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Numerosas personas alternan durante el verano el sol, la montaña y la playa con otro tipo de visitas turísticas, orientadas a visitar monumentos artísticos que les permitan admirar épocas pasadas
Es por ello que en las siguientes líneas CONSUMER ofrece a sus lectores unas pinceladas sobre dos estilos que sobrecogen por su belleza y se desarrollaron en la Edad Media: el románico y el gótico.
La arquitectura es la base del arte románico y a ella se adaptan la escultura y la pintura. El objetivo de este tipo de construcciones era construir edificios poco costosos y muy duraderos. Para ello, se empleaban materiales sólidos, como la piedra de sillería, que otorgaban a las construcciones la apariencia de grandes moles. Esto traía como consecuencia la dificultad para abrir huecos y elevar el edificio. La escasez de vanos resultaba en interiores poco iluminados que invitaban a los fieles al recogimiento.
Una de las características clave para reconocer una edificación románica son los arcos de medio punto de ventanas y puertas, rematados por unas arquivoltas (adornos de la parte exterior del arco). Para salvar los grandes espacios, se utiliza la bóveda de cañón sobre arcos apoyados en contrafuertes o pilares. Las plantas de edificio más comunes son la basilical de tres o cinco naves, de influencia romana y forma rectangular, y la planta de cruz latina, que consta de dos naves, la central o crucero y la transversal, que se cruzan en el transepto. La nave central termina formando un ábside (semicircular y en la cabecera), donde se instalan capillas semicirculares (absidiolos). El crucero también se realza con una cúpula. Otros elementos del románico son: los pilares cruciformes, los capiteles (remate de pilares y columnas) decorados con elementos vegetales, geométricos y figurativos; pórticos abocinados y decorados con relieves, dintel con parteluz (columna que soporta el peso del dintel en el centro), tímpano decorado, el Pantocrátor (representación de Cristo como Juez Supremo) y el Tetramorfos (a los lados del Pantocrátor y simétricamente se representan los símbolos de los cuatro evangelistas: Mateo, un ángel; Marcos, un león; Lucas, un toro y Juan, un águila).
El gótico tuvo lugar desde el siglo XII hasta la primera mitad del XVI y alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIII. El desarrollo del arte gótico coincide con una expansión económica centrada en el comercio. Durante el románico los centros neurálgicos y soporte del feudalismo eran los señoríos o la abadía. Sin embargo, pronto las personas cualificadas lograron abandonar el señorío o la abadía y se establecieron libremente en otros lugares. Así, surgieron de nuevo las ciudades (burgos) y se desarrolló la propiedad privada. Los habitantes de estas ciudades, los burgueses (artesanos, vendedores de productos agrarios, gremios...), impulsaron el estilo gótico.
El edificio tipo de este estilo es la catedral, erigida en las ciudades como emblema del poder económico del burgués.
Si en el románico dominaban las líneas horizontales, el gótico busca la verticalidad, tanto en el interior (los pilares se estilizan y son más altos, y el techo confiere sensación de ligereza al edificio), como en el exterior (pináculos, torres y flechas que se dirigen hacia el cielo acentuando la impresión de ingravidez).
La obra gótica se proyecta hacia afuera y por eso se cubre con vidrieras que permiten pasar la luz.
En la arquitectura gótica religiosa domina la catedral, que se construye con la participación de todos los ciudadanos y donde es patente la gran rivalidad entre las ciudades para edificar la más elevada. También adquiere gran importancia la arquitectura civil: ayuntamientos, castillos... La catedral se organiza en una planta con 3 ó 5 naves, un crucero y cabecera con girola o nave que rodea el ábside, simple o doble, en la que se abren capillas poligonales (ya que no se podían hacer vidrieras circulares).
Cuenta con 3 puertas: una a los pies (oeste) y otras dos a cada extremo del crucero (norte y sur) y generalmente a los pies se elevan dos torres. Las obras ya no son anónimas, pues las realizaba un maestro mayor. Como elementos característicos del gótico cabe citar pilares (al principio gruesos y más tarde cilíndricos), arbotantes (rematados con un pináculo) y contrafuertes, gárgolas (figuras de monstruos utilizadas para evacuar la lluvia mediante una tubería interior y que evitan la humedad en los muros), arcos apuntados (ojivales) que se transforman en lancetados (forma de lanza), bóvedas de crucería (entrelazada con nervios finos), vidrieras sujetas con hierro y plomo (sustituyen a las pinturas murales románicas), rosetón (en la portada de los pies y a veces en las puertas del crucero) y doseletes (techos muy adornados colocados sobre una escultura).
El románico surgió en Europa Occidental en los primeros años del siglo XI y se alargó hasta las postrimerías del XII. Por aquel entonces la situación política de Europa comenzaba a estabilizarse y los pueblos bárbaros, con reinos ya asentados, organizaban la vida cultural y económica. El cristianismo se expandió aún más, reflejándose sus influencias en peregrinajes, construcciones y la lucha contra los musulmanes.
Las principales vías de peregrinación de esa época, donde se veneraban reliquias o tumbas, fueron cuatro: Jerusalén y los Santos Lugares, origen de las cruzadas; Monte Sant Michel, en Normandía; Roma, de donde proviene el nombre de románico y Santiago de Compostela, cuya catedral es exponente, según muchos, del estilo románico más puro.
A lo largo de estas rutas nace el comercio y todo tipo de arquitectura, tanto religiosa (iglesias, catedrales, abadías o monasterios), como civil (hospedajes, puentes o castillos).
El románico es un arte de ostentación que intentaba demostrar el poder, pero buscando a la vez sencillez y funcionalidad. Se trata de una síntesis de los estilos romano y bárbaro. Es una manifestación artística esencialmente religiosa, al servicio de la Iglesia, fruto de la espiritualidad de la época y del apogeo monástico.
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