidades de animales invertebrados y de especies amenazadas y la permeabilidad de las orillas a la fauna. El único aspecto con aprobado casi general fue el de la limpieza: sólo se detectaron basuras en las orillas del Guadalmedina.
En este apartado, que supone el 10% de la calificación de cada río, se valora la existencia de zonas de ocio y esparcimiento en la orilla y ribera del río, la no repercusión del tráfico rodado en las actividades recreativas, la existencia de zonas verdes, el grado de limpieza y la existencia y grado de conservación del mobiliario de ocio. A pesar de que cinco suspenden, cuatro (Arlanzón, Manzanares, Zadorra y Ebro) obtienen una puntuación excelente y uno (Arga), muy buena. Los peores fueron el nuevo cauce del Turia y el Guadalmedina. El aspecto más crítico es la existencia de instalaciones de ocio, que brilla por su ausencia en cinco ríos. También destaca negativamente que en cinco ríos, el tráfico rodado queda cerca de las zonas de ocio de las riberas. En limpieza de estas zoans, sólo dos suspenden. Y en cuanto zonas verdes, la situación es mediocre: tres de los doce ríos suspenden y sólo cuatro alcanzan el bien.
Se valoran los usos educativos del río y la ribera en función de las menciones en el POU acerca de programas de educación ambiental, la colaboración (financiación, promoción o participación) en campañas, programas o proyectos de educación ambiental en los últimos cuatro años, la información sobre especies y ambientes disponible al público in situ en el área del río y la existencia de material educativo editado para la visita o realización de campañas, actividades o programas de educación ambiental. Es este un bloque importante (computa el 20% en la calificación de cada río), porque el uso educativo del río, además de sus efectos didácticos intrínsecamente positivos, puede impulsar la concienciación ciudadana y animar a ayuntamientos e instituciones para preservar el ecosistema. Pero el uso de las posibilidades educativas del río es muy escaso. La nota media es un nítido suspenso, únicamente cuatro aprueban y sólo uno (el Arlanzón) llega al notable. El Manzanares y la ría de Bilbao consiguen un bien y el Guadalquivir se queda en un aprobado. Los peores son el Arga, el Besós, el Guadalmedina y el nuevo cauce del Turia. Lo menos trabajado son los programas de educación ambiental y la información que in situ ofrecen los ríos al ciudadano: sólo aprueban la ría de Bilbao y el Guadalquivir.
Los biólogos anotaron, en sus visitas de campo, observaciones de interés sobre algunos ríos.
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