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Comercio de animales protegidos: Un negocio ilegal que vende naturaleza en peligro de extinción

El comercio de animales y plantas protegidos es el tercer negocio ilegal más rentable en el mundo, después del narcotráfico y la venta de armas.

  Genera más de 2 billones de pesetas anuales en beneficios y provoca que 700 especies de fauna y flora estén a punto de extinguirse. Cincuenta mil primates, 140.000 colmillos de marfil, 350 millones de peces tropicales y 4 millones de cactus son vendidos ilegalmente en un solo año. Estas cifras, aportadas por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Adena, son sólo una muestra de la estadística demoledora del comercio internacional de especies protegidas, una de las causas más importantes de la preocupante pérdida de biodiversidad en el mundo.

Cada año pueden comprarse y venderse ilegalmente en todo el mundo, además, 5 millones de aves vivas, 10 millones de unidades de piel de reptil, 15 millones de pieles de mamíferos, 9 millones de orquídeas y 350 millones de peces tropicales. Todos estos seres vivos son apartados de sus hábitats naturales para terminar cautivos de un medio que les resulta hostil. Cerca de 700 especies se encuentran en peligro de extinción como consecuencia directa de su captura y posterior comercialización ilegal. Además, unas 2.300 especies animales y 24.000 plantas están amenazadas por esta razón.

Crece la demanda de animales exóticos

Sin duda, si estas capturas se producen es porque hay demanda de seres vivos exóticos o de partes determinadas de su cuerpo (colmillos, cabezas de trofeo, piel...). La moda de poseer un ejemplar diferente, único, o el estatus que trasmite vestir con pieles singulares produce una actividad lucrativa muy rentable y poco perseguida hasta hace unos años, al no concretarse la posibilidad de acciones legales dirigidas a sancionar severamente a los traficantes. En 1975, veintiún países, entre ellos los de la UE, firmaron el Convenio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, CITES. Desde entonces, el tráfico se convirtió en un delito que, según la aplicación del nuevo reglamento europeo de 1997 basado en el CITES, supone penas de cárcel de hasta 6 años para los traficantes.

Sin embargo y a pesar de los controles internacionales, persisten la impunidad y la rentabilidad de este negocio debido a que los canales de distribución y los delincuentes son difíciles de descubrir; de hecho, se ha constatado que en muchas ocasiones los infractores son los mismos negocian, también ilegalmente, con armas y drogas. A esto hay que añadir que según SEPRONA, el servicio de defensa de la naturaleza de la Guardia Civil, tres cuartas partes de los animales capturados mueren durante las operaciones de captura, transporte y comercialización, con lo que se hacen necesarias más capturas para satisfacer la demanda del mercado clandestino.

Este comercio de seres vivos protegidos motiva que se alteren las poblaciones animales, cuya disminución provoca efectos directos sobre otras especies al desestabilizar la cadena alimentaria y causar la multiplicación de plagas de insectos, al terminar con sus predadores. Un ejemplo: la sobreexplotación de ranas toro en Asia, anfibios que se alimentan de mosquitos portadores de malaria, ha colaborado en la expansión de esta enfermedad.

El 30% del comercio ilegal del mundo pasa por España

En España se desarrolla (principalmente, en concepto de tránsito) casi la tercera parte del comercio ilegal del animales y plantas protegidos en el mundo y, según las autoridades aduaneras, más de la mitad de estas transacciones ocurren sin ser detectadas. Durante 1999, el SEPRONA cursó 7 actuaciones relacionadas con delitos de ecotráfico, detuvo a cuatro presuntos traficantes y presentó 254 denuncias administrativas. Su privilegiada posición estratégica desde el punto de vista geográfico convierte a la Península Ibérica en enclave idóneo para todo tipo de actividades comerciales y de comunicación marítimas y aéreas. Además, la Península acoge por sí misma una riqueza faunística envidiable.

Esto induce a furtivos, pajareros, cazadores desaprensivos, delincuentes y mafias organizadas, a peinar campos y montes en busca de víctimas que cazar y vender, lo mismo da que sean osos pardos, rebecos, urogallos, linces, o incluso águilas imperiales o halcones peregrinos, pasando por toda suerte de pajarillos (mal llamados de jaula, como si ese fuera su hábitat natural) o galápagos. A resultas de todo ello, España es junto con Argentina, Indonesia y Tailandia, uno de los cuatro países más afectados por el tráfico ilegal de especies amparadas por el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

El norte compra, el sur suministra

La UE es el primer importador mundial de pieles de reptil, al comprar casi 4 millones de pieles; también es el segundo gran importador de primates, después de Estados Unidos, con 46.000 ejemplares; es el primer importador mundial de loros, cacatúas y similares, contabilizando casi 1 millón de ejemplares (el 39% del comercio mundial), y el primer importador de boas y pitones vivas, el segundo de felinos vivos y el primer importador y exportador de plantas.

Argentina, Indonesia, Tanzania y Uruguay figuran como los países de donde proceden la mayor parte de pistaciformes (loros, guacamayos, cacatúas). Estados Unidos importa 300.000 loros al año con destino a las tiendas de animales de compañía. También este país junto con Japón, España y Francia forman el grupo de importadores de pieles de reptil provenientes de Indonesia y Argentina.

grupo de importadores de pieles de reptil provenientes de Indonesia y Argentina. Según SEPRONA en las tiendas de mascotas es fácil encontrar especies de las 329 pistaciformes, todos ellos incluidos en el CITES. También es frecuente encontrar ejemplares de anfibios como pequeñas ranas, cocodrilos, tortugas, peces, serpientes e incluso pequeños primates. Un canal habitual de distribución de especies protegidas, asegura Adena en un informe, son mercados ambulantes como el Rastro madrileño, la Rambla barcelonesa o los mercadillos de la Comunidad Valenciana. E incluso en la trastienda de numerosos locales bien conocidos por todos los expertos.

No todo el comercio de especies protegidas es ilegal

La venta de animales protegidos puede ser legal cuando el comerciante acredita que el animal procede de una importación autorizada, que sólo puede serlo si está acuñada con un certificado CITES. Aunque dentro de la legalidad, a veces pensamos que el animal que mantenemos retenido en nuestro hogar se halla en excelentes condiciones en su "nueva casa", pero con esta actitud lo único que conseguimos es que la especie viaje hacia un destino sin retorno: una extinción anunciada, ya que si se altera las costumbres de un animal es imposible devolverlo a su medio natural. Reconoce SEPRONA que la persecución del delito no resulta fácil, pues no consiste sólo en ir a los comercios y controlar los especímenes que tienen a la venta y cotejar la documentación, cosa que se hace regularmente. La colaboración y la concienciación social son una medida preventiva imprescindible para evitar que se siga explotando indebidamente a la naturaleza. Sin demanda no hay comercio. Pero el problema no es tan sencillo, porque para muchos países subdesarrollados uno de los escasos sistemas de supervivencia para sus pobladores es explotar sus propios recursos naturales. Claro está que estos países no son los que reciben la parte más sustanciosa el beneficio económico que produce este comercio.

Las especies más afectadas

Rinocerontes, tigres, elefantes, chimpancés, caimanes, leopardos, nutria gigante, colibríes, aves y ranas exóticas... se hallan en peligro de extinción debido a la persecución a la que se ven sometidos con el fin de obtener alimento, pieles, trofeos, especímenes vivos, objetos turísticos, medicinas tradicionales, plumas, cráneos... y un sinfín de productos y restos derivados. Coleccionistas, zoológicos, laboratorios de investigación biomédica, tiendas de animales y la propia explotación para consumo interno, son destinos finales de las cacerías.

Las organizaciones defensoras de la naturaleza abogan por una educación ecologista, entendiendo que el verdadero amor por la naturaleza es aquel que respeta que el hábitat mejor para los animales y las plantas es el natural. El medio habitual para denunciar cualquier práctica ilegal es el SEPRONA (en el teléfono 062), que insiste en que siempre que se vaya adquirir un animal o una planta exótica se debe exigir el certificado CITES, ya que es el único que demuestra que el ejemplar ha sido criado en cautividad con el fin de ser vendido. Si el animal nos llega en forma de regalo, debemos exigir el certificado para conocer su procedencia, aunque se trate de un "insignificante" galápago o un pájaro para la jaula. Si la procedencia del animal es ilegal quien lo posee comete un delito y deberá entregar la documentación lícita de procedencia.

Pero tener los papeles en regla no sólo sirve para evitar problemas con la justicia: un animal de procedencia ilegal no ha pasado por la Aduana, con lo que carece de la correspondiente inspección sanitaria, y puede trasmitir graves enfermedades exóticas. Otra peculiaridad es que hay algunos animales de difícil cuidado. Los veterinarios (si es que se acude a ellos y les tratan, una posibilidad remota pues se exponen a ser denunciados si no exigen los papeles) no tienen por qué conocer a fondo sus peculiaridades y el dueño se arriesga a tener consigo un animal peligroso que produce picaduras venenosas, por ejemplo.

Rinocerontes

Ningún otro animal ha sido tan gravemente afectado por el comercio como los rinocerontes. Durante los últimos 20 años, según datos del WWF, la población mundial de rinoceronte ha disminuido en un 85 por ciento, quedando actualmente poco más de 10.000. Existen cinco especies distintas aunque son el indio (con unos 1.700 ejemplares), el de Sumatra (con 660) y el de Java (con apenas medio centenar de ejemplares) los condenados a una extinción inmediata, casi segura, a no ser que se tomen medidas urgentes tendentes a su conservación. Sin embargo, los 4.000 rinocerontes blancos y los 4.000 negros son los que están en estos momentos sometidos a una mayor presión. Durante muchos siglos, los cuernos de rinoceronte han sido transformados por los chinos en objetos decorativos como copas de ceremonia o platos. Sin embargo, a partir de los años 70 se ha observado un aumento en la demanda de cuerno de rinoceronte, al que varias naciones asiáticas atribuyen propiedades medicinales y afrodisíacas. También se utiliza para realizar las empuñaduras de las tradicionales dagas de Yemen, vendidas a precios millonarios a los turistas. En tan sólo ocho años, este país importó más de 22.000 kilos de cuernos con este propósito. El 95 por ciento de los cuernos de rinoceronte con los que se trafica procede de las especies africanas, tráfico que va disminuyendo por una lado debido al mayor control existente pero, por otro, a la cada vez mayor escasez de estas especies.

Tigres

La historia de las poblaciones de tigres está íntimamente ligada a la actividad humana. A punto de extinguirse en los años 60-70 con motivo de su caza y la obtención de pieles, se recuperó ligeramente en los 80, gracias al Proyecto Tigre del WWF, y ahora vuelve a estar amenazado por la explotación descontrolada de sus productos derivados. Todos los tigres pertenecen a una especie, Panthera tigris, dividida en ocho subespecies distintas que se distribuyen en el centro y este de Asia. En los últimos 50 años se han extinguido tres subespecies, los tigres de Bali, del Caspio y de Java. De las cinco restantes, el tigre de Bengala conserva unos 4.500 individuos, el de Indochina unos 1.500, el de Sumatra 600, el de Siberia 200 y el de China tan sólo 80. La principal razón de la actual disminución de las poblaciones de tigres es su explotación para obtener huesos que se utilizan en la medicina china, aunque estas prácticas tradicionales utilizan cualquier parte del tigre, ojos, nariz, dientes, cerebro, carne, pelo, testículos, rabo, a las que atribuyen propiedades terapéuticas para nauseas, malaria, epilepsia, asma, dolor de dientes y muchas más patologías. Además de China, los productos derivados del tigre se consumen en Taiwan, Corea del Sur e Indochina, exportándose a Hong Kong, Malasia, Singapur y Tailandia, además de diversos países europeos y Estados Unidos.

Elefantes

El elefante africano, Loxodonta africana, ha visto reducida su población a la mitad en tan sólo diez años. La causa: el codiciado marfil de sus colmillos, con los que se realizan multitud de objetos decorativos vendidos a elevados precios. Aunque teóricamente los 650.000 elefantes existentes en la actualidad pueden garantizar una estabilidad poblacional, el rápido descenso antes comentado ha forzado la inclusión del elefante africano en el Apéndice I del CITES, prohibiéndose así el comercio de marfil desde 1989. La especie india, Elephas indicus, en peor estado de conservación, está protegida desde hace más tiempo y no se ha visto sometida a la implacable persecución de la africana. Aunque la prohibición de comerciar con marfil es sin duda uno de los pasos más importantes para asegurar la conservación del elefante africano, es necesario potenciar otras medidas urgentes de tipo económico con el fin de evitar que los países con poblaciones de elefantes quieran volver a abrir este comercio.

Osos

También la medicina tradicional está poniendo en peligro determinadas poblaciones de osos del mundo. Durante miles de años, la medicina china ha utilizado bilis y vesículas biliares de osos con fines curativos y actualmente se utilizan como afrodisíacos y para tratar graves enfermedades como el cáncer o la cirrosis hepática. El oso negro asiático, el oso polar y el oso pardo son los "preferidos" para obtener estos productos. Un estudio del WWF y de la oficina del sureste asiático de TRAFFIC revela que esta tradición se mantiene en los años 90, como lo demuestran los más de 10.000 osos mantenidos en cautividad en diversas granjas chinas. Corea del Sur, Japón, Canadá, Hong Kong, Singapur, China y Rusia son los principales exportadores y Corea del Sur es el principal importador, totalizando más de 4.000 kilos de bilis el volumen importado en los últimos 20 años. Durante este mismo período ha variado mucho el precio, desde unas 12.000 pesetas por kilo en 1977, hasta los más de 45 millones de pesetas por kilo que se registraron en 1980, manteniendo una media entre 400.000 y 1,3 millones de pesetas.


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