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Tras los excesos en gastos que caracterizan la Navidad y las rebajas, la economía familiar quieta resentida, si no exhausta. Y es entonces cuándo, instados por la urgencia y con el lapis en la mano, nos vemos obligados a reducir los gastos.
No hay fórmulas mágicas para gastar menos, pero nos será más fácil si reducimos el consumo de energía y contratamos tarifas económicas telefónicas, eléctricas o de gas. También podemos ahorrar si obtenemos el máximo rendimiento a nuestro consumo de agua, gas y electricidad, adaptando los hogares: acumuladores, uso de bombillas de bajo consumo, termostatos, burletes para puertas y ventanas... Otra fuente de gastos susceptible de intervención es la cesta de la compra: si pensamos mejor la lista y adquirimos sólo lo que necesitamos y buscando el mejor precio, podremos ahorrar un dinero.
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