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Es probable que muchos de nuestros lectores formen ya parte de ese enorme grupo constituido por los 18 millones de clientes de telefonía móvil que se contabilizan ya en España
Los teléfonos móviles actuales son útiles, pero ofrecen pocas prestaciones: sólo se emplean para hablar y enviar mensajes breves (SMS). Los UMTS (Sistema Universal de Comunicaciones Móviles), la tercera generación de móviles, pueden convertirse en una tecnología que cambie significativamente nuestro modo de vida. Aunque todavía no se comercializan (en España la Administración espera que entren en servicio en agosto de 2001), ya se habla de revolución en las telecomunicaciones: permitirán, entre otras cosas, conectar cualquier aparato del hogar, enviar y recibir todo tipo de información, transmitir voz, datos e imágenes de calidad, todo ello desde cualquier punto del planeta y a una velocidad 40 veces superior a la actual.
Sin embargo, la principal aportación de este novedoso sistema, videoconferencias aparte, será el comercio electrónico móvil y ya se augura que sustituirá a la tarjeta de crédito.
Por lo que respecta a las tarifas, éstas también cambiarán radicalmente de concepto. Se pasará del pago por minuto de comunicación al pago por cantidad de información transmitida o por capacidad de ancho de banda. Además, será una tecnología estándar: todos los sistemas UMTS del mundo deberán seguir unas normas de manera que sean compatibles.
Al igual que sucedió con los hornos microondas, la supuesta peligrosidad del campo electromagnético de los teléfonos móviles y sus antenas repetidoras es noticia. A pesar de que se han llevado a cabo numerosos estudios, por el momento no hay pruebas suficientes para afirmar que acarrean peligro para la salud, pero tampoco de lo contrario. Los campos electromagnéticos de muy alta frecuencia, como en el caso de los rayos X (1.000.000 Mhz), poseen la suficiente energía para dañar el material genético de las células y producir un efecto denominado ionización, que puede potencialmente causar cáncer.
Los teléfonos móviles (900Mhz -1.900 Mhz) no provocan ionización, aunque si podrían originar jaquecas, problemas de concentración o pérdida de memoria. Respecto a las antenas repetidoras, algunas comunidades autónomas, como la de Madrid, prevén establecer distancias mínimas de separación entre este tipo de instalaciones y viviendas, dependiendo de la potencia de las antenas. Se pretende, pues, prevenir unos efectos que todavía no se han probado con certeza.
La falta de datos concluyentes ha motivado que 14 países se unan para evaluar con mayor detenimiento el riesgo cancerígeno del uso de estos aparatos en los órganos más expuestos a sus emisiones: cerebro, glándula salivar y nervio acústico.
Los operadores de telefonía móvil han practicado una política de subvenciones de los terminales (por ejemplo, regalando teléfonos a cambio de darse de alta en determinada compañía) como una estrategia para captar clientes. Y para garantizar y rentabilizar dicha inversión, introducen un código de bloqueo, denominado SIM Lock, que impide que los teléfonos sean utilizados con otras compañías de la competencia.
Los pioneros del bloqueo fueron Atril y Telefónica Móviles. Amena en un primer momento adoptó la política de comercializar teléfonos libres, pero más tarde introdujo un bloqueo en sus terminales y una cláusula para liberarlos. Para solicitar la desactivación del SIM Lock, los clientes de este operador deben abonar cuatro facturas, y si se trata de un usuario de la prepago, la condición será haber realizado un consumo mínimo de 10.000 pesetas. Las condiciones de Airtel y Telefónica son muy similares. La primera, que el cliente haya operado con su servicio durante al menos un año, y la segunda, que sus facturas estén al corriente de pago. En el caso de que el cliente decida desbloquear su terminal sin haber transcurrido el tiempo de compromiso, deberá pagar 25.000 pesetas para poder desactivar el SIM Lock.
Desbloquear el terminal suponía, hasta ahora, cambiar de compañía manteniendo el aparato pero perdiendo el número. No obstante, a partir de 1 de julio, será posible la libre portabilidad del número: podremos cambiar de compañía y a la vez conservar nuestro número.
Uno de los principales atractivos de la telefonía móvil digital GSM es la itinerancia o roaming: la posibilidad de realizar y recibir llamadas en el extranjero. Para utilizar este servicio es necesario contratarlo previamente (el alta es gratuita) y que en el país donde se desee utilizar el móvil existan operadores telefónicos con los que se haya establecido el correspondiente acuerdo de roaming. Su funcionamiento es muy sencillo. Cuando un usuario llega a un país distinto al suyo, el propio teléfono se registra en la red de uno de los operadores del país, aunque también es posible realizar dicha operación de forma manual, escogiendo la compañía que más interese. Una vez elegida la red de un operador, se podrán enviar y recibir llamadas de voz, fax y datos sin ningún problema. Sin embargo, la comodidad se paga, y cara.
El usuario de un teléfono móvil no sólo debe abonar las llamadas que él mismo realice desde un país extranjero. Si recibe una llamada desde España, también costeará el recorrido de la llamada hasta llegar a la frontera. Uno de los problemas de la itinerancia son las zonas fronterizas, en las que se produce el llamado roaming involuntario. En poblaciones cercanas a las fronteras con Portugal o Marruecos, la red española es sustituida por otra de los países citados, cuya señal recibe el teléfono con más fuerza. Si efectúa entonces una llamada, la pagará como si estuviese en el extranjero. Y si suena su teléfono y descuelga, deberá abonar también el tramo internacional de la conferencia.
* Salvo que se indique lo contrario, la información se refiere a llamadas a teléfonos fijos.
Operadores y fabricantes lanzan novedades continuamente y la oferta crece a una velocidad de vértigo y cuantas más opciones haya, más difícil será para el usuario acertar en la elección.
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