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La depresión: Una enfermedad más, a diagnosticar cuanto antes

La depresión constituye, según los psiquiatras, la enfermedad mental del siglo XX y será la más importante en el XXI. Se estima que entre el 5% y el 10% de los pacientes que acuden a un médico de atención primaria padecen esta dolencia.

 

La depresión reviste una gran trascendencia social por su elevada incidencia, por el deterioro que causa en la calidad de vida de los afectados, y por los desorbitados costes sanitarios que genera. A los que hay que añadir los costes indirectos producidos por el incremento de la mortalidad que genera, por la disminución de la capacidad productiva de los enfermos y por el aumento del absentismo laboral.

Se confunden la tristeza o la melancolía con la depresión, y lo mismo ocurre con el estrés y la ansiedad, dado que estos procesos presentan síntomas comunes. Pero si son lo mismo ni requieren un tratamiento equiparable. La depresión no entiende de sexos, pero afecta a las mujeres más que a los hombres. Se estima que un 20% de la población femenina la padece en mayor o menor grado, mientras que en la masculina el porcentaje no llega al 9%. Lo preocupante, de todos modos, es que estamos ante un problema que no para de crecer en nuestra sociedad: el consumo de antidepresivos se ha multiplicado por tres en la última década y el de ansiolíticos, por cuatro.

Con frecuencia, la depresión no se diagnostica correctamente en atención primaria en sus primeras manifestaciones, ya que en la mayoría de los casos los pacientes refieren síntomas inespecíficos. Y esto ocurre a pesar de que resulta esencial un diagnóstico correcto nada más iniciarse los síntomas, ya que la depresión tiende a agravarse y, lo que es peor, a cronificarse, con lo que el tratamiento se convierte en más complicado y las consecuencias en más serias.

Para empezar, tristeza

Normalmente, el síntoma inicial es la tristeza, un sentimiento de melancolía y desgana que se va haciendo vez más profundo e intenso a medida que pasan los días. Y va surgiendo el desinterés por las actividades cotidianas, la vida social, la lectura, las aficiones, el trabajo. Aparecen asimismo problemas de concentración en las tareas que la persona desempeña e incluso en la lectura; se van abandonando los proyectos, y comienza a adueñarse de nosotros la percepción de ?no valgo para nada? y de ?nada merece la pena?. El ritmo de sueño se altera, sobreviene la somnolencia intensa al final de la tarde y el insomnio de madrugada, muchas veces con sensación de angustia y ansiedad. Pueden aparecer crisis de llanto sin motivo aparente y todo un cortejo de síntomas: opresión en el pecho, molestias gástricas, sudores, temblores, sensación de mareo, sequedad de boca, dolores de cabeza. Si el cuadro no cede de forma espontánea, y no se trata farmacológica o psicológicamente, acaba produciéndose una pérdida de la autoestima que en los casos más graves puede conducir al intento de suicidio.

La depresión puede aparecer sin causa aparente que la justifique, incluso en personas sin problemas, presuntamente felices, y bien situadas. En otras ocasiones, se desencadena por un determinado episodio o circunstancia: muerte de un ser querido, problemas laborales, divorcio, etc.. y se habla entonces de depresión reactiva, una reacción ante un episodio desgraciado. Lo habitual es que este último tipo de depresión ceda espontáneamente cuando se superan las circunstancias que la han generado, pero también puede cronificarse.

Atención a los síntomas

Deviene estratégico saber reconocer la depresión con los primeros síntomas, para acudir al médico y diagnosticarla correctamente e iniciar la terapia lo antes posible. En ocasiones, la depresión pura, la común, se puede confundir con la llamada enfermedad bipolar, caracterizada por provocar cambios bruscos e injustificados del estado de ánimo. Esta enfermedad, provocada al parecer por el desquilibrio de algunas sustancias químicas cerebrales, origina oscilaciones repentinas que conducen al enfermo de la euforia a la depresión.

Este trastorno bipolar, a menudo infradiagnosticado, afecta a casi un 2% de la población española. Una forma especial de depresión es la llamada post-parto, episodio depresivo mayor que se inicia en el mes posterior al parto. La prevalencia, muy importante, se sitúa entre el 8% y el 15% de las parturientas. La sintomatología puede ser de moderada a grave y afecta a todas las áreas de la persona, incluyendo las relaciones con el bebé. Su causa no está aclarada. El problema radica en que no se diagnostica, y en que pasa muchas veces desapercibida ya que los familiares y el propio afectado atribuyen los síntomas a otras causas: el agobio por la nueva situación, los problemas generados por el bebé... Según las estadísticas, sólo un 10% de las depresiones post-parto se tratan, y lo más preocupante, entre un 20% y un 30% de las depresiones post-parto se cronifican. Atención pues a esas ?depres? post-parto a las que no presta la atención que merecen.

Todas las depresiones deben tratarse

Actualmente, el arsenal de medicamentos antidepresivos es abundante y eficaz, y abarca una amplia lista de sustancias. Los antidepresivos son fármacos que actúan sobre los neurotransmisores, sustancias como la serotonina, la normadrenalina y la dopamina, que las neuronas utilizan para comunicarse entre ellas. Uno de los fármacos más utilizados es la fluoxetina que favorece el aumento de serotonina, regula el estado de ánimo y la energía vital. Su efecto no es inmediato y tarda, desde que se inicia su toma, entre 3 y 4 meses en surtir efecto. El tratamiento debe realizarse siempre bajo control médico. En algunos casos, cuando se trata desde la asistencia primaria y no hay respuesta eficaz al tratamiento inicial, o cuando el paciente presenta ideas suicidas, o la depresión es incapacitante o existen dificultades interpersonales que hacen necesaria la psicoterapia, hay que derivar al psiquiatra.

También está la opción de las psicoterapias, desde la de grupo con la supervisión de un terapeuta, psiquiatra, psicoanalista o psicólogo, hasta terapias individuales como la psicoanalítica, la conductista o la gestáltica.

El tratamiento de la depresión precisa de varios meses de trabajo con el paciente. Un caso leve puede durar de 3 a 6 meses en el mejor de los casos, uno moderado de 6 a 9 meses, y en los casos graves, los síntomas y el tratamiento pueden durar mucho más tiempo, precisando incluso de hospitalización y de terapias más enérgicas a base de varios medicamentos suministrados simultáneamente. En los casos más graves o muy prolongados, puede ser precisa la terapia electroconvulsiva (TEC) procedimiento poco utilizado y que consiste en administrar descargas breves de 3-4 segundos bajo anestesia general en varias sesiones. A pesar de que su tasa de éxito ronda el 85% es una técnica poco utilizada. Afortunadamente, en la mayoría de los casos el apoyo del médico y la medicación son suficientes, pero para ello es fundamental identificar lo antes posible la enfermedad e iniciar rápidamente el tratamiento.

Según el Diagnostic and Stadistical Manual of Mental Disorders, para cumplir los criterios de ?depresión mayor? el paciente debe tener, como mínimo, cinco de los siguientes síntomas durante un periodo igual o superior a dos semanas. Al menos uno de dichos síntomas debe consistir en estado de ánimo deprimido la mayor parte del día casi todos los días. Los síntomas a vigilar son:

  • Estado de ánimo deprimido
  • Disminución notable del interés o del placer por las actividades
  • Pérdida importante de peso y/o disminución del apetito
  • Insomnio o hipersomnia
  • Retraso psicomotor o agitación
  • Sentimiento de falta de valor o culpa
  • Disminución de la capacidad para concentrarse
  • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

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