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Maternidad a partir de los 35 años: Más meditada y responsable, pero no exenta de riesgos

El momento de la maternidad se puede elegir. La mujer dispone desde hace algunos años de medios para decidir cuando nacerán sus hijos. La tendencia actual es inequívoca: la llegada de los vástagos se pospone

Los peligros de posponer la maternidad

  Según un reciente estudio publicado en el British Medical Journal, el 20% de las gestaciones en mujeres de entre 35 años y 40 años, y hasta el 50% en las que ya han cumplido 42 años, fracasan por aborto espontáneo, embarazo ectópico (gestación fuera del útero) o muerte del feto. En los ochenta la tasa de natalidad aumentó un 31% entre mujeres de 30 a 34 años, un 60% en el grupo de 35 a 39 y un 50% en las mayores de 40 años. Entre 1990 y 1995, dicha tasa se incrementó un 2% entre las de 30 a 34 años, el 8% entre las de 35 a 39 y el 20% en el grupo de 40 a 44 años.

A partir de los 35 años es más difícil que una mujer se quede embarazada. Y se constata que muchas mujeres se hubieran planteado antes la maternidad, de conocer que les costaría tanto poder concebir un hijo.

En las maternidades tardías es también más frecuente que aparezcan problemas de hipertensión, procesos varicosos, diabetes y anemia ferropénica, todos ellos controlables por el médico. Los riesgos de una mujer embarazada sana de 35 años no difieren de los de una de entre 20 y 30 años, pero sí hay mayores probabilidades de que las madres de más edad sufran esas dolencias.

En lo que respecta al parto, la edad de la madre influye en las posibles complicaciones. El riesgo de cesárea se multiplica según aumenta la edad de la gestante, el parto de las primíparas de más de 35 años es más difícil. Los tejidos en mujeres de esa edad son menos flexibles y se alarga el periodo de dilatación, lo que produce una expulsión más lenta que, a su vez, entraña mayor riesgo de sufrimiento para el feto. Así, ante la menor posibilidad de daño fetal, se practica una cesárea.

Aumenta la tasa de natalidad

Si bien la tasa de natalidad ha aumentado, no lo ha hecho el número de hijos por familia. La generación del baby boom tiene hijos, pero sólo uno. Hace unos años una tasa de natalidad alta era signo de atraso, pero ahora ocurre lo contrario en los países desarrollados. Un claro ejemplo es Suecia, país en el que la incorporación de las mujeres al mercado laboral es mayor que en España, lo no ha sido impedimento para que las mujeres continuaran teniendo hijos y la tasa de maternidad no descendiera. Las políticas de natalidad (gran despliegue de guarderías, facilidades laborales para que las madres atiendan a sus hijos...) han permitido a Suecia garantizar el relevo generacional.

En nuestro país, en cambio, las ayudas son sólo económicas y se han revelado del todo insuficientes. También los factores culturales explican que las mujeres se decidan a postergar la maternidad y tener menos descendencia: el reparto de las tareas en el hogar no es equitativo; además de la jornada laboral, las mujeres llevan sobre sus hombros la mayor parte de las responsabilidades domésticas. Y el disfrute de la baja por paternidad continúa siendo testimonial: tan sólo el 2% de los padres la solicitan.

La seguridad del feto

Los problemas de un embarazo tardío no sólo afectan a la madre. También se debe valorar la incidencia en el bebé de defectos congénitos, como el Síndrome Down. Las cifras son elocuentes: uno de cada 1.250 niños nacidos de una madre de 25 años sufre esta deficiencia; si la madre tiene 30 años las probabilidades son de una por cada 952 partos; una de 378 a los 35 años; una de 106 a los 40 y una por cada 30 nacimientos a partir de los 45 años.

Cuando la madre supera los 35 años, se recomienda un diagnóstico prenatal que determina el 90% de los defectos congénitos. La seguridad, fiabilidad y menores riesgos de hemorragias o de aborto (un caso de cada 400) convierten la amniocentesis en la prueba más común. Efectuada entre las semanas 14 y 18 de gestación, consiste en una punción abdominal para extraer el líquido amniótico que rodea el feto y determinar las posibles alteraciones cromosómicas. En el 20% de los casos se produce un diagnóstico prenatal indeseado.

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