Saltar el menú de navegación e ir al contenido
Otoño puede ser un buen momento para lavar la cara a nuestra casa. Las condiciones climatológicas acompañan -se puede airear las salas sin pasar frío ni calor- y el ambiente todavía no es húmedo
Una vez decididos a cambiar el color de las paredes, fundamentalmente tenemos dos opciones: contratar a un profesional o intentarlo nosotros mismos. Si se requieren los servicios de un pintor tendremos casi garantizado un trabajo bien hecho pero nos supondrá un gasto en torno a las 170.000 pesetas para una casa-tipo de 90 metros cuadrados, siempre que no se requieran reparaciones en la pared y se opte por pinturas estándares. Si nos decidimos a pintar nosotros mismos, calculemos unos gastos de equipo de 15.000 pesetas, y por cada 20 metros cuadrados pensemos en 3 litros de pintura (a unas 1.000 pesetas el litro) para cada una de las dos manos. Es decir, gastaremos (además de tiempo, naturalmente) unas 42.000 pesetas, con lo que el ahorro se situará en torno a las 125.000 pesetas.
Para que todo resulte más fácil y práctico, conviene aprovisionarse de los siguientes utensilios: escaleras, una cinta de enmascarar (400 pesetas el rollo), paños (para cubrir accesorios fijos que no se pueden pintar), espátulas (500 pesetas), lijas (100 pesetas), removedor (500 pesetas), necesarios para eliminar la pintura anterior; pinceles de, al menos, tres tamaños diferentes, bien de cerdas sintéticas o de cerdas naturales (más costosos, duran más) que cuestan desde 200 hasta 1.300 pesetas cada uno; rodillos (700 pesetas) para cubrir grandes superficies, paredes y techos; y por último, los recipientes. Si trabajamos con rodillo necesitaremos una bandeja (400 pesetas), si son pinceles y realizamos mezclas, requeriremos recipientes secundarios. Si ofrecen la posibilidad de cerrarse herméticamente, mejor: nos permitirán guardar la pintura para continuar trabajando más tarde con la misma mezcla.
Si no se es un experto, conviene dejarse aconsejar antes de elegir el tipo de pintura, que habrá de adecuarse a la superficie y el acabado que se pretenden. El color depende de gustos, pero proceda de una cartilla comercial, o adquiriendo los tonos necesarios que se vayan a mezclar, las posibilidades son numerosísimas, y hay que pensarlo bien. Los colores de las cartillas comerciales se exponen en pequeñas muestras, que llevadas a la realidad tienden a parecer más fuertes y agresivas, con lo que si se quiere un amarillo vainilla, más vale que su aspecto en el bote sea de un amarillo más claro. Además, la tonalidad de cada color cambia de acuerdo con la luz natural o artificial. Para calcular las cantidades necesarias, hay que medir el ancho y alto de las superficies a pintar, sin excluir las aberturas. Conviene consultar con el proveedor cuántos metros cubre cada litro de la pintura seleccionada, y cuántas manos deben aplicarse para un óptimo resultado.
Antes de comenzar con las tareas de pintura, conviene aspirar el ambiente y aislar las salas de corrientes de aire que puedan introducir partículas volátiles; de otra manera, quedarán adheridas a la pintura húmeda. La mejor manera de ponernos a pintar es: Primer paso: Comenzar pintando el techo. Se puede dar todas las manos que se requieran antes de pasar a las paredes. Segundo paso: Seguir con las paredes, comenzando por el ángulo derecho superior de una pared. Hay que pintarla íntegramente hasta terminar con todo un plano antes de pasar al siguiente. Todas las manos de pintura que se den habrá de llevar en el mismo orden. Tercer paso:Las puertas y ventanas. No hay que olvidar nunca enmascarar las partes que están en contacto con los marcos y que no desea pintar (vidrios, bisagras y herrajes, etc.). Cuarto paso: Pintar los zócalos, cubriendo el ángulo en contacto con el piso, para que no se manche.
Si por el contrario, se prefiere dejar la limpieza de cara de la casa en manos de un profesional, debemos tener en cuenta algunas cosas. Los dos criterios para fijar el precio son el número de metros cuadrados a pintar y la calidad de la pintura, que puede encarecer, aunque normalmente no en demasía, el trabajo. Un hogar de 90 metros cuadrados tendrá un coste aproximado de 170.000 pesetas y el trabajo de los pintores se prolongará durante 3 días. Con las pinturas actuales, lo habitual es que no se nos exija abandonar la casa ninguna noche, ya que la metodología del trabajo permite dejar habitaciones libres. Sí es aconsejable facilitar, en la medida de lo posible, la labor de los profesionales, apartando muebles o descolgando cuadros, ya que el tiempo se reducirá sustancialmente y con ello las horas en la factura.
Después de pintar la casa podemos no limitarnos a depositar los recipientes y utensilios en el contenedor adecuado. Mientras se pinta y cuando se acaba de hacerlo bien merece la pena intentar respetar el medio ambiente, hay que tener en cuenta que los materiales son muy tóxicos y nunca biodegradables. Un buen sistema para hacerlo es utilizar siempre dos recipientes en que se lavan primero las brochas, botes y otros equipos, para después enjuagarlos. Sirve para todas las pinturas de agua y solvente, y las de aceite. Hay que tener presente que con el lógico movimiento de los recipientes, los sólidos en la pintura se separan del líquido, haciendo más fácil disponer de cada componente.
Se siguen los mismos procedimientos en cuanto a las pinturas a base de agua, pero con estas excepciones:
En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI