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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.
Casi la mitad de los conductores que circulan por el centro de las ciudades están intentando aparcar su vehículo lo más cerca posible del lugar al que piensan acudir. Pero en la mayoría de las ciudades, estacionar en el centro es una tarea difícil que en horas punta se puede convertir en casi imposible.
Los agentes que controlan el pago de la zona azul en Logroño son los que menos trabajo tienen, supuestamente, al corresponderles vigilar el número de plazas de aparcamiento más bajo (54) por agente. Le sigue, a corta distancia Bilbao, con 59 plazas de estacionamiento por vigilante. Donde más ardua se les hace esta tarea es a los controladores de la zona azul en Vitoria y Madrid, con 336 y 315 plazas a vigilar por agente, respectivamente.
Aparcar en el centro de las ciudades resulta, en la mayoría de las ocasiones, incómodo y desagradable y termina originando estrés. Hace perder mucho tiempo, y la incertidumbre de si llegaremos a la hora prevista al punto de destino dispara nuestros nervios. Muchos acaban enfadándose con otros conductores, con los peatones e incluso con los pasajeros de su automóvil. Enfrentarse asiduamente a esta situación hace que el automovilista tema la hora de ponerse al volante y comience a sentir ansiedad anticipadamente, creando un círculo vicioso que aumenta todavía más la ansiedad.
El estado emocional del conductor influye negativamente en su modo de reaccionar ante las diversas circunstacias del tráfico. Los acontecimientos que causan estrés a diario provocan reacciones psicológicas y biológicas como ansiedad, jaquecas, dolores musculares las malas digestiones. Y dejan más huella en nosotros, por permanente, que las que pueden generar acontecimientos extraordinarios como la pérdida de alguien querido o un accidente.
Circular por calzadas saturadas de tráfico e intentar aparcar en el centro de las ciudades se han convertido en actividades no por cotidianas menos irritantes, frustrantes y desagradables. Al revés, su cotidianeidad acentúa los problemas. Es muy difícil acostumbrarse a situaciones tan estresantes, y requiere un gran autocontrol y enormes dosis de paciencia.
Estas situaciones tienen hilo directo con el estrés y producen una mayor activación del sistema nervioso simpático, encargado de ordenar al organismo una acción inmediata. Aumentan así el ritmo respiratorio y cardíaco y la presión arterial, lo que permite al ser humano responder más rápida y eficazmente, por lo que circunstancias de peligro, como estar a punto de chocar con otro vehículo, se resuelven reaccionando a tiempo y frenando bruscamente. No obstante, si la coyuntura no requiere una acción inmediata, las sensaciones producto de esta mayor activación del sistema nervioso se perciben como desagradables, porque esa energía añadida no se canaliza ni se utiliza, y las palpitaciones y la sudoración inquietan y se traducen como algo negativo. También aumenta la activación del sistema nervioso periférico, que regula el nivel de tensión de los músculos y ejecuta los movimientos del organismo. Por eso, cuando permanecemos largo tiempo atrapados en un atasco y ello nos impedirá llegar a tiempo a una cita importante, frecuentemente surgen el dolor de cabeza, cuello o espalda. Y cuando el estrés es intenso, frecuente y duradero se generan trastornos más importantes, como sensación de fatiga, falta de apetito o dificultad para concentrarse.
La aparición del estrés, en realidad, depende de que la situación se perciba o no como amenazante. Si una persona se prepara con calma y sensatez para afrontarla, el estrés será mínimo. Si, por el contrario, traduce esa situación como algo horroroso e injusto, la respuesta a ese estrés conllevará tensión muscular, aceleración del ritmo cardíaco ..., además de emociones negativas como la frustración o la irritabilidad.
En la conducción abundan las conductas agresivas y descorteses. De todas las relaciones sociales, las que se guían por las normas de tráfico son las que destilan más agresividad. Y, al parecer, es en ese contexto cuando se tienen más cerca armas y objetos punzantes. El estrés y el incremento de conductas violentas y agresivas perjudica también a la seguridad vial. La búsqueda de un lugar para aparcar aumenta la fatiga de los conductores, y este factor es peligroso cuando se suma al cansancio que supone recorrer muchos kilómetros o al del final de la jornada laboral, cuando el automovilista más anhela salir del coche, porque hasta entonces no comienza su asueto diario. Además, a la hora de aparcar se producen más casos de insolidaridad entre conductores que en otros momentos delicados de la conducción, como los adelantamientos. La búsqueda de un aparcamiento, por otra parte, reduce la atención a la conducción propiamente dicha.
El automovilista está tan concentrado en calibrar sus opciones de aparcar que se distrae con mayor frecuencia de lo normal en la conducción, lo que aumenta la posibilidad de choques con otros vehículos y atropellos a peatones. Y, para terminar, el estrés y la tensión que provocan la búsqueda de una plaza de aparcamiento no finalizan cuando se ve conseguido el objetivo. Estas alteraciones del ánimo se mantienen en vigor si no se ha aparcado el vehículo perfectamente o si se está pendiente de renovar la tarjeta de pago de la zona azul, sistema que, aunque resulte útil para regular el tráfico y habilitar plazas de aparcamiento, crea muchas situaciones estresantes en una sociedad que anda sobrado de ellas.
Castellón es la capital en la que menos se requiere el servicio de una grúa. En concreto, se precisa de una cada 15 turismos que pagan el impuestod e circulación en la ciudad. A continuación se sitúan Vitoria y Santander. Es en San Sebastián, Pamplona y Barcelona donde con más asiduidad se recurre a la grúa, se precisa de una grúa cada cuatro turismos.
| Nº de agentes | Total de plazas en zona azul | Nº de plazas por agente | |
|---|---|---|---|
| Alicante | 23 agentes | 2.031 plazas | 88 plazas por agente |
| Madrid | 130 agentes | 41.000 plazas | 315 plazas por agente |
| Valencia | 63 agentes | 3.821 plazas | 61 plazas por agente |
| Castellon (*) | Sin zona azul | Sin zona azul | Sin zona azul |
| Logroño | 18 agentes | 974 plazas | 54 plazas por agente |
| Pamplona | 65 agentes | 6.000 plazas | 92 plazas por agente |
| Vitoria | 14 agentes | 4.700 plazas | 336 plazas por agente |
| Barcelona | 82 agentes | 5.177 plazas | 63 plazas por agente |
| Bilbao | 152 agentes | 9.000 plazas | 59 plazas por agente |
| Santander | 38 agentes | 3.412 plazas | 90 plazas por agente |
| San Sebastián | 33 agentes | 5.300 plazas | 161 plazas por agente |
| Malaga | 20 agentes | 1.435 plazas | 72 plazas por agente |
| Total | 638 agentes | 82.850 plazas | 130 plazas por agente |
| Nº de servicios realizados en 1999 | Nº de turismos en 1999 (1) | Cada cuántos cochesse necesitó un servicio de grúa | |
|---|---|---|---|
| Alicante | 25.137 | 169.747 | cada 6 coches |
| Madrid | 200.000 | 1.283.219 | cada 6 coches |
| Valencia | 51.928 | 311.210 | cada 6 coches |
| Castellon (*) | 4.726 | 70.674 | cada 15 coches |
| Logroño | 8.621 | 43.952 | cada 5 coches |
| Pamplona | 24.272 | 101.000 | cada 4 coches |
| Vitoria | 8.000 | 84.456 | cada 10 coches |
| Barcelona | 130.635 | 625.570 | cada 4 coches |
| Bilbao | 21.117 | 149.258 | cada 7 coches |
| Santander | 10.000 | 81.894 | cada 8 coches |
| San Sebastián | 16.000 | 65.679 | cada 4 coches |
| Malaga | 10.531 | Dato no ofrecido | Dato no ofrecido |
| Total | 510.967 | 2.941.412 | De cada 6 coches 1 se llevó la grúa |
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