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Visitados y analizados 22 zoos y aquarium de todo el país: Han de mejorar en conservación de animales y en educación ambiental

Biólogos especialistas en espacios protegidos y fauna salvaje, acompañados de técnicos de la revista CONSUMER, han visitado y analizado, durante los meses de febrero y marzo de este año, 22 zoos y aquarium de muy diversos tamaños y características repartidos por todo el país

Precios y afluencia de público

  El estudio del número de visitas que recibe cada centro (casi 400.000 personas al año de media, con enormes diferencias entre unos y otros) revela que, en general, el consumidor sabe distinguir y se informa de los zoos en los que merece la pena invertir tiempo y dinero. Tres de los cuatro mejores figuran entre los de mayor afluencia. Son el Zoo de Barcelona (900.000 visitas al año), el de Cabárceno (600.000) y el Aquarium donostiarra (575.000 visitas). No obstante, el único sobresaliente, el de Jerez de la Frontera, recibe sólo 206.000 visitas al año.

También sorprende que uno de los peores, el Zoo de Vigo, compute 140.000 visitas. Es más comprensible, sin embargo, que el Parque Ornitológico Los Molinos registre sólo 7.000 visitas: es muy pequeño, se halla en un pueblo, Laguardia (Alava) y sus accesos son deficientes. Los dos con más éxito de público se ubican en Madrid (Zoo Aquarium, un millón de visitas anuales) y Barcelona (L´Aquarium, millón y medio).

Por otra parte, los zoos en España no son baratos: 1.130 pesetas cuesta de media la entrada a los adultos y 713 pesetas a los niños. El Marineland de Barcelona, mediocre en nuestro análisis, es el más caro: los adultos desembolsan 2.200 pesetas y los niños 1.300 pesetas. Un muy cuantioso gasto para cualquier familia. Sólo dos son de acceso gratuito: el de Guadalajara, de calidad mediocre, y el Zoo de Vigo, uno de los peores. Entre los que cobran, el más barato es precisamente el peor, el de Córdoba: 300 pesetas los adultos y 150 los niños. El de Jerez de la Frontera, el mejor los estudiados, tiene de bueno hasta el precio: 600 pesetas los adultos y 400 los niños. Dos (Safari Madrid y Safari Park Vergel de Alicante) que distan mucho de ser un ejemplo a imitar, son caros: 1.600 pesetas para los adultos.

Visitante, no cliente

  En lo concerniente al atractivo lúdico de las instalaciones, a la seguridad del público frente a los animales, la atención que reciben los visitantes y los servicios a su disposición, el 31% de los núcleos zoológicos no llega al aprobado. Los suspensos más sonoros los reciben el de Córdoba, el Aquarium Terrarium de Madrid, el Zoo de Vigo y el ornitológico Los Molinos. La otra cara de la moneda la protagonizan el Zoo de Barcelona, el Aquarium Finisterre de A Coruña, el Aquarium de San Sebastián y el Parque de Cabárceno. Las exhibiciones y actuaciones especiales son una de las ofertas lúdicas que menos prolifera (la mitad de los centros no las ofrecen). Los que más recurren al espectáculo son el Zoo Aquarium de Madrid y Marineland de Barcelona.

Por otra parte, la información que se ofrece al usuario para conseguir un provecho mínimamente didáctico de su recorrido por las instalaciones del zoo o aquarium, es deficitaria. Brillan por su ausencia los puntos de información interactivos (en el 81% de los zoos no los hay), las estructuras dedicadas a la interpretación ambiental (no las tienen 16 de los 22 centros) y cualquier tipo de publicación del centro (prescinden de ellas el 50% de los estudiados).

Los ambientes en los que viven los animales, desde el punto de vista del visitante, reciben un suspenso. Cinco zoos presentan una situación deplorable (Safari Madrid, Zoo Aquarium de Madrid, Aquarium Terrarium Madrid, Zoo de Vigo y Parque Zoológico de Córdoba) y el 45% puede y debe mejorar. No parece aceptable que pervivan zoos en los que se atisban restos de suciedad, barrotes o estructuras de aspecto carcelario, ambientes desagradables a la vista o tan poco adecuados para la vida de un animal como el cemento.

Por otro lado, es mejorable la seguridad del público frente a los animales: dos (zoo de Córdoba y Safari Madrid) no la garantizan, si bien quince lo hacen satisfactoriamente. Los cinco restantes (Zoo de Vigo, Safari Aitana de Alicante, Zoo Santillana del Mar en Cantabria, Marineland de Mallorca y Zoo de Jerez de la Frontera) tienen que mejorar en esta cuestión, que valoró las zanjas de seguridad en las zonas de grandes animales, el vallado, la doble puerta de entrada a los recintos, la disposición del centro que imposibilite la huida de los animales y las distancias que aíslen al público de los animales. Continuando con la seguridad de los usuarios, la atención médica que se dispensa a los visitantes es escasa -diez centros carecen de servicio sanitario- y el 40% de los recintos no cuenta con un plan de emergencia para situaciones urgentes.

Otra constatación es que los zoos no hacen el esfuerzo suficiente para adaptar sus instalaciones a las necesidades de los usuarios con discapacidades físicas. Se quedan, en conjunto, en un simple aprobado. Sólo cinco (Zoo Aquarium de Madrid, Natura Park de Mallorca, Aquarium Finisterre, Marineland de Mallorca y Río Safari Elche) están satisfactoriamente adaptados para minusválidos (accesos, aseos, recorridos...), y dos (Aquarium Terrarium de Madrid y Ornitológico Los Molinos) carecen de cualquier adaptación.

Educación ambiental: queda mucho por mejorar

Respecto al despliegue de un programa de educación ambiental y a la información pedagógica que se ofrece al usuario y a las actividades y exhibiciones que se llevan a cabo, la tercera parte suspenden. Los peores son el Aquarium Terrarium de Madrid, Zoo de Vigo, el de Córdoba y Safari Aitana de Alicante. Al otro lado se sitúan, con sobresaliente, el de Jerez de la Frontera y el Aquarium donostiarra.

Las exhibiciones educativas (la participación de los animales expone sus comportamientos naturales y su biología, sin que impliquen entrenamiento para actuaciones artificiosas o meramente lúdicas) no se dan en la mayoría de los recintos. La oferta de material educativo que ofrecen es también insuficiente. En la mayoría, se circunscribe a carteles. Y sólo la mitad de los centros pudo demostrar que cuenta con un programa de educación ambiental documentado.

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