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¿Quién no ha sufrido alguna molestia en el oído? Este órgano es tan complejo y sensible que difícilmente podríamos encontrar a alguien que responda negativamente a esta pregunta.
Los especialistas señalan que las patologías que afectan a nuestro aparato receptor son diversas, y coinciden en señalar como una de las más comunes el barotraumatismo. Originada por los cambios de presión, bien en el aire o en el agua, esta enfermedad altera fundamentalmente el oído medio (en casos excepcionales, al oído interno), y se manifiesta normalmente en su forma más leve: un ligero taponamiento de los oídos que padecen frecuentemente quienes, entre otros casos, sufren una infección de las vías respiratorias, practican el submarinismo, viajan en avión, o, simplemente, en coche por zonas de montaña.
Si bien en la mayoría de los casos el barotraumatismo desaparece espontáneamente (es cuestión de unas horas o de un día), es posible que se prolongue durante más de cuatro días, con el peligro de que el entaponamiento de la trompa y la presión desequilibrada lleguen a provocar un derrame seroso en el oído medio, cuyo tratamiento requiere atención médica.
La trompa de Eustaquio es un conducto que comunica el oído medio con la rinofaringe, de forma que permite una ventilación del mismo y que se mantenga una presión interior similar a la atmosférica. Cuando una persona se acatarra o padece una infección en las vías respiratorias altas (rinitis, faringitis, sinusistis...), la trompa puede quedar dañada hasta el punto de aparecer taponada por la inflamación o las secreciones propias de estas enfermedades; es entonces cuando se altera la presión en el oído medio, originando una extraña sensación, diagnosticada científicamente como barotraumatismo.
En condiciones normales, la trompa de Eustaquio adecua la presión de la caja del tímpano a la exterior mediante unos mecanismos de cierre y apertura fisiológicos que se activan al bostezar o mediante la masticación y deglución de alimentos y saliva (el ser humano degluta cada 40 segundos cuando está despierto y cada cinco minutos si está dormido). Los especialistas aconsejan una forma alternativa para contrarrestar los cambios de presión, que consiste en forzar la apertura de la trompa mediante la "acción de Valsalva": facilitar la entrada de aire en el oído, sonándose la nariz, con la boca y las fosas nasales bien cerradas.
Los barotraumatismos del oído se deben frecuentemente a los cambios de altura bruscos y a la práctica de deportes como el submarinismo. A nivel del mar, la presión es de 760 mmHg y a mayor altura ésta disminuye, de forma que si en el intervalo de ascenso el tiempo de adaptación para equilibrar la presión interior del oído resultara insuficiente, se podría producir un barotraumatismo del oído medio.
En los viajes aéreos, sufren mayor riesgo quienes se encuentran dormidos durante el descenso del avión, quienes no están habituados a volar, y las personas que padecen catarros rinofaríngeos, alergias y congestiones; en estos casos, la permeabilidad de la trompa se ve disminuida. Y algo similar ocurre entre los submarinistas, aunque en su caso se deben adaptar al agua, cuya presión es mucho más exigente que en la superficie, hasta el punto de poder provocar la rotura de la membrana timpánica, con la consiguiente penetración de agua en el interior del oído y la estimulación del laberinto debido a la temperatura del agua. El resultado podría ser fatal para el submarinista: la desorientación en el fondo marino.
Una forma muy especial de barotraumatismo es la que accidentalmente se produce cuando se efectúa la limpieza de conductos auditivos. Son sinuosos y tienen unas glándulas que segregan una sustancia cérea (el cerumen) que, en ocasiones, puede acumularse en su interior hasta llegar a taponar el oído. De hecho, hay personas que deben efectuar la limpieza con cierta frecuencia para impedir que el cerumen se endurezca y forme un verdadero tapón, aunque las molestias se limitan normalmente a la sensación de oir menos de lo habitual.
Para ablandar estos tapones, se suministran unas gotas que se comercalizan en farmacias, o, simplemente, un poco de aceite de oliva. Y una vez reblandecido el tapón, se inyecta agua templada con una jeringa especial, que elimina los restos de cerumen. Esta operación requiere, por su complejidad, la asistencia de un médico, ya que si la inyección del agua se produce con una presión excesiva se puede dañar el tímpano e, incluso, romperlo.
El conducto auditivo externo proyecta las ondas sonoras sobre el tímpano, donde se registra la primera vibración. A través de la cadena de huesecillos del oído medio, esta ondulación activa un delicado mecanismo que estimula las células acústicas, donde se produce la conversión de la energía de la presión en otra forma de fuerza que se transmite por el nervio acústico al cerebro.El origen de la sensación acústica está ligado a la actividad de los sistemas de transmisión y percepción de los sonidos, situados en el oído. El aparato de transmisión conduce la energía sonora a las estructuras del oído interno, de tal forma que la hacen apta para estimular las terminaciones sensitivas. Este sistema de transmisión está constituido por el pabellón de la oreja y el conducto auditivo externo, que, en conjunto, forman un embudo que potencia la energía sonora (cuando llega a la membrana timpánica, es el doble del pabellón auricular).
Por otra parte, para que la membrana timpánica vibre con soltura y precisión y, a su vez, transmita la onda a la cadena de huesecillos, es preciso que la presión a un lado y otro del tímpano esté equilibrada.
Los síntomas:
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