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Montxo Armendáriz, Director de cine: "Hemos de apreciar las películas por su valor cinematográfico y no por su presupuesto"

Ama el cine. Le emocionaba ver películas sentado en las duras butacas de los cines de Pamplona hasta que decidió que él quería contar sus propias historias. Abandonó su carrera docente y se anticipó en la búsqueda de sí mismo, tal y como hiciera el personaje encarnado por John Wayne en la película de su admirado John Ford.

  Sean Thornton era El hombre tranquilo en una Irlanda rural, y Montxo Armendáriz lo podría ser del cine español del momento. A través de sus películas, este autor se nos muestra sincero, profundo y cotidiano. No repite historias, más bien las enfrenta, pero las seis que ha filmado comparten un sello inconfundible: buscan que el espectador se reconozca en ellas y disfrute con lo que se le está contando. Reconoce Armendáriz que dirigir le sirve como terapia de diván y que en sus películas vuelca su forma de entender la vida, sus fantasmas y sentimientos. El carbonero de Tasio (1986), los jóvenes toxicómanos de 27 horas (1986), el emigrante de Las Cartas de Alou (1990), los adolescentes urbanos de Historias del Kronen (1994), el niño de Secretos del Corazón (1997) y los maquis de Silencio Roto (2001, su último film) comparten una misma lírica narrativa. Son protagonistas de pequeños fragmentos de la vida, de historias contadas con sencillez, cercanía y cariño; sin prejuicios y a la vez con elegancia y sutileza, remarcando los matices y evitando imponer puntos de vista al espectador. Es un cine abierto, que habla de sentimientos, pero sin olvidar las circunstancias sociales en que se mueven, y a veces naufragan, unos personajes embarcados en historias tan poco espectaculares como dolorosamente humanas.

Montxo Armendáriz habla con CONSUMER pocos días antes de recogerse en la soledad creativa para escribir el guión de su próximo film. Reconoce el mérito de las grandes películas de antaño pero entiende el cine como "una expresión del momento"; defiende la necesidad de ver las películas en su lengua original "el doblaje altera sustancialmente la obra", y comparte el mérito de su trabajo: "una película es el resultado del esfuerzo y el trabajo de todo un equipo". Es un autor muy reconocido: acapara doce premios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Especial de Oro a la mejor opera prima por Tasio en el Festival de Chicago de 1984; la Concha de Plata a la Mejor Película por 27 horas en el Festival de Cine de San Sebastián de 1986; el Goya al mejor guión y Concha de Oro a la mejor película por Las cartas de Alou en 1990; Goya al mejor guión adaptado por Historias del Kronen en 1995; y la nominación al Oscar a la Mejor Película Extranjera por Secretos del Corazón.

A pesar de que su cine no se ajusta a ningún género, la temática que aborda en sus películas deja traslucir un hilo conductor: la cotidianeidad de la vida, la infrahistoria que diría Unamuno. ¿Todavía interesan al público las pequeñas historias?

Siempre han interesado al público, porque en ellas se reconoce e identifica. En las grandes producciones, el espectador puede disfrutar con el riesgo, las aventuras o problemas de los protagonistas, pero es en las historias pequeñas, cotidianas, donde ve reflejadas sus vivencias e ilusiones y, por lo tanto, este tipo de narraciones tienen y tendrán un público que las demande. Estas películas son las que me han hecho emocionarme y amar el cine, y las que me han alentado para contar historias de personajes cercanos y reconocibles de mi entorno.

Es usted un pamplonés que se pone a rodar, a contar historias a través del cine, ¿entraba en sus cálculos llegar a Hollywood, como sucedió con Secretos del Corazón?

Cuando ruedo una película no lo hago para se vea en América. Uno trata de hacer lo que le emociona y seduce, con la esperanza de que el espectador sea cómplice de una historia que a a su vez lo seduzca y emocione. Cuando esto se consigue, da igual dónde suceda la historia, porque a todos nos mueven las mismas cosas: el amor, la ambición, etc... comunes a cualquier ser humano.

¿Es posible hoy rodar una película con bajo presupuesto que tenga éxito?

Gracias al vídeo digital, se pueden rodar películas con muy bajo presupuesto. En este sentido, resulta paradójico que podamos encontrar en nuestras pantallas las producciones más caras de la historia del cine y las más baratas. Pero es muy difícil competir con los grandes presupuestos de marketing y promoción de las superproducciones, y son éstas las que más espectadores llevan al cine. Ahora bien, siempre hay películas hechas con cuatro duros, como Full Monty o Nacional 7, que gozan del respaldo del público y confirman que se necesita algo más que dinero para hacer buen cine.

En nuestro país apenas se pueden ver películas en versión original...

El doblaje altera sustancialmente el contenido de una película, porque cambia uno de sus principales elementos: la voz de los personajes, su timbre, la cadencia de las frases y de los diálogos. La interpretación de un personaje depende no sólo de lo que dice, sino de cómo lo dice. Y con el doblaje se escamotea esta peculiaridad interpretativa. En nuestro país, la práctica del doblaje, desde que se instituyó como una forma de controlar y censurar los contenidos ideológicos de las películas en la época franquista, se ha convertido en una necesidad para cualquier film que quiera acceder al gran público. Y los criterios de mercado se imponen a cualquier otra consideración. Los espectadores están habituados a las películas dobladas y cambiar esta costumbre es muy complicado. En países como Portugal ocurre lo contrario: la gente está habituada a ver las películas subtituladas, tanto en cine como en TV.

¿Las grandes producciones americanas forman parte del Séptimo Arte o son sólo una industria más?

No es el dinero lo que determina la calidad cinematográfica de una película. Algunas superproducciones son magníficas películas, como Doctor Zivago o Salvar al soldado Ryan y algunas películas de bajo coste no superan los mínimos profesionales. Y muchas películas de presupuesto medio o bajo se hacen sólo con fines comerciales. Por tanto, creo que hay que considerar las películas en función de su valor cinematográfico y no de su coste.

"Ya no se hacen películas como antes". ¿Estamos ante otro tópico o hay algo de cierto en esa aseveración tan habitual en los críticos especializados ?

Es un tópico. Las películas, como la literatura, la música, etc... son el resultado de una época, y de una forma de pensar y vivir de quienes hacen las películas en esa época. La inmovilidad, el estancamiento, es lo peor que nos puede suceder en cualquier parcela de la vida. El cine, para mantenerse vivo, debe cambiar y modificarse al igual que lo hacemos las personas. La añoranza de tiempos mejores, tanto en el cine como en lo personal, es una forma de evadirse y no afrontar el presente en que a uno le ha tocado vivir. Otra cosa es la valoración de épocas, movimientos o cineastas, cuyo trabajo es un referente en la historia del cine.

Hay películas pensadas para Internet, y otras rodadas para la TV. Y algunas series televisivas son pequeñas películas. ¿Resultan válidos los nuevos medios para el arte cinematográfico o pertenecen a otro género distinto?

Las nuevas tecnologías y sistemas de distribución audiovisual están en continuo cambio, y su utilización e implantación dependerá de muchos factores. Todo el mundo coincide en señalar que Internet y la TV por cable serán la base de las comunicaciones, pero nadie se atreve a pronosticar cómo van a ser. No me preocupa el soporte que se utilice para contar una historia, cualquiera es válido si la historia merece la pena.

Se defiende la necesidad de subvencionar el cine europeo o establecer cuotas de pantalla para protegerlo frente a la industria estadounidense. ¿Qué opina al respecto?

Si queremos tener una cinematografía propia hay que buscar los medios para asentarla y para apoyarla frente al cine americano. No se puede hablar de libertad de mercado y de libertad de elección del espectador cuando hay películas americanas cuya campaña de promoción cuesta dos y tres veces el presupuesto total de una película española. Es la ley del más fuerte, y si no se ponen los medios adecuados nuestra cinematografía desaparecerá.

¿Qué le siguiere la sustitución de las grandes y tradicionales salas por los multicines?

Este salto responde a una adecuación a los tiempos actuales, a una forma distinta de contemplar el cine, y creo que ha sido acertado, ya que las grandes salas de cine no responden al tipo de demanda cinematográfica que existe hoy.

¿Cómo es el proceso de creación de una de sus películas?

Es complejo y depende de cada película. El director cuenta con un equipo de profesionales que plantean y presentan sus propuestas en localizaciones, vestuario, fotografía, decoración, música, etc... Una película es el resultado del trabajo de todo un equipo de técnicos y actores-actrices, y la misión del director es encauzar el trabajo de todos ellos en función de las necesidades de la película, ya que es el responsable del resultado final.


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