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Seguridad en zonas de baño: Nunca es suficiente

Picaduras, mordeduras...

Medusas.

El contacto de las medusas con nuestra piel causa lesiones en forma de edema o gran inflamación, junto con una sensación de intenso picor. Posteriormente se forman unas vesículas de coloración violáceo muy dolorosas. Esas picaduras se infectan con facilidad, por lo que se deben tratar adecuadamente. Tras lavar la zona afectada con amoniaco o alcohol, un analgésico calmará el dolor y una pomada antihistamínica aliviará el picor y la hinchazón. Si el cuadro alérgico se agrava, hay que consultar inmediatamente con un médico.

Erizos de mar.

Los erizos de las costas españolas no son venenosos. El principal inconveniente de las lesiones causadas por erizos radica en la fragilidad de la punta de sus púas, ya que una vez dentro de la piel se parten y se quedan incrustadas. Ante una lesión causada por uno de esto animales marinos, no se debe apoyar el pie en el suelo para evitar que la espina se rompa, y si no lo ha hecho ya, para que duela menos. Tras desinfectar la zona, se han de extraer las púas con unas pinzas de punta estrecha, ya que de lo contrario pueden provocar una infección en la piel afectada. En tal caso, se debe acudir al médico para la cura adecuada de la herida y la posible administración de antibióticos.

Arañas de mar.

En nuestras costas existen varios tipos, aunque la más habitual es la araña pequeña (también llamada víbora del mar), que pica a los bañistas que la pisan sin que éstos se percaten de ello. Su veneno es dañino para el sistema nervioso y causa un gran dolor en la zona afectada, además de una inflamación que se extiende por toda la extremidad (brazo o pierna) donde se localiza la picadura y que puede durar varios días. Los síntomas alcanzan el máximo punto de dolor a los 60-90 minutos. La picadura puede necrosarse (muerte del tejido) y sobreinfectarse con gérmenes.

Su veneno es termolábil, se destruye con el calor, por tanto el mejor tratamiento consiste en sumergir la zona afectada en agua muy caliente durante 60-90 minutos, además de tomar analgésicos para el dolor, antihistamínicos para el picor y corticoides para la inflamación.

Anfibios: salamandra y sapos.

La salamandra común y muchas variedades de sapos (sapo verde, sapo común, ranita de San Antonio), son habituales en España.

Su piel secreta una sustancia tóxica y muy irritante, por lo que se deben lavar las manos tras tocar a uno de ellos. Al entrar en contacto con la piel o mucosas, se produce una mucositis o inflamación de las mucosas afectadas, o una conjuntivitis si se afecta la conjuntiva del ojo. Si se ingiere esa sustancia accidentalmente, aparece un cuadro que consiste en náuseas, vómitos, dolor abdominal y, en los casos severos, hipotensión, bradicardia y síndrome confusional.

El tratamiento consiste en lavar con abundante agua la zona de contacto. Hay antídotos, como la atripona.

Problemas en el agua

Corte de digestión.

Se trata de un shock provocado por la diferencia térmica entre el cuerpo de la persona y las frías aguas de mares, ríos o piscinas. Practicar ejercicio intenso, sudar abundantemente o exponerse al sol, cuando éstos tienen lugar antes del baño, son factores que favorecen el corte de digestión. Pero es durante la digestión cuando el proceso se agrava, porque una parte importante de la sangre circula por el estómago y los intestinos en detrimento del riego sanguíneo de otros órganos. Para evitarlo, báñese una o dos horas después de las comidas, entre progresivamente en el agua para habituar al organismo a la nueva temperatura y evite las bebidas muy frías y los ejercicios violentos antes del baño.

Tragar agua.

Cuando alguien ingiere una buena cantidad de agua en el mar, en un río o en la piscina, para ayudarle hay que recostarle boca abajo y propinarle unos golpecitos secos en la espalda. Si la víctima tose o siente náuseas, es conveniente provocarle el vómito para que elimine todo el líquido ingerido. Si el afectado no reacciona, debe ser conducido de inmediato a un puesto de socorro.

Calambres musculares.

Constituyen un auténtico peligro para el nadador, ya que el espasmo doloroso deja sin control los músculos afectados y dificulta mantenerse a a flote. Al primer síntoma debemos dirigirnos hacia la orilla sin forzar el músculo y ejerciendo presión con una mano o con la otra pierna, para intentar frenar el espasmo.

Los calambres se alivian estirando el músculo hacia delante, mientras se flota haciendo el muerto, y llevando hacia nosotros la pierna o el brazo afectados.

Se recomienda, a quien sufre calambres habitualmente, la toma regular de sal y magnesio.

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