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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Cremas solares de índice de protección 8: Sólo una de cada cuatro ofrece, según la prueba realizada, la protección anunciada

Desde hace unas décadas, y por dictado de una moda estética que parece eterna, quien en verano desea trasmitir una imagen saludable y gozar de un aspecto atractivo debe lucir un buen bronceado

Hay que estar morenos, esa es la máxima. Pero las apariencias engañan, y aunque tomar moderadamente el sol puede ser beneficioso para el organismo y para nuestro estado de ánimo, las exposiciones prolongadas o muy frecuentes resultan desaconsejables, y cada día que pasa se las relaciona más directamente con el cáncer de piel, que aumenta precupantemente su incidencia en los países desarrollados, y con el envejecimiento prematuro de la piel.

El organismo humano dispone de mecanismos que lo protegen de las radiaciones solares, pero la eficacia de estos "defensores naturales de la piel" es limitada. De ahí la necesidad de recurrir a filtros solares como los que contienen las cremas que en verano nos aplicamos en la piel, y que permiten a ésta soportar los baños de sol que millones de personas tomarán estos meses de estío.

  CONSUMER ha analizado ocho cremas solares comercializadas en envase de 200 mililitros (excepto una, de 250 mililitros), que declaran un factor 8 de índice de protección y salen a entre 3.750 pesetas por litro (Zeozon) y 9.800 pesetas por litro (Isdin). Estas cremas fueron sometidas a dos pruebas bien distintas: la primera consistía en establecer el índice real de protección de cada una; la segunda es un ensayo de uso en el que un panel de consumidores valora, en cada crema, su aspecto, la consistencia, el aroma, la facilidad de aplicación, la rapidez de penetración en la piel y la suavidad que confiere a la piel tras la aplicación.

El análisis para medir el factor medio de protección siguió un protocolo estandarizado (Colipa, basado en una prueba empírica realizada en varias personas y que ofrece datos aproximados) y reveló que, a tenor de esta prueba (los resultados podrían variar notablmente de haberse realizado en otro grupo de personas) tan sólo Pizbuin y Johnson´s, ambas de precio medio-alto, ofrecen la protección que declaran. El resto, y sobre todo Chen Yu (la segunda más cara), Zeozon (la más barata) e Isdin (la más cara), rondan el factor 5 y quedan bien lejos del factor declarado, 8. Se comprueba, por tanto, que el precio poco o nada tiene que ver con el factor de protección real de estas cremas. El de Pizbuin está incluso por encima del declarado, al llegar al 9,25. Y el de Delial, Nivea y Nenuco ronda el 6.

Visto lo visto, lo sensato es utilizar cremas con índice (declarado en el envase) superior al recomendado para nuestro tipo de piel. Recordemos, además, que con el transcurso del tiempo y el efecto del agua se pierde parte de la protección. De todos modos, los dermatólogos aconsejan usar cremas cuyo factor de protección no sea inferior a 15. En cuanto a los resultados del panel de usuarios, la valoración de estas cremas (con la excepción de Piz Buin, sólo correcta) fue satisfactoria y sin grandes diferencias entre unas y otras.

En el aspecto, todas se valoraron bien o muy bien, mientras que en el aroma agradó sólo Delial. Johnson´s y Nivea eran las más consistentes, y Nivea resultó la de más rápida absorción y fácil aplicación. Las que dejan la piel más suave son, a juicio del panel de usuarios, Delial, Chen Yu y Johnson.

Tras estudiar todos los resultados, se concluye que la mejor relación calidad-precio de estas ocho cremas es Johnson´s (la tercera más cara, sale a 7.062 pesetas el litro), por su índice de protección (el real, 8, coincide con el declarado) y por ser bien aceptada por los consumidores en las pruebas de uso.

Indices y protección

El 5% de las radiaciones solares que llegan a nuestro planeta son ultravioletas (UV), y de ellas el 8% pertenecen a los tipos B y C, que queman la piel. Los UVC y gran parte de los UVB no traspasan la capa de ozono, pero el 39% de los UVA llegan hasta la piel y producen la pigmentación. Tanto los UVA como los UVB provocan reacciones en la piel que alteran el funcionamiento y síntesis de las proteínas y el ADN celular de los tejidos conjuntivos. Los rayos UVA son diez veces más frecuentes que los UVB, pero mucho menos potentes que éstos a la hora de causar quemaduras. Las otras radiaciones, la luz visible y los infrarrojos, no provocan daños en la piel, pero pueden acelerar los efectos negativos de los rayos UV.

El factor de protección de una crema solar determina su efectividad, al indicar el tiempo que permite a la piel permanecer al sol sin que resulte dañada. Un índice de protección 8 en una crema solar significa que una persona puede permanecer sin quemarse 8 veces más tiempo que sin aplicarse esa crema. Ahora bien, al elegir el índice de una crema solar debemos tener en cuenta nuestro tipo de piel, clasificada en siete fototipos (desde la persona albina, fototipo 0, hasta la de raza negra, fototipo 6), según su vulnerabilidad a los rayos solares. El fototipo I (ojos y pelo claros, piel muy blanca, a veces con pecas) es muy sensible y necesita, para exponerse al sol, cremas de índice superior al 15, ya que tiende a quemarse antes que a broncearse. Sin embargo, el fototipo 4 (muy habitual entre nosotros: ojos y pelo oscuros, piel blanca o un poco tostada) se quema sólo ocasionalmente y siempre se broncea, por lo que le puede ser suficiente con una crema solar de índice 8. Pero no todo es el tipo de piel de cada persona, también hay factores medioambientales que influyen en la eficacia de las cremas protectoras, como la latitud (en el ecuador, los rayos solares son más verticales que en los polos) y la altitud (las radiaciones son más nocivas en la montaña que en el valle, y la capacidad eritematógena de las radiaciones UV aumenta un 4% cada 300 metros que se incremente la altura). Asimismo, la radiación solar es más perjudicial para nuestra piel entre las 12 y las 16 horas, por lo que conviene evitar este intervalo horario en los baños de sol.

Tampoco debemos olvidar la reflexión y ampliación de la radiación que producen la nieve, el agua y la arena. Y recordemos, por último, que un elevado porcentaje (se habla incluso del 90%) de las radiaciones solares atraviesan la niebla, las nubes y la contaminación ambiental.

El método está estandarizado, pero proporciona valores sólo aproximados

El método usado en este análisis está estandarizado y es el internacionalmente reconocido para medir el factor de protección de los rayos UVB; se denomina Colipa y se basa en una prueba empírica realizada en personas (un grupo compuesto generalmente por 10 individuos de diversos fototipos de piel), a las que se aplican las cremas en dos áreas iguales de la espalda, una con el producto aplicado y otra sin él, para someterlas a diferentes dosis de rayos UVB. Se observa y anota la dosis necesaria para producir la quemadura en cada zona, hallándose posteriormente el índice de protección ante los rayos. Aunque es un método estandarizado, los valores varían mucho entre las diversas personas.

Ante una misma crema, en dos individuos del mismo fototipo de piel surgieron factores de protección tan distintos como el 4 y el 9, lo que nos da una idea de la variabilidad de los resultados de este método y, lo que es más importante para el consumidor, de lo relativo que resulta el índice de protección que declaran estas cremas, ya que su eficacia depende en gran medida del tipo de piel del usuario. Cabe destacar también que no todas las personas han experimentado los efectos de las ocho cremas, ya que no podía pedirse a quienes se sometieron a la prueba que aceptaran acumular en su espalda 8 quemaduras, provenientes de las pruebas con cada una de las cremas solares analizadas.

En realidad, el grupo que participó en esta prueba era notablemente superior a esas 10 personas.El método Colipa es empírico y proporciona un valor medio de índice de protección de cada crema de los 10 participantes en el ensayo de esa crema. Se trata de un valor aproximado y como tal hay que entenderlo. Cada piel, incluso siendo del mismo fototipo, constituye una realidad fisiológica muy peculiar y tiene un comportamiento particular ante los rayos UVB, e incluir en ensayo analítico10 pieles distintas reduce la variabilidad, pero sería mejor recurrir a 100 ó 1000 personas para determinar el factor de protección medio de cada crema; de todos modos, según se eligieran esas personas, los resultados también variarían.

En resumen: en la prueba realizada, con otro grupo de personas los resultados habrían sido distintos. Pero, de todos modos, los fabricantes deberían ofrecer cremas solares que, al menos, superen los tests normalizados, como el Colipa, utilizado en este análisis de CONSUMER; que, por cierto, es el que ellos mismos usan (también normalmente con 10 personas en el test) en sus ensayos de calidad de producto. Cuando en el cuadro se indica que una crema tiene un índice 8 (+/- 1,5) significa que, aun siendo 8 el índice medio de las 10 personas a las que se aplicó el producto, la variabilidad estadística media de los índices obtenidos para las distintas personas es de más menos 1,5, que podemos entender como normal para esta prueba. Una variabilidad menor significa que la crema ha tenido un comportamiento más estable ante los diversos tipos de piel, y una mayor (como la de Piz Buin, más menos 2,15) que los índices variaron más.

Bronceado natural

Cuando la radiación solar llega a la piel, ésta articula unos mecanismos de defensa cuya eficacia es satisfactoria sólo dentro de ciertos límites de exposición, que no son iguales para todas las personas ni tampoco para la misma persona en todas las situaciones. Por ello, es necesaria la fotoprotección externa: los filtros solares. El más importante mecanismo defensivo de nuestro organismo es la melanogénesis, o proceso de fabricación y distribución en la epidermis de las melaninas, células responsables del color de la piel y el pelo. Cuando la radiación ultravioleta llega a la piel, ésta produce melanina, que proporciona el color moreno.

La hiperqueratosis es una situación epidérmica relacionada con la radiación solar y caracterizada por un engrosamiento del estrato córneo. Se trata de una respuesta retardada del tejido cutáneo a la agresión solar, una reacción de adaptación equivalente a los muy modestos coeficientes de protección 2 ó 3. La piel también se protege de los radicales libres (moléculas que inician reacciones fotoquímicas y causan deterioro celular). Los sistemas enzimáticos mantienen a estos radicales libres en unas concentraciones compatibles con la actividad celular, para que no dañen a las células. Las vitaminas y los oligoelementos captan los radicales libres y previenen el daño celular.

Pero todos estos sistemas de protección disminuyen con la edad y las sucesivas exposiciones a las radiaciones solares. Recibimos, por herencia genética, la relación de equilibrio entre la cantidad de melanina y la facultad de reparación de las células de la epidermis. Pero cuando se toma el sol, se consume parte de esa herencia; por eso, a los 50 años comienza a disminuir esa acumulación y acaba desapareciendo. Cuando los mecanismos de protección de nuestro organismo no son suficientes, ya sea por la intensidad de la exposición o por el no uso de fotoprotectores externos, el sol daña la piel. Y a pesar de que el enrojecimiento y las ampollas resulten espectaculares y dolorosos, los efectos más perjudiciales son los que pueden aparecer a largo plazo: el envejecimiento prematuro de la piel y el temido cáncer de piel.

Mejor con filtros

Las cremas o factores de protección solar no son sólo un moderno invento de la farmacopea. Constituyen la primera medida de protección en los baños de sol. Los primeros filtros solares aparecieron en 1928 en Estados Unidos y eran de tipo químico: el salicilato de bencilo y el cinamato de bencilo. Un año después apareció en Australia otro filtro químico, el salicilato de fenilo. Francia , en 1943, fue el primer país europeo en fabricar estos filtros.

Los filtros actúan por absorción de los fotones de energía ultravioleta y transforman ésta en otras energías de diferente longitud de onda. Están sometidos a una estricta legislación, poseen una buena tolerancia dermatológica y absorben las radiaciones UVA y UVB.

Lo último en el mercado son los filtros biológicos, que incorporan vitaminas para reforzar la acción de los tradicionales filtros químicos y físicos. Las vitaminas A, E y B5 poseen efectos antioxidantes y, al parecer, bloquean la acción de los radicales libres, por lo que se convierten en agentes preventivos del fotoenvejecimiento y del cáncer cutáneo.

La vitamina A no sólo potencia la función de barrera de la piel, sino que además mejora su aspecto y elasticidad. También acelera el proceso de división celular en la epidermis, mejora la calidad enzimática y frena el adelgazamiento de la piel. La vitamina E protege las membranas celulares de los efectos destructivos de los radicales libres procedentes de las radiaciones solares y forma un escudo para impedir que éstos penetren en el interior de las células. La vitamina B5 estimula el crecimiento epitelial cutáneo y ejerce un efecto antiinflamatorio y protector: aporta a los filtros solares propiedades cicatrizantes, hidratantes y suavizantes. Tomando como base estas vitaminas, ha aparecido otro producto: las pastillas bronceadoras, complejos vitamínicos o aportes nutricionales que favorecen la pigmentación de la piel y potencian el bronceado, pero no protegen de las insolaciones ni de los rayos nocivos del sol.

Los dermatólogos aconsejan utilizar productos con factor de protección solar igual o superior al 15 y aumentar este índice conforme la piel del usuario sea más clara. Por otro lado, es mejor que estas cremas sean resistentes o impermeables al agua (normalmente, se usan en playas y piscinas) y que ofrezcan un espectro total, al proteger la piel frente a los rayos UVA y UVB. Deben aplicarse antes de la exposición al sol y cada dos o cuatro horas, según la hora de exposición, intensidad del sol, tipo de piel, número de baños de agua y teniendo en cuenta las superficies reflectantes, como agua, arena o nieve.

Utilizados correctamente, los protectores solares reflejan o absorben una parte del espectro de radiación solar y reducen la probabilidad y la intensidad de las quemaduras al bloquear los rayos ultravioletas (UV), pero no todas las cremas están formuladas de igual modo, con lo que sus efectos también varían. Según los resultados del análisis (que, como se ha dicho, son aproximados), tan sólo dos de las ocho cremas cumplen con el factor de protección anunciado en el envase. El de Pizbuin está incluso por encima del 8 declarado, llegando al 9.25 de media.

Johnson´s, con un índice real de 8 , cumple con lo declarado. Sin embargo el resto no alcanza, según el ensayo realizado por CONSUMER siguiendo el método Colipa, esa media requerida, la de índice 8. Delial y Nivea se quedan en 6,5 y 6,2, respectivamente, y Nenuco (5.9), Chen Yu (5.3), Zeozon (5.2) e Isdin (5.2) están aún más lejos del factor anunciado. Curiosamente, el más caro y el más barato (Isdin y Zeozon) son las que más se alejan del índice medio 8, al alcanzar un factor medio de protección de sólo 5,2.

Los peligros del sol

Durante el proceso de bronceado, las radiaciones ultravioletas matan las células de la piel y alteran la función del colágeno y de la elastina. Pueden llegar a producir la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que conocemos como "ponerse rojo como un cangrejo". Después de haberse quemado, la piel se pela y pueden salir manchas como resultado de cambios locales en la melanina. Pero estos son sólo los cambios inmediatos y visibles que produce el sol, los menos perjudiciales para nuestra salud. Con el envejecimiento fisiológico, la piel se vuelve laxa, con grosor y arrugas finas, peor respuesta inflamatoria (cicatrización lenta y aumento del riesgo de infección) y menor inmunidad pero normalmente sólo presenta tumores benignos. En cambio, la piel fotoenvejecida por acción del sol (o de los solarium con lámparas) es gruesa, presenta pigmentación irregular, surcos profundos y puede dar lugar a tumores malignos.

En los últimos 15 años, el melanoma, el más grave de los tumores cutáneos, se ha convertido en uno de los cánceres que más ha aumentado su incidencia. En España se diagnostican cada año entre 35.000 y 40.000 casos nuevos. Pero tomar el sol tiene también efectos positivos: su acción antidepresiva, la mineralización ósea y la activación de la vitamina D, la mejoría de ciertas lesiones cutáneas y el aumento de la secreción de melatonina. La protección que proporcionan estas cremas solares ejerce un gran beneficio a nuestra piel, pero quien siendo niño no ha utilizado una protección adecuada, y ha sufrido muchas o graves quemaduras, tiene (aunque de adulto se haya esmerado en la protección), más posibilidades de sufrir un melanoma, o cáncer de piel, que quien no se ha quemado nunca a pesar de que no haya utilizado cremas de protección antes ni ahora.

Los niños son muy sensibles a los efectos dañinos de las radiaciones solares, por lo que su protección ente el astro rey debe extremarse. La infancia y la adolescencia son periodos en los que las radiaciones del sol pueden poner en marcha alteraciones mutantes en los melanocitos, células pigmentadas de la piel, aunque el tumor aparezca a edades posteriores.

No sólo la piel, tambien los ojos

Las recomendaciones para evitar los daños de una excesiva exposición al sol se limitan a la piel, y los ojos, también muy sensibles a la radiación ultravioleta, quedan ignorados y desprotegidos. Al igual que la piel se cuida con cremas, los ojos deben protegerse con el uso de gafas de sol. Y no vale cualquiera. Para que un cristal nos ofrezca garantías debe estar fabricado siguiendo las normas del Instituto Europeo de Normas de Gafas de Sol (EN 1836:1997), y cumplir lo fijado por la directiva europea 89/686/EEC. Si están fabricadas con arreglo a estas normas, debe indicarse esta circunstancia en la etiqueta que, además, explicará las características del cristal y la cantidad de luz solar que es capaz de absorber.

Cómo tomar el sol

  • Aplicar el protector solar media hora antes de empezar a tomar el sol, ya que necesitan tiempo para penetrar y distribuirse por toda la piel.
  • Proteger los labios (con cremas hidratantes específicas) y los ojos (con gafas de calidad garantizada). La cara merece mayor esmero que el resto del cuerpo.
  • Los primeros 3 ó 4 días no se debe tomar el sol durante más de 15 minutos. Después podemos progresivamente la exposición al sol, pero sin sobrepasar las 2 horas seguidas.
  • Evitemos el sol entre las 12 y las 16 horas y utilicemos una crema protectora con el factor adecuado para nuestra piel.
  • Apliquémonos el producto cada 2 horas y después de cada baño. Los primeros días, usemos la crema cada hora.
  • Evitemos, antes de la exposición, el uso de colonias, perfumes y similares, ya que el sol puede provocar alergias, manchas o irritaciones en nuestra piel.
  • Algunos medicamentos muy comunes provocan reacciones cuando quien los ingiere se expone el sol. Si sigue tratamiento, consulte con su médico.
  • Cuando salimos del agua, debemos secarnos con una toalla: las gotas de agua pueden actuar como una lupa y producir quemaduras o manchas.
  • Aunque el día sea nublado, pongámonos crema protectora, ya que los rayos atraviesan las nubes.
  • Si la piel presenta enrojecimiento o quemadura por el sol, renunciemos a la exposición solar y apliquémonos a una pomada analgésica específica o un after-sun.
  • Especial atención a las pieles muy sensibles, como las de personas rubias, con ojos claros o piel muy blanca, además de todos los niños y ancianos. Estos grupos deben usar siempre cremas con factores de protección muy altos. Los primeros días de exposición, poco sol e incluso camiseta de algodón.
  • No utilicemos un producto del año pasado, aunque esté sin empezar. La estabilidad de la fórmula no se puede garantizar al 100%.
  • No usemos cremas bronceadoras sin factor de protección o inferiores al 8.
  • Las medidas de protección solar deben extremarse cuando nos hallamos en superficies reflectantes: nieve, hielo, arena, agua.
  • Utilicemos sombreros y de gafas de sol, ya que la exposición prolongada al sol puede favorecer la aparición de cataratas.
  • Conviene hidratar y refrescar la piel tras la exposición al sol: ducha y cremas hidratantes.

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