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Suelos para la vivienda: El suelo, lo último a hacer pero no lo menos importante

Una vivienda, o cualquier espacio habitable, no está terminada hasta que se ha colocado el suelo. En la zona mediterránea se inclinan por la cerámica, que se va introduciendo paulatinamente también en otras latitudes, pero la madera sigue siendo el material noble preferido en gran parte de la Península ya que ofrece calidez a los interiores, resulta eficaz como aislante y tiene garantía de perdurabilidad.

  Se aconseja que el suelo sea lo último en colocar en una vivienda, tienda u oficina cara a evitar que, durante las diversas obras de los gremios, se estropee antes de ser estrenado. Popularmente, se denomina parqué a todos los suelos de madera, pero se distinguen tres grandes grupos con características propias: la tarima, el parqué flotante y el parqué pegado. Todos ellos son por lo general de roble de origen francés, pirenáico o sueco, aunque en los últimos años el mercado acoge a otros colores y materiales como haya, cerezo, fresno, arce o castaño.

La diferencia de unos y otros estriba en la calidad, el precio (la horquilla de precio es enorme, de 4.000 a 12.000 pesetas el metro cuadrado según el tipo de madera) y la estructura, que determinarán también el tiempo de conservación del suelo.

Tarima, un clásico

En la tarima, las maderas no entran en contacto directo con el suelo. Es la estructura más tradicional y antigua, y se puede encontrar en viejos caseríos o en edificios de los cascos antiguos de las ciudades. Las piezas, que se clavan sobre rastreles, son largas y gruesas y se colocan una a una y machiembradas entre sí. La colocación es una operación costosa, ya que a pesar de que la tarima no precisa una base perfectamente lisa -la solera se adapta hasta conseguir una completa horizontalidad- se requiere necesario mucho tiempo para instalarla.

La ventaja de este suelo es que dura mucho, porque los tablones son siempre de primera calidad y aunque se deba lijar para recuperar el aspecto perdido por el paso del tiempo, el grosor permite que no sufra un desgaste perceptible. Además, la cámara de aire que queda entre el suelo y la solera favorece la ventilación y controla los excesos de humedad que perjudican a la madera.

Parqué pegado

Tuvo una implantación masiva en las construcciones de hace tres décadas y desde hace unos años vive una época de recesión en ventas. Son láminas de madera que se adhieren al cemento con una cola especial de carpintero. Para que el terminado sea satisfactorio, el suelo ha de estar perfectamente nivelado. La estética de este tipo de estructura es muy atractiva, ya que permite diversos dibujos y alternancia en las gamas de colores. Si el parqué pegado es de buena calidad, aguanta sin temor los lijados. Debe controlarse la humedad, para el parque no se vea dañado.

Parqués flotantes, mejor calidad y acabado

Este tipo de suelo es el más común en las viviendas de reciente construcción. Son piezas de madera largas que no se pegan ni se clavan al suelo, sino que se apoyan sobre una membrana de neopreno. Se encola el machiembrado o se unen con las otras mediante autotrabado o clips metálicos. La gran ventaja del parqué flotante es su calidad y acabado, puesto que se compone de piezas que ya han sido barnizadas y pegadas en los talleres con tecnología de precisión.

Resultan muy apropiadas para rehabilitaciones, sobre pavimentos existentes o para lugares de mucho tránsito, ya que el material puede recuperarse fácilmente. Hay un tipo de parqué flotante que no es madera pero la simula, que se ve con frecuencia en comercios y oficinas, lugares en que la vida del suelo tiene menos importancia que en un hogar. Es más económico, pero no puede restaurarse: cuando se estropea hay que cambiarlo.

La colocación y precios

El precio de los materiales depende de su calidad, que viene dada por las vetas agradables, los colores y las texturas. Cuando la madera presenta muchos nudos, sus vetas son irregulares y su estética es pobre feos (defectos de color o de textura) se califica de tercera calidad. La pista de que nos hallamos ante parqué de segunda calidad son algunos nudos o pequeños defectos. En Primera, la madera debe presentarse limpia y regular, nunca con nudos.

En tarimas, el roble siempre es Primera y su precio asciende a 10.000 pesetas el metro cuadrado. Para economizar, se opta habitualmente por tarimas de pino o castaño, árboles que siempre presentan nudos aunque su madera sea de calidad. El parqué pegado siempre es Primera cuando las láminas son de gran tamaño y su precio se estima de unas 7.000 pesetas el metro cuadrado colocado (barnizado y lijado incluidos). En medidas más pequeñas podemos encontrar otras calidades, y el precio se queda en unas 4.000 pesetas el metro cuadrado. En parqué flotante, los precios se inician en 6.000 pesetas el metro cuadrado y pueden llegar a las 12.000 si se opta por una calidad superior y grandes piezas de tablas. No se lija ni se barniza, ya que se coloca acabado.

El tiempo de colocación de cualquier parqué dependerá, lógicamente, del espacio a cubrir y de la estructura elegida, ya que no es lo mismo un parqué flotante que uno pegado y, mucho menos aún, que una tarima. El profesional precisará de al menos un día entero para cubrir 60 metros cuadrados de parqué flotante, siempre que la casa esté despejada de mobiliario. Para el parqué pegado son necesarios dos días de colocación, y el trabajo se demora hasta una semana si se trata de instalar tarima.

Restaurar y cuidar los suelos

Otra etapa fundamental en una buena restauración del suelo es el barnizado. Si se quiere lograr una buena presencia, son necesarias al menos dos capas de barniz. El barniz tipo poliuretano ofrece mucha calidad y tolera bien las humedades y el agua. Lijar y barnizar un suelo, independientemente de cuál se trate, es una operación bastante cara: unas 2.000 pesetas el metro cuadrado.

Fabricantes y colocadores coinciden en afirmar que el peor peligro al que se enfrentan los suelos de madera son los métodos de limpieza que se le aplican. Lo mejor para limpiar sigue siendo el agua con vinagre. Hay que tener cuidado con los productos químicos que embellecen de manera temporal y a la larga pueden producir un efecto corrosivo en el suelo.

Por otro lado, la explotación de la madera genera un cierto impacto ambiental pero el usuario sensibilizado con el deterioro ecológico puede poner su granito de arena asegurándose de que la madera proviene de explotaciones sostenibles, con sellos de calidad que lo acrediten para evitar la deforestación y la comercialización de madera ilegal.

Los suelos de cerámica están suscitando cada año que pasa una mayor aceptación. Se habla ya de igualdad de producción entre Italia, líder mundial, y España, los precios en materiales de gran calidad se han reducido y, además, ahora se pueden producir series reducidas de suelos de porcelana que se adecuan a sitios pequeños, con lo que se personaliza el producto. A veces, la cerámica se coloca en las plantas bajas de los chalés adosados, ya que la vida de entrada desde la calle o jardín ensucia más los suelos, y la madera se reserva para los pisos superiores donde se ubican los dormitorios.

Los suelos de cerámica no se componen de baldosas, sino de gres. El tradicional es el gres rústico, apto para todos los suelos aunque recientemente ha aparecido un nuevo tipo de gres porcelánico, muy atractivo ya que se trata de cerámicas no esmaltadas que admiten cualquier clima y funcionan tanto en espacios exteriores como interiores. La gama de precios, dibujos, tamaños y calidades es amplísima, pero sirva de referencia que desde la opción más económica, a 2.500 pesetas el metro cuadrado ya colocado, se puede llegar a las 20.000 pesetas. Para colocar 70 metros cuadrados en una superficie de sesenta u ochenta metros cuadrados serán necesarios dos días, más otro día y medio de secado.

Después, se procede a la lechada, que no es otra cosa que cubrir con agua y partículas todo el suelo con el fin de unir las juntas. Se precisará para ello otro día de secado. Las ventajas de la cerámica son la facilidad de la limpieza y su casi nulo mantenimiento.


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