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De aquí a tres meses más de 30.000 millones de circuitos electrónicos pasarán la prueba de lo que se ha dado en llamar Efecto 2000. Como se sabe, y aunque parezca increíble, toda la inteligencia desplegada por los investigadores y creadores de productos informáticos pasó por alto el aparentemente sencillo detalle de que los programas de los ordenadores requerían una preparación especial para superar el paso de los dos dígitos (hasta el 99) al 00 del próximo siglo. Porque pasaremos al 2.000 y no al 1.900, como muchos ordenadores entenderían si no se hace el oportuno cambio.
La cuenta atrás ha comenzado, y el cambio del 99 al 00 no va a afectar únicamente al mundo empresarial. El temido Efecto 2.000 puede repercutir también en el creciente colectivo de consumidores y usuarios, y no sólo como receptores finales de las infraestructuras o actividades empresariales afectadas, ya que también se pueden ver perjudicados a través de los productos informáticos que poseen en su casa o en su puesto de trabajo.
La adaptación de los ordenadores personales al año 2000 es un proceso relativamente sencillo que a afecta dos niveles diferentes: el hardware (el ordenador propiamente dicho) y el software, o programas (del sistema operativo y de aplicación).
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