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Se espera que la llegada de la nueva moneda acerque definitivamente nuestra economía a la de los 12 países que hoy configuran la zona euro
El euro, la moneda que a partir del uno de enero del año 2002 entrará definitivamente a formar parte de la vida económica y social de los países que constituyen la Unión Monetaria Europea, cambiará, y mucho, la actual situación económica de cada país miembro.
A menos de tres meses de la implantación definitiva del euro, y según datos del último Eurobarómetro realizado por la Unión Europea, sólo el 33% de las empresas encuestadas declara que no ha comenzado la adaptación al euro. Entre los consumidores, según la misma encuesta, todavía existe un notorio desconocimiento de las monedas y de su valor. Y es que a pesar de las campañas de información desarrolladas por los gobiernos de cada país para facilitar la implantación del euro, los habitantes de Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal todavía desconfían algo del euro y de sus consecuencias.
Del 1 de enero al 28 de febrero de 2002 se podrán usar pesetas y euros, pero desde marzo sólo circularán euros
Llegados a este punto, no está de más recordar que los motivos que han motivado a once países de la Unión Europea, entre ellos España, a unificar sus monedas y convertir el euro en su divisa común, se centran principalmente en las ventajas que a medio y largo plazo obtendrán tanto los consumidores como las empresas. En una Europa cada vez más unida, han aumentado considerablemente tanto los intercambios comerciales como las relaciones entre ciudadanos de diferentes estados. Eliminar la barrera de la moneda supone simplificar el libre tránsito de mercancías, de ciudadanos y de capitales, uno de los puntos clave de la Unión.
El proceso de cambio no sólo implica un cambio en la mentalidad de los europeos. También acarrea un importante problema logístico: retirar las monedas nacionales y poner en circulación nuevos billetes y monedas. Si todo sale según lo previsto, el 1 de enero de 2002 los bancos centrales europeos habrán distribuido entre 291 millones de personas nada menos que 16.000 millones de billetes y 50.000 millones de monedas. Otra cuestión que las autoridades de cada país debe resolver es qué hacer con la moneda y los billetes que se retiren. En España se va a proceder de dos formas diferentes. Los billetes, por su peculiar composición, se someterán a un proceso de verificación y recuento, y de momento se desconoce si se destruirán o se reciclarán. Las monedas obligan a un tratamiento más complejo, ya que están compuestas por una aleación de tres materiales, elegidos en su día por la dificultad y complejidad en su obtención. Esta combinación, que dificulta su falsificación, se revela ahora como una complicación para su fundición y tratamiento.
Con la retirada de la peseta, en nuestro país entrarán en funcionamiento monedas por importe de 2 euros, 1 euro, 50 céntimos, 20 céntimos, 10 céntimos, 5 céntimos, 2 céntimos y 1 céntimo. En cuanto a los billetes, los habrá por valor de 5 euros, 10 euros, 20 euros, 50 euros, 100 euros, 200 euros y 500 euros. Sin embargo, los cajeros automáticos sólo ofrecerán billetes de 10, 20 y 50 euros, dado el elevado valor del resto de los billetes.
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