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Alzheimer: La detección precoz ayuda a combatirlo

  Uno de los retos más complejos que han de resolver las sociedades occidentales es la adecuada gestión del inevitable envejecimiento de la población. La combinación entre la elevada esperanza de vida de que disfrutamos y la baja tasa de natalidad que padecemos, provoca un resultado explosivo: una drástica y progresiva inversión de lo que se conoce como "pirámide demográfica".

En España, viven ya cinco millones de personas mayores de 65 años, y todo apunta que, al cierre del año 2000, esta cifra rondará los seis millones y medio de individuos, es decir, el 16% del total de la población, uno de cada siete habitantes.

El principal problema de este envejecimiento generacional radica en que va asociado a una serie de enfermedades crónicas que constituyen, además de un lastre para la salud de los ancianos, un problema de índole social, además de económico.

Un caso paradigmático es el compuesto por las demencias seniles; ligadas al envejecimiento de nuestro organismo, pueden deberse a muchas causas, pero en el 90% de los casos el paciente sufre el mal del Alzheimer o, simplemente, padece alteraciones vasculares que le ocasionan pequeños, pero múltiples, infartos cerebrales hasta el punto de provocarle lo que popularmente se denomina falta de riego. Ni que decir tiene que las consecuencias son más graves cuando el diagnóstico revela que el enfermo sufre a la vez ambos trastornos.

Un repaso de las estadísticas revela que este tipo de demencias son poco frecuentes antes de los 65 años, pero también se constata que, a partir de esta edad, se produce un incremento exponencial: en la franja de 70 a 80 años, se comprueba que 15 de cada 100 personas sufren algún tipo de demencia, y entre quienes tienen entre 80 y 90 años, el número de afectados por algún trastorno de este tipo se eleva hasta un 33%.

Con frecuencia, y desgraciadamente, los familiares interpretan los primeros síntomas del Alzheimer como cambios típicos de la edad y no consultan al médico. En ocasiones, es el propio médico quien no concede mayor trascendencia a esas alteraciones, cuando un diagnóstico precoz puede permitir incluso detectar casos que puedan tener curación. O, al menos, garantizar una mayor efectividad del tratamiento.

Incógnitas sobre el Alzheimer

Las causas que originan esta enfermedad están áun por determinar. Si bien se conoce parcialmente la base genética del problema y se ha descubierto que se puede transmitir por herencia familiar, las investigaciones no han dado todavía con la alteración inicial que pone en marcha el proceso que conduce a la degeneración de las neuronas y la atrofia de la corteza cerebral. Sólo se consideran probados como factores de riesgo: edad avanzada, historia familiar de demencia, síndrome de Down y ser portador del genotipo APOE (un marcador genético), sin olvidar que esta enfermedad es más frecuente entre las mujeres. A este respecto, recientes estudios epidemiológicos han demostrado que las mujeres que se sometieron tras la menopausia a tratamientos estrogénicos sustitutivos tienen menos posibilidades de padecer esta dolencia, lo que mueve a creer que los estrógenos promueven un cierto poder preventivo, parecido al descubierto en los antioxidantes (vitamina E) y en algunos antiinflamatorios.

Incógnitas sobre el Alzheimer

Las causas que originan esta enfermedad están áun por determinar. Si bien se conoce parcialmente la base genética del problema y se ha descubierto que se puede transmitir por herencia familiar, las investigaciones no han dado todavía con la alteración inicial que pone en marcha el proceso que conduce a la degeneración de las neuronas y la atrofia de la corteza cerebral.

Sólo se consideran probados como factores de riesgo: edad avanzada, historia familiar de demencia, síndrome de Down y ser portador del genotipo APOE (un marcador genético), sin olvidar que esta enfermedad es más frecuente entre las mujeres. A este respecto, recientes estudios epidemiológicos han demostrado que las mujeres que se sometieron tras la menopausia a tratamientos estrogénicos sustitutivos tienen menos posibilidades de padecer esta dolencia, lo que mueve a creer que los estrógenos promueven un cierto poder preventivo, parecido al descubierto en los antioxidantes (vitamina E) y en algunos antiinflamatorios.

Reconocimiento, diagnóstico y tratamiento

Para la identificación de una demencia, se deben explorar de forma sistemática las áreas del conocimiento afectadas: memoria, aprendizaje, lenguaje, orientación, capacidad de razonar, manejo de tareas complejas, habilidades, ... Los médicos disponen, para un primer examen, de instrumentos de screening, que consisten en test breves, sensibles, específicos y sencillos. Mediante su aplicación, el facultativo no llega a obtener un diagnóstico preciso, pero puede determinar si el paciente precisa una exploración más completa. Confirmado el riesgo, el médico especialista efectúa un nuevo reconocimiento mediante pruebas radiológicas, analíticas y psicométricas, en aras de acercarse a un diagnóstico más exacto, aunque nunca definitivo, ya que sólo se puede afirmar con certeza que una persona sufre Alzheimer tras una biopsia cerebral o una autopsia. De ahí que a quienes reúnen los criterios clínicos compatibles con el Alzheimer se les diagnostique y trate como afectados por esta enfermedad.

El tratamiento, por su parte, siempre está orientado a mantener al máximo la capacidad funcional y mejorar la calidad de vida del enfermo. Los fármacos hoy utilizados e incluidos en el régimen de la Seguridad Social, poseen una acción terapéutica en casos de Alzheimer leves y moderados, mientras se espera que los que aún están en vía de investigación puedan resultar más eficaces, ya que bloquearían la formación de la proteína que contiene las neuronas causantes de la degeneración.

Los síntomas del Alzheimer

  • El primer indicio es la pérdida de memoria reciente, la capacidad de aprender nueva información o recordar algo aprendido.
  • Posteriormente, el avance de la enfermedad es gradual y provoca la aparición de otros cuadros clínicos, como la alteración del habla (afasia) y de la capacidad de realizar actividades motoras (apraxia), hasta el punto de limitar la movilidad del paciente en cosas tan elementales como vestirse, comer, caminar...
  • El enfermo sufre también dificultades para reconocer los objetos (agnosia), una desorientación en el espacio y en el tiempo, así como cambios de carácter...
  • No todos los casos son iguales. De hecho, a excepción del denominador común de la pérdida de memoria, en los pacientes pueden predominar los trastornos de comportamiento la desorientación o la movilidad.

Convivir con un enfermo exige lo mejor de nosotros

  • El tratamiento de un enfermo de Alzheimer es mucho más que la farmacopea. Uno de los retos de nuestra sociedad ante estos pacientes es cómo tratar sus problemas de conducta, sin olvidar el cuidado de su persona e higiene.
  • Las alteraciones en el comportamiento son frecuentes y constituyen un elemento perturbador del entorno familiar y social. Son frecuentes las identificaciones erróneas, el vagabundeo, las reacciones de agresión, las conductas sexuales anómalas, el insomnio... que hacen de la convivencia con un afectado un difícil problema para el que no hay soluciones satisfactorias. Solo cabe familiarizarse con el sufrimiento. Y, por si fuera poco, con el riesgo.
  • En ocasiones, la posible manipulación por el enfermo de cocinas de gas, termos, medicinas y otros elementos de riesgo constituyen un verdadero peligro.
  • Frecuentemente, un enfermo de Alzheimer requiere cuidados que sólo puede proporcionarle personal especializado. Y hay que proporcionárselos.
  • Los familiares deben aprender a convivir con esta devastadora enfermedad. Sin lugar a dudas, les resultará difícil ya que exige muchos sacrificios y una dedicación, solidaridad y cariño ejemplares hacia el enfermo. Pueden pedir ayuda y buscar consejo en la Federación Española de Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFAF), Calle Pintor Maeztu, 2º Bajo. 31008 Pamplona. Telf: 948 26 03 04.

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