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Abdelhamid Beyuki, presidente de ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España): "Los sentimientos xenófobos son difíciles de frenar una vez activados"

Abdelhamid Beyuki nació en Río Martil (Tetuán, Marruecos) aunque lleva en España desde 1984, año en que tuvo que dejar su país por motivos políticos.

  Es el presidente de ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España), además de vicepresidente del Foro de la Inmigración. Beyuki nos recibe en las nuevas oficinas de su asociacion en Madrid, donde muchos inmigrantes arreglan sus papeles y se informan de todo lo que les afecta como personas que un día dejaron sus casa para buscar un futuro mejor. La mesa está plagada de documentos que Beyuki trata de ordenar: entre ellos destacan los anónimos amenazantes ("los recibimos a diario", lamenta) que agresivamente les recuerdan su condición de indeseables o les recriminan las dificultades que atraviesa la negociación pesquera con Marruecos.

Licenciado en Derecho y articulista en revistas y periódicos, Beyuki es autor de libros en árabe. Recientemente ha publicado en castellano "La transición en Marruecos" (edit. VOSA). Como contrapunto positivo, Beyuki aboga para que "los medios de comunicación muestren las maravillosas experiencias de convivencia entre inmigrantes y autóctonos que se dan en muchas zonas de España".

¿Qué es ATIME?

Es una organización de inmigrantes marroquíes nacida en 1989 que en sus inicios contó con la participación de españoles comprometidos con la defensa de los inmigrantes. Empezamos siendo 20 personas pero hoy se ha convertido en una organización que cuenta con más de 14.000 socios y 15 delegaciones en todo el territorio español.

En ATIME, que forma parte del Foro europeo para la inmigración y de la Plataforma Estatal de las ONG, hemos pasado de ser una organización reivindicativa a una prestar servicios jurídicos y sociales (búsqueda de vivienda, de empleo). Disponemos, por ejemplo, de pisos tutelados para mujeres maltratadas y menores inmigrantes. Todo esto lo compaginamos con la movilización y reivindicación en defensa de los intereses políticos y sociales de los inmigrantes.

En nuestra junta directiva hay dos españoles, porque entendemos que la integración se tiene que realizar al revés: en vez de que las ONG españolas integren dentro de su estructura a inmigrantes -muchas veces, como floreros- nosotros preferimos que los españoles se integren en ATIME, porque creemos en el proyecto común y plural de esta sociedad. También destacaría que la tercera parte de los servicios que prestamos no va dirigido a marroquíes sino a senegaleses, ecuatorianos, dominicanos

¿Quienes son sus interlocutores para afrontar los problemas de los inmigrantes?

La Administración pública, tanto nacional y autonómica como local. Cada administración tiene su importancia. En normativa sobre inmigración, nuestro interlocutor es el Gobierno central y en los aspectos más cotidianos son los ayuntamientos o entidades locales que, dicho sea de paso, se deben involucrar más en todo lo relacionado con la inmigración. Esta relación con los municipios no es buena por falta de medios y por falta de voluntad para afrontar los problemas.

¿Qué relación mantienen con organizaciones sindicales y ONG?

Yo me llevo bien -y me he llevado siempre- con los dos sindicatos mayoritarios, y como organización confluimos en reivindicaciones conjuntas, como en los sucesos de Almería. Animamos a los sindicatos a que asuman su papel, no tanto en la prestación de servicios sino en la defensa del inmigrante en sus reivindicaciones laborales y sindicales. Con las ONG las relaciones van desde muy fluidas a distantes. Algunas ONG de acogida, a veces, tratan al inmigrante como un usuario de su servicio y como medio para justificar su tarea. Otras hacen su trabajo con resultados espléndidos.

Pero, en ocasiones, discrepamos de cómo nos tratan como colectivo: no queremos ser sujetos sólo de derecho, queremos ser sujetos de derechos y deberes. Ser un sujeto activo y no pasivo, formar parte de esta sociedad para lo bueno y para lo malo. A veces, esa ayuda basada en la buena fe y la solidaridad se convierte en caridad, y eso no nos gusta nada.

¿Por qué un persona decide emigrar y abandonar su país?

Es un proceso doloroso y creo que todos los que lo hemos emprendido hemos pensado en abortarlo alguna vez en su fase inicial. Los motivos para dejar nuestro país son diversos: desde el hambre y la miseria hasta el ansia de libertad. En términos sencillos, la vida se resume en riqueza (bienestar) y no riqueza: si a nuestros países no llega la riqueza (sería muy prolijo extendernos en las causas de esta situación) tendremos que ir a buscarla allá donde se encuentre. Cuando partimos, nuestra sensación es la de haber sido arrancados de un entorno lleno de vivencias y sensaciones, y eso que en nuestros países (Camerún, Senegal, Marruecos¿) no hay seguridad sanitaria, ni social, ni política¿ pero aún así, lo echamos de menos. Lo más doloroso es cuando descubres que nunca volverás a ser del país que te marchaste ni del país al que emigras. Sigues siendo emigrante toda la vida.

Yo, todo lo relacionado con España lo siento como propio. Las cosas que hago aquí todos los días me llenan de satisfacción, al igual que todos los recuerdos que tengo de mi infancia en mi país, los olores (a pescado del puerto o al azahar), los colores¿también forman parte de mí.

¿Qué ve y qué siente un emigrante cuando pone el pie en Europa?

Depende de dónde venga. Cuando subsahariano llega a Marruecos quizá sienta lo mismo que cuando un marroquí llega a España, y perciba lo mismo de España que cuando llegue a Estados Unidos. Se siente una gran incertidumbre y una carencia de protección. Los primeros días no entiendes la mayoría de las cosas, ni la clave de una cultura, ni siquiera las miradas, porque las miradas es otra manera de comunicarnos que algunas culturas tenemos muy desarrollada y puede dar lugar en Occidente a malas interpretaciones. Te pueden incluso acusar de acoso sexual. En mi país, la mirada es algo fantástico y muy bonito. En definitiva, vas chocando con muchas cosas, por lo que al principio la vida del inmigrante es un camino de tropiezos hasta que uno se adapta.

¿Perciben mucha diferencia en aspectos culturales, económicos y sociales?

Sí, por ejemplo en las relaciones económicas cotidianas con los bancos, o en el mercado, se notan diferencias. En mi país, el zoco es un lugar en el que aparte de comprar mantenemos relaciones sociales; es la conversación natural de todas las mañanas. En España, esas relaciones mercantiles son distintas y es lo que comienzas a descubrir cuando llegas por primera vez. Eso no significa que el inmigrante no se integre en ese tipo de vida, porque lo hace. Antes de aprender el idioma, ya se integran estas cosas de las relaciones cotidianas.

¿Sienten los inmigrantes racismo y xenofobia en España?

La xenofobia va en alza y tiene mucho que ver con la información que se transmite desde los medios de comunicación. También está relacionada con el mensaje que lanzan gobierno y oposición para justificar su política migratoria, por ejemplo cuando aprueban una dura Ley de Extranjería como la actual e introducen en la opinión pública el concepto de avalancha de pateras en el sur de la Península. Eso hace que la sociedad rechace por sistema al inmigrante. Cuando un medio trasmite el dato del aumento de la criminalidad en un barrio de Madrid poblado por inmigrantes crea a largo plazo la aparición de brotes xenófobos en la ciudadanía. Esos sentimientos xenófobos son muy difíciles de parar y de reformar una vez se han puesto en marcha. Lo que se ha hecho durante el debate de la Ley de Extranjería es contaminar a la opinión pública. Los medios deberían mostrar las experiencias maravillosas de convivencia que hay en muchas zonas de España entre autóctonos e inmigrantes, esa sería una manera de contraponer el exceso de informaciones negativas que sobre la inmigración abundan en los medios.

¿Por qué los colectivos de inmigrantes rechazan la actual Ley de Extranjería?

Esta ley no es del todo mala porque se ha rebajado el nivel de reforma pretendida en un principio, pero mantiene aspectos negativos y por eso la rechazamos. Por un lado, facilita excesivamente la expulsión del inmigrante, nos deja en manos de la Administración en vez de disponer de la protección judicial que teníamos antes. Y por otro, no reconoce los derechos sociales y sindicales, como el derecho a la sindicación, a la manifestación, a la huelga... de quienes trabajan en situación irregular. Y ello a pesar de que están contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Carta Europea de los Derechos Humanos.

¿Cuál es su opinión sobre las mafias que comercian con el tráfico de inmigrantes?

Este tipo de organizaciones delictivas y clandestinas existen y las conocemos todos. En los países de origen sólo les falta el cartel que diga "Se vende billete en patera". Un cálculo nos dio como resultado que si la mafía ha logrado introducir en Europa 70.000 inmigrantes ha obtenido unos 20.000 millones de pesetas. El negocio es muy importante como para acabar con él. Por otro lado, es difícil de desmontar con medidas policiales, a pesar de que sean necesarias para luchar contra las mafias. Pero en España no se tiene en cuenta un hecho fundamental: la clientela/víctima de estas organizaciones no quiere desarticular las mafias, ya que acuden a ellas para cruzar el estrecho y poder así soñar un futuro mejor. Mientras la víctima necesite al verdugo, nunca testificará en su contra, y eso a la Policía -tanto marroquí como española- le cuesta entenderlo. Son necesarias medidas sociales, de educación, una buena información y proporcionar alternativas para que no se acuda a las mafias.

¿Cree que las sociedades europeas van a tender más al mestizaje o piensa que las ciudades se van a ir conformando en barrios étnicos como ocurre en Nueva York ?

Para conseguir el mestizaje hace falta una política abierta de integración, participación y acogida, que pretenda crear una interculturalidad sustentada en la convivencia y en programas que se deben desarrollar en la escuela, en la calle y en cualquier ámbito de la vida. Sólo entonces se conseguirá el mestizaje, lo más positivo para una sociedad. Las identidades y las culturas de cada país no son un libro escrito y terminado, así piensan los racistas: "somos así y vienen de fuera a ensuciarnos". Y tampoco es deseable que los emigrantes quieran imponer su cultura aquí pensando que el libro está en blanco. No, el libro lleva ya una parte escrita. Por tanto, ni lo uno ni lo otro. Si la política es ver a los inmigrantes como pasajeros que vienen a resolvernos el problema del trabajo o de la natalidad para que nos paguen la Seguridad Social y luego ya retornarán -y si es necesario les damos unos mini créditos para el viaje de vuelta-, se equivocan, porque se creará una sociedad de guetos y colectivos estancos en los que cada uno va a lo suyo. Eso no beneficia a nadie y resolverlo va a ser un problema grande. Están a tiempo los políticos para evitarlo.


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