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Septiembre: llegan los fascículos: Para todos los gustos y bolsillos

Si las campañas publicitarias anuncian de forma anticipada la primavera, la llegada del otoño tampoco pasa desapercibida en los medios de comunicación

 En este mes del año, las editoriales comienzan su particular competición de captación de coleccionistas, utilizando los temas más variopintos. Dentro del sector editorial, los fascículos representan el 10,5% de las ventas totales, y alcanzaron en 1998 una facturación de 41.245 millones de pesetas, cifra que las editoriales se disputan con diversas estrategias.

Septiembre, el mes de la vuelta a la normalidad doméstica y profesional para la mayoría de nosotros, es el momento estratégicamente elegido para iniciar las colecciones. En formato de fascículos fueron presentadas algunas inmortales obras de Charles Dickens, o conocimos las vicisitudes del famoso detective Sherlock Holmes. Quienes ya cumplieron 50 años pueden recordar que gracias a los coleccionables de los domingos disfrutaron de El Capitán Trueno, se divirtieron con Axterix y Obelix, e incluso los hay que asentaron los cimientos de su futura biblioteca.

Número de entregas y precio final

Una colección completa ronda, de media, los 75 números y supone un desembolso final en torno a las 60.000 pesetas, aunque las hay que sobrepasan los 150 números y las que superan con creces las 100.000 pesetas. La periodicidad es dispar: hay fascículos semanales, quincenales y mensuales, e incluso bimestrales, según se trate de revistas, libros, vídeos, discos compactos, o de formatos combinados. Lo más habitual es que el cliente adquiera su nuevo fascículo cada semana. El precio por entrega oscila entre las 495 pesetas de una revista y las 2.495 pesetas que puede alcanzar un CD, y no varía aunque las entregas se prolonguen por espacio de años, tres a lo sumo, si bien 18 meses es el periodo más común desde el fascículo número 1 hasta el último. Las ofertas especiales de lanzamiento, reforzadas por una intensa campaña de publicidad, inclinan a muchos consumidores a hacerse con el primer ejemplar, que normalmente viene acompañado del segundo, gratuito. De los compradores iniciales, pocos seguirán adelante o superarán los tres números.

Conocedoras de esta tendencia del mercado, las editoriales distribuyen una gran cantidad de ejemplares del primer (y, en su caso, segundo) número. La cantidad inicial queda reducida a la mitad en la segunda entrega y a partir de ahí el suministro se efectúa bajo demanda del librero o kiosquero, que realiza el pedido una vez calculada la clientela de la próxima entrega del coleccionable.

Coleccionistas: pocos pero fieles

Aunque la fidelidad no es la característica esencial de este tipo de compra (muy pocos consumidores adquieren todos los fascículos de una colección), quienes mantienen la constancia cuentan con la garantía editorial de que podrán concluir la colección. De todas formas, si editorial decidiera cesar las entregas, se advierte a los compradores de la intención de suspender la colección en las carátulas de los dos últimos números puestos en circulación. En el otro extremo del éxito se sitúan las colecciones que, por su buena acogida, vuelven a la carga en setiembre, y se da la paradoja de que una segunda colección (a veces, idéntica) convive con la edición anterior que todavía no ha concluido. Según los últimos datos de la Federación de Gremios de Editores de España, los fascículos representan el 10,5% de las ventas del sector y alcanzaron en 1998 una facturación de 41.245 millones de pesetas. Los puntos de venta más habituales para todo tipo de ediciones son librerías, grandes superficies y kioscos. Lejos quedan otros canales de distribución, como la venta telefónica, la postal o Internet.

Aprovechar las ofertas de lanzamiento para conocer de qué va la colección. Si se trata de libros, vídeos y discos compactos, la calidad de edición y del soporte marcará la diferencia. Además, ojear a bajo precio el primer número permite valorar el interés real de la publicación. En el caso de los CD y casettes de audio, conviene fijarse en la calidad de grabación.

No tirar la lista de títulos. Para decidir qué fascículo en concreto nos resulta especialmente interesante y poder solicitarlo (aunque no compremos los demás), es recomendable, sobre todo en colecciones caras, no deshacerse de la lista que acompaña el primer número y adelanta los títulos que compondrán la obra completa. Aunque se ya se posea una obra escrita, visual o grabada, puede interesarnos comprar una versión distinta procedente de otra colección. Calcular el precio final. Es muy recomendable calcular cuánto nos costará, al final, toda la colección. Y cuánto tiempo tardaremos en finalizarla. Conocemos de antemano el precio de cada entrega y el número de ellas; por tanto, se trata de una simple multiplicación.

Hacernos con números atrasados. Si se ha dejado de comprar la colección durante un tiempo, se pueden adquirir números atrasados. En kioscos y otros establecimientos guardan normalmente varios ejemplares anteriores (hasta 12, según ha comprobado CONSUMER) y las editoriales disponen de sus propios depósitos de publicaciones. Por lo general, el número de atención al cliente de las editoriales figura en el soporte de cartón. Podemos llamar allí, si el vendedor nos dice que no puede traernos los números solicitados (a veces ocurre).

Las editoriales en Internet. También el mundo de los fascículos ha entrado en Internet. En www.megalibro.com facilitan las direcciones en Internet de las editoriales, aunque todavía no todas ofrecen información de sus colecciones ni la posibilidad de comercio on-line. Tampoco facilitan el coste total ni la periodicidad con la han aparecido o aparecerán los números.

Informática e idiomas, los reyes del fascículo

La última década ha respetado el tradicional y aparentemente invencible soporte de papel, pero también han visto la consolidación de otros formatos, como las cintas de vídeo o los discos compactos o CD-Roms para ordenador. Las diversas editoriales ofrecen, en nuestro país y a lo largo del año, en torno a 200 colecciones distintas. La informática y los idiomas son, sin duda, los reyes del escaparate. Con decenas de propuestas para distintos niveles y variantes, representan casi el 50% de la oferta. Tras ellos se suceden alternativas de ocio, aficiones y especialidades: desde la caza y la pesca, pasando por la música clásica, pop o zarzuela, y sin olvidar cine y filmografías, manualidades, bricolaje, cocina, flores, plantas y jardines, pintura, filatelia, soldaditos de plomo, papiroflexia, numismática, decoración...

Según las distribuidoras, la elección de septiembre como fecha de lanzamiento de las nuevas colecciones no es casual, ya que es el mes de la vuelta al colegio, del retorno a la normalidad. Se considera el mes del regreso a la rutina y una ocasión propicia para mostrar interés por algo tan doméstico como el inicio de una colección de fascículos.


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