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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Vinos de mesa económicos: Las diferencias, muy importantes, surgieron en la cata

Se han analizado 8 muestras de vino de mesa en botella de vidrio de tres cuartos y de litro, que costaban entre las 249 pesetas por litro de Viña Solana y las 175 pesetas de Elegido.

  Las conclusiones principales son que todas las muestras cumplen con lo fijado por la norma y que no existe fraude de adicción de agua en ningún vino de los estudiados. Por lo tanto puede afirmarse que, en base a los conocimientos analíticos actuales, estos vinos son vino y sólo vino. Ahora bien, la calidad sensorial es otra cosa: la mitad de las muestras ofrecen deficientes prestaciones organolépticas (color, aroma, sabor...) y se aprecian rotundas diferencias entre unas y otras. Destaca por su buena valoración en la cata (realizada por expertos enólogos y sumillers el vino Monteviejo, con 6,8 puntos. Le siguen con una valoración menor, pero aceptable para este producto, Soldepeñas y Viña Solana, ambos con 5,3 puntos, y Tío de la Bota, con 5 puntos. Cimbral y Elegido presentaron defectos leves y no consiguieron aprobar a pesar de ser unos vinos que no defraudan las expectativas que pueden plantearse ante estos vinos económicos. Gran Vega evidenció defectos ya de mayor importancia, pero con sus 4 puntos quedó cerca del aprobado. Por último, la muestra de Don Simón obtuvo un claro suspenso, al encontrarse rancio, por un exceso de evolución en la botella.

La elección de mejor relación calidad-precio no ofrece dudas: es Monteviejo, único vino sin defectos en la cata y con una puntuación muy superior a la de los demás. Además, su precio es medio-bajo: 196 pesetas el litro.

¿Puede llamarse alimento al vino?

El vino es una bebida alcohólica producida por la fermentación total o parcial de la uva fresca o de su mosto. Hace tan sólo unas décadas, en los países mediterráneos se calculaba que el vino aportaba entre el 10% y el 12 % de la ingesta total de energía en los varones adultos (en los últimos años el consumo va descendiendo en cantidad y aumentando en calidad), por lo que debe tenerse en cuenta su papel como fuente de energía de la dieta. El vino de mesa aporta por término medio unas 80 calorías por cada 100 mililitros, la mayoría por el alcohol (etanol, en este caso).

El contenido del vino en hidratos de carbono es despreciable, menor al 1%, debido a que la mayoría de los azúcares de la uva se han transformado en etanol.El otro macronutriente por excelencia, las proteínas, se halla en aún menor proporción (0,1%). Los minerales, por su parte, no alcanzan siquiera el 0,1%, siendo los más abundantes el potasio, el sodio, el calcio y el magnesio. Por último, el contenido en vitaminas es también irrelevante. En resumen, el vino no es un alimento, ya que apenas proporciona nutrientes.

En otras palabras: el aporte nutricional del vino es exclusivamente energético y procede de su contenido alcohólico, mientras que el aporte de macronutrientes y micronutrientes es de nula importancia para la dieta.

Pero, ¿es tan malo para la salud?

Los efectos inmediatos del vino en el cuerpo humano (cierto tono vital, euforia o embriaguez, en función de la cantidad ingerida) son sobradamente conocidos, por lo que nos centraremos en las repercusiones en la salud. La migraña ha sido asociada a las aminas (derivados de las proteínas) y los flavonoides, ambos presentes en el vino. El anhídrido sulfuroso, aditivo añadido desde tiempos remotos al vino para evitar su oxidación, se asocia a reacciones asmáticas en individuos sensibles.

La ingesta excesiva de alcohol se ha asociado también a ciertos tipos de cánceres, pero no hay evidencia científica de que el vino pueda asociarse a esta enfermedad. Bien al contrario, recientes investigaciones describen un efecto protector de algunos componentes del vino (los compuestos polifenólicos) que actúan como antioxidantes naturales frente a enfermedaes cardiovasculares, siempre que se haga un consumo moderado de este producto.

De todos modos, estamos ante un producto cuyo consumo debe moderarse mucho, e incluso erradicarse, en ciertas situaciones fisiológicas: embarazo, gastritis y úlceras, trastornos hepáticos y en los niños y adolescentes, por hallarse estos en fase de crecimiento.

Un producto que respeta la normativa

La cantidad declarada por las ocho muestras de vino en sus etiquetas coincide con la medida en el laboratorio, considerando las tolerancias que la norma admite para una muestra individual, de hasta 15 militros por cada litro, si bien la media de la producción tendrá que cumplir con la cantidad declarada. En el caso más desfavorable (Tío de la Bota), sólo faltaban 6 mililitros. Por otro lado, el grado alcohólico de estos vinos de mesa debe hallarse entre los 8,5 y los 15 grados. Esta es una medida de la cantidad de alcohol que contiene el vino y depende fundamentalmente de la cantidad de azúcar de la uva de origen. Así, los vinos de zonas más meridionales y soleadas contienen mas graduación que los de zonas norteñas.

En los vinos de mesa, que habitualmente se elaboran (a diferencia de lo exigido para vinos con denominación de origen) mezclando uvas de diversos orígenes, este es un parámetro que el fabricante puede controlar a voluntad. Los vinos analizados, que declaran un grado alcohólico entre 11 y 12,5 son similares en su graduación. Y ésta coincide con el valor establecido en el análisis. Las variaciones detectadas en ningún caso superan el medio grado, tolerancia admitida por la norma. El de más graduación es Viña Solana con 12,4 grados y los menos alcohólicos fueron Gran Vega y Soldepeñas con 11 y 11,1 grados, respectivamente.

Uno de los principales problemas del vino, como producto vivo que evoluciona con el tiempo, es la oxidación. Para retrasar este proceso (que nunca se podrá evitar por completo e incluso puede contribuir al envejecimiento positivo en los vinos de crianza) se utiliza desde tiempo inmemorial el dióxido de azufre, un aditivo que inhibe también el crecimiento de ciertas bacterias que pueden deteriorar el vino. El SO2 puede añadirse al vino hasta una cantidad de 160 ppm (partes por millón). Todas las muestras lo contenían por debajo de esta dosis y por tanto están conformes a norma. Por último, el vino tiene ácidos naturales como el málico, tartárico, succínico y cítrico. La norma establece que la acidez total debe superar los 4,5 gramos por litro.Todas las muestras superaron este valor y salvo Gran Vega están entre 4,5 y 5,5 gramos por litro. Gran Vega mostró 6,2 gramos por litro de acidez, valor demasiado alto y que resulta coherente con el principal defecto que apuntaron los catadores en este vino.

No se añade agua

Uno de los fraudes tradicionales en este producto es el aguado. La adición de agua en pequeñas cantidades es una adulteración del vino que se realiza con el fin de abaratar el coste del producto final y que resulta particularmente difícil de detectar. Para detectar este fraude se recurre a un método de análisis oficial, basado en la determinación de los isótopos de hidrógeno, deuterio y oxígeno 18, cuya correlación es diferente en el agua del mosto de uva y en el agua añadida.

Las mediciones del laboratorio demostraron que los ocho vinos se hallan dentro de los estándares correctos, por lo no se detectó agua añadida. Con los medios técnicos hoy disponibles, puede afirmarse que las ocho muestras son vino y sólo vino.

La cata sí estableció diferencias

Todos los vinos están elaborados conforme a norma y no tienen interés nutritivo, por lo que la cata es el elemento más discriminador del estudio de estos vinos corrientes, de mesa. La cata fue realizada por un panel de enólogos y sumillers que evaluaron el color, olor y sabor de las ocho muestras. En el color se puntuaron la limpidez, el brillo, la intensidad y la tonalidad. En el olor, se establecieron su franqueza, intensidad, persistencia, calidad y caracteres dominantes. Y en el sabor, los parámetros fueron el equilibrio, aroma, cuerpo y persistencia.

Resumamos aquí lo fundamental de la cata y enumeremos los vinos de mejor a peor. La única muestra sin defectos fue Monteviejo (6,8 puntos), con buen color y sabor y un sabor correcto. Soldepeñas mereció 5,3 puntos, y su aroma fue algo sucio. Con la misma puntuación figura Viña Solana, con "cierto desequiulibrio en boca". Con 5 puntos les sigue Tío de la Bota, con el mismo defecto que Viña Solana. Estos tres últimos vinos presentaron defectos asumibles que no evitan que puedan considerarse correctos en esta gama de vinos. Ya en la zona de los suspensos pero rozando el aprobado, se encuentran Elegido (4,7 puntos), con sabor desequilibrado y aroma de fermentación, y Cimbral, con 4,6 puntos, un color algo pasado y un aroma oxidado. Estos dos adolecen de defectos leves que tampoco los descalifican como vinos de mesa. El penúltimo lugar en el ranking, con 4 puntos en la cata y fallos de más importancia, corresponde a Gran Vega por su aroma atípico, color algo pasado y sabor ácido. Y el peor resultado, con un inapelable suspenso (2,3 puntos), lo obtuvo la muestra de Don Simón, calificado de "rancia" por los catadores y acreedora a las características atribuibles a un vino con este inaceptable defecto de calidad, orginado por una evolución excesiva del vino en la botella.

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