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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.
Las etiquetas de los alimentos envasados aportan una información muy útil para el consumidor que le permite, además de conocer las principales características de los productos que ingiere, hacerse una idea aproximada de la relación entre el precio y la calidad del alimento en cuestión.
Si el consumidor busca preferentemente una alimentación económica, primará el factor precio. Pero si lo que quiere es alimentarse siguiendo los cánones de una dieta equilibrada y saludable y hacerlo sin pagar por encima de lo necesario, será fundamental leer detenidamente las etiquetas. Naturalmente, también es interesante probar personalmente los productos e informarse, mediante revistas de consumo, de características y prestaciones no perceptibles por el consumidor y que no aparecen en las etiquetas.
De todos modos, hemos de apreciar en lo que vale (mucho) la información que nos proporcionan las etiquetas y nos conviene fijarnos bien en ellas, ya que constituyen el compromiso del fabricante ante el consumidor de que un artículo reúne las condiciones que exige la normativa vigente para esa familia de productos. La norma general es que el etiquetado ha de ser claro y conciso y que nunca debe inducir a error al consumidor en lo que se refiere a características, composición, naturaleza, cualidades, cantidad, origen o modo de fabricación.
En los productos alimenticios envasados hay dos clases de información: la general (común a todos y obligatoria) y la nutricional, opcional y que ofrecen sólo algunos de ellos. La general sirve para conocer las características esenciales lo que uno compra. La nutricional, que no es obligatoria pero sí muy conveniente, pone a disposición del consumidor información sobre las características nutritivas del alimento: calorías que aporta, los nutrientes que contiene, la cantidad de fibra, vitaminas, sales minerales, etc.
Aparte de estos datos, que son los más interesantes, en la mayoría de los casos también deben figurar otros, como condiciones especiales de conservación y de utilización, modo de empleo, identificación de la empresa (nombre, razón social, etc.), lote de fabricación al que pertenece el producto y su origen, si proceden de países no miembros de la Unión Europea.
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