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Los mejores Museos de Bellas Artes: muchas diferencias de unos a otros: Información y servicios, muy mejorables

Nuestro país puede presumir de contar con uno de los más importantes patrimonios artísticos del mundo

No todo es arte: también cuentan otras cosas

Esta de cómo se recibe y atiende al usuario nunca es una cuestión menor. Porque un museo de Bellas Artes (además de un suntuoso edificio en el que se propone al visitante sumergirse en una experiencia individual de contacto con expresiones artísticas representativas de una disciplina, época, país, autor o estilo determinado) es un recinto cerrado, un establecimiento al que un usuario llega, normalmente previo pago de una entrada (cuyo importe es ya considerable: una media de 500 pesetas), y en el que realiza una actividad que le puede ser resultar más o menos instructiva, interesante, útil y agradable o cómoda Estas carencias en información y en servicios son tanto más inoportunas en un momento como el actual en el que la afluencia a los museos crece cada año. Y no es necesario reflexionar mucho para concluir que todo el mundo, pero especialmente quien no está iniciado en el disfrute del hecho artístico, necesita información para entender el significado de lo que observa en un museo y para gozar -con conocimiento de causa- de las obras expuestas.

También parece obvio que todos, pero sobre todo quienes no tienen la costumbre de acudir a museos requieren de una señalización eficaz y sencilla de seguir, tanto para no perderse como para realizar un recorrido lógico y similar al previsto por los organizadores de la exposición. Y, por último, todos también, pero especialmente quien no está habituado a permanecer de pie durante varias horas necesita ciertas comodidades, como una cafetería o, al menos, un lugar donde descansar un rato. Por muy extraordinaria que resulte una película, si la butaca es incómoda o la proyección es defectuosa, difícilmente la experiencia será satisfactoria.

Algo similar puede ocurrir en un museo con un fondo permanente o unas exposiciones temporales magníficas (como ocurre con los 18 visitados por CONSUMER, que fueron seleccionados precisamente por compartir esta característica) en el que apenas se explica nada, ni en folletos ex-profeso ni en la propia sala, ni siquiera (más allá de los tres datos básicos), al lado de cada una de las propias obras, sobre lo que el usuario va "conociendo". O que, además, carece de instalaciones adaptadas para minusválidos, de teléfono público y de cafetería. Esta situación no es común, si bien uno de cada tres de los 18 museos estudiados no alcanzan el aprobado de media en lo que a servicios e información compete. Los mejores en atención al usuario (tomando globalmente la información y los servicios) son el Reina Sofía, el Thyssen y el Guggenheim. Por el contrario, los seis que suspenden, de peor a mejor calificación, son el Lázaro Galdiano (Madrid), el Tápies, Abstracto de Cuenca, BBAA de Bilbao, Nacional de Escultura de Valladolid y Gallego de Arte Contemporáneo. Y, además, el Dalí y el BBAA de Sevilla, se quedan en un aprobado raspado.

Información, escasa en algunos museos

En estos centros de exposición de arte, la información que recibe el usuario sobre la obra artística que va a contemplar adquiere una vital importancia para la comprensión del significado y de los matices fundamentales que la muestra encierra, y a veces incluso se empeña en ocultar. A pesar de ello, la información que sobre cada una de las obras expuestas ofrecen 7 de los 18 museos visitados ha sido calificada por los técnicos de CONSUMER como "insuficiente". Sólo en dos (el Prado y el Nacional de Catalunya) esta información pormenorizada se consideró buena. El resto de los museos (un total de 9), deben conformarse con un discreto "regular". Lo habitual es que la información que acompaña a cada obra se limite a la consabida ficha técnica: autor, fecha y técnica artística (óleo sobre lienzo, escultura en bronce, ...). Y nada más. Y que cada uno entienda lo que quiera, o pueda.

Continuando con la información, la situación anterior contrasta con la abundancia de datos sobre la obra expuesta a que puede acceder el usuario cuando penetra en cada sala. Se trata, en este caso, de información global, muy útil para contextualizar las obras exhibidas. Sólo en tres (BBAA de Valencia San Pío V, el Tàpies y el Lázaro Galdiano) no había folletos o explicaciones (pegadas en la pared, en paneles, etc) en la sala.

Otro aspecto analizado ha sido la facilidad de efectuar un recorrido ordenado y eficiente por la exposición, bien sea por la ausencia-presencia de indicaciones y señales o por la disposición de las salas. En cuatro museos (el Nacional de Catalunya, el Joan Miró, el Gallego de Arte Contemporáneo y el Lázaro Galdiano), los técnicos estimaron, por diversos motivos, difícil la realización de una visita ordenada.

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