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Mordeduras de animales e insectos: La vacunación, esencial para evitar infecciones

Los hogares con animales domésticos, especialmente perros y gatos, son cada vez más frecuentes.

  La presencia de animales de compañía en calles, parques, jardines, paseos... se ha convertido en habitual. La normativa obliga a vacunarlos y asegurarlos, pero ello en absoluto significa que todos los propietarios de mascotas cumplen este precepto. Es muy frecuente que los dueños de las mascotas sólo se mentalicen de la necesidad (y obligación legal y cívica) de vacunarlas después de una mordedura. Es entonces cuando se percatan de que la cartilla de vacunación del perro o gato se encuentra incompleta. Pero no sólo estos dos animales generan problemas de seguridad a los ciudadanos. Insectos, arañas e incluso víboras deberían tomarse también en consideración cuando se habla de mordeduras o picaduras, ya que las heridas que ocasionan revisten una gravedad similar.

Mordeduras de perros: cuidado con las infecciones

Las noticias acerca de ataques de perros a personas, a las que causan graves lesiones e incluso la muerte, se han multiplicado últimamente en los medios de comunicación. Pero las que ocurren con mayor asiduidad y no constituyen noticia son las mordeduras de perros, especialmente a niños, que no ocasionan lesiones graves pero suponen un peligro para la salud. Se estima que los perros son responsables del 80% de las heridas por agresión de animales domésticos que se atienden en los centros de salud de nuestro país. Una de cada cinco de estas heridas llega a infectarse. Los más afectados son jóvenes, generalmente dueños y cuidadores de los animales, que sufren mordiscos y laceraciones en las extremidades inferiores, en los antebrazos y las manos.

En los niños, las lesiones se producen preferentemente en la cabeza y en el cuello, aunque se han registrado casos en que poderosos perros han ocasionado daños con graves secuelas en otras zonas del cuerpo. La infección es una complicación habitual y puede conllevar consecuencias devastadoras, ya que los perros tienen una abundante flora bucal, polimicrobiana.

Esta flora incluye, entre otros, gérmenes como el Estafilococo dorado, la Pasteurella multocida y Estreptococos del grupo D, además del temido Clostridium tetani, responsable del tétanos y que se puede encontrar en los suelos, heces y hasta en la propia piel del animal. Si la herida se infecta, la zona interesada se pone roja, hinchada y llega a supurar. Si no es tratada farmacológicamente de forma adecuada, puede extenderse la infección y aparecer episodios de linfangitis e inflamación de los ganglios regionales.

Aunque menos frecuentes que las de perro, las mordeduras de gatos se infectan con más facilidad, debido a que estos felinos poseen muy afilados incisivos que penetran profundamente en el tejido. Sus mordeduras se pueden convertir en especialmente peligrosas cuando se localizan próximas a una articulación o en una zona en la que el hueso es muy superficial, ya que se complican con artritis u osteomielitis, infecciones de la articulación y del hueso, respectivamente.

Rabia y tétanos: toda precaución es poca

Tanto perros como gatos pueden transmitir la rabia o el tétanos, dos graves infecciones que pueden resultar incluso mortales. Si una persona es mordida por uno de estos animales, debe identificar al animal y retenerlo para comprobar si está vacunado conforme la norma exige. Tanto si lo está como si no, el afectado debe acudir a Urgencias para que se trate adecuadamente la herida y la desinfecten. Naturalmente, el paciente debe someterse a los tratamientos prescritos por el médico. Todo ello sin olvidar la visita al veterinario con el animal involucrado en el suceso y con su dueño, que deberá informar del estado de vacunación de su mascota. Además, podrá conocer las consecuencias que pudieran derivarse de la agresión que ha cometido su animal.

Habitualmente se administran al afectado antibióticos de manera profiláctica, especialmente si la mordedura se ha producido en las proximidades de huesos y articulaciones. La inmunización antitetánica debe hacerse siempre, debido a que muchas personas no han recibido dosis de refuerzo de la vacuna y su nivel de anticuerpos específicos ante el tétanos es bajo. La inmunización antirrábica hay que plantearla siempre que no se identifique al animal o no esté vacunado contra la rabia.

Insectos: inofensivos pero molestos

Pero no sólo los perros y gatos muerden. Con la llegada del buen tiempo, las excursiones al campo están a la orden del día y allí topamos con una serie de animales e insectos, aparentemente inofensivos, muy capaces de estropearnos la jornada. Las picaduras de heminópteros, como abejorros, avispas, abejas y hormigas, resultan molestas y dolorosas, ya que el veneno de estos insectos contiene histamina, bracidininas, hialuronidasa y serotonina, responsables de los síntomas que originan las picaduras. Se trata, en la mayoría de los casos, de síntomas benignos: la zona se hincha, enrojece y surge una sensación de quemazón con picor. Normalmente, las molestias desaparecen espontáneamente en pocas horas y apenas causan problemas si, nada más producirse la picadura, se aplica alguno de los productos farmacéuticos específicos para este problema.

Es aconsejable incluir en la mochila un tratamiento para las picaduras si se va al campo, a la montaña, de camping, de travesía, etc.. En algunos casos, una picadura de abeja o avispa puede desencadenar un cuadro de hipersensibilidad inmediata: aparecen edemas generalizados, broncoespasmo con sensación de ahogo y, en los casos más graves, edema deglotis y hasta shock anafiláctico, que puede ser mortal si no se aplica el tratamiento adecuado de forma inmediata. Las personas con hipersensibilidad requieren, ante estas situaciones, un tratamiento de desensibilización progresiva que normalmente resulta efectivo.

Arañas, temidas sin motivo

Las arañas son artrópodos muy temidos, aunque sin motivo alguno, ya que en nuestro país tan sólo dos especies pueden ocasionar algún disgusto. Una de ellas es la viuda negra, cuya mordedura produce un intenso eritema, como una urticaria, muy dolorosa y que en casos graves puede provocar síntomas generales (sudoración, agitación y convulsiones). El otro arácnido a tener en cuenta es la tarántula, con muy mala prensa pero no tan peligrosa como se cree, ya que su picadura normalmente sólo produce manifestaciones locales: dolor, quemazón e hinchazón. Las picaduras de arañas deben ser tratadas con desinfección local y profilaxis antitetánica, además del tratamiento local para eliminar los síntomas mencionados.

Serpientes, sólo hay dos venenosas

Como especies venenosas a considerar en España sólo citaremos dos víboras (Vípera Áspid, en el norte de la península, y Vipera latasti en el resto del país) que ocasionan mordeduras, especialmente en marzo y abril. El resto de culebras, a excepción de la bastarda o de Montpellier, no entrañan peligro alguno. La mordedura de una víbora se reconoce por dos puntos separados por unos 8 milímetros entre ellos, mientras que las culebras marcan una hilera de dientes sin apenas separación. El veneno de la víbora contiene enzimas que matan las células y coagulan la sangre, y hemolíticos, que provocan la rotura de los hematíes. Según la cantidad de veneno inoculado, la sintomatología puede ser leve, con hinchazón de la zona, o más grave, con reacción local intensa, náuseas, y vómitos. En los casos más graves, el veneno puede ocasionar un fallo renal y coagulación intravascular diseminada.

Ante una mordedura de serpiente, conviene seguir las siguientes pautas:

  • Inmovilizar la zona afectada, ya que cuanto más se mueva, más se disemina el veneno,
  • No aplicar un torniquete,
  • No succionar la herida,
  • Trasladar a la víctima al centro sanitario más próximo con la máxima urgencia, para que se le administre suero antivíbora o suero antiofidio, además del tratamiento de las mordeduras.

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