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Casi la mitad de los conductores que circulan por el centro de las ciudades están intentando aparcar su vehículo lo más cerca posible del lugar al que piensan acudir. Pero en la mayoría de las ciudades, estacionar en el centro es una tarea difícil que en horas punta se puede convertir en casi imposible.
La conducción frecuente por calles céntricas urbanas perjudica al vehículo, que sufre un desgaste mayor que si transita principalmente por carreteras interurbanas. Conducir el coche por el centro de la ciudad durante quince minutos supone un gasto de combustible muy superior al de hacerlo por carretera. Además, al circular a muy baja velocidad y realizar muchas maniobras, el combustible no se quema bien y genera carbonilla, sustancia que deteriora el motor, las válvulas y las bujías del coche. Pero el componente que más se desgasta al conducir por el centro de la ciudad es, sin duda, el embrague. El conductor hace mucho uso de él debido al elevado número de ocasiones en las que debe parar y arrancar. A esto hay que sumar el vicio, muy común, de esperar a que se abra el semáforo pisando el embrague. La otra pieza del automóvil que más se resiente en los recorridos por las calles más céntricas, es el tubo de escape. Su vida puede llegar a reducirse a la mitad. El agua que se produce dentro del tubo no es expulsada y se acumula, lo que provoca que se oxide. También los neumáticos sufren, sobre todo cuando se sale acelerando de los semáforos por culpa de las prisas.
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