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Ya apenas nos extrañamos cuando vemos pedaleando por nuestras carreteras a grupos compuestos por varias decenas de ciclistas de las más diversas edades y complexiones físicas.
Y ello porque cada día es más habitual toparse, especialmente sábados y domingos por la mañana, con estos "pelotones" de aficionados a las dos ruedas, que aprovechan su tiempo libre para hacer deporte al aire libre, encima de su sillín y a velocidad de crucero. No hay competición, sólo se trata de divertirse, de oxigenarse un poco y de recordarle a nuestro acomodado organismo que no nos rendimos ante el sedentarismo, y que incluso le exigimos prestaciones deportivas.
El cicloturismo es una práctica lúdico-deportiva a la que no faltan motivos que explican su sostenido crecimiento: es un medio de transporte muy barato, la bicicleta, que puede utilizarlo prácticamente cualquier persona, independientemente de su edad o condición física.
Además, la bici no contamina la atmósfera, es muy silenciosa, obliga al ejercicio físico, ayuda a recuperarse de ciertas lesiones, reduce el estrés y, por si fuera poco, permite y favorece el contacto con la naturaleza. Sólo tiene un defecto: hoy por hoy, supone un peligro para quienes lo practican, ya que los ciclistas tienen que compartir las vías con vehículos motorizados de mayores dimensiones y más consistentes que la la frágil bicicleta, y que, además, circulan a una velocidad muy superior a la suya. La única solución real a este problema pasa, según los estudiosos del asunto, por la creación de vías específicas para ciclistas.
Pero no se trata de utopías defendidas por ciclistas radicalizados o alejados de la realidad: estas redes viarias nacionales y regionales para bicis son una realidad en gran parte de Europa. Así, la Red Nacional de Bicicletas de Holanda ofrece 18.000 kilómetros y en Finlandia, las vías cicloturistas suman 10.000 kilómetros, mientras que en Suecia y el Reino Unido rondan los 6.000 kilómetros. Cifras, en todos los casos, que nos hacen palidecer de envidia, ya que en nuestro país, el número de kilómetros de carreteras específicas para ciclistas es todavía insignificante. En España, hay varios proyectos encaminados a crear infraestructuras viarias para ciclistas. La iniciativa más importante es la llevada a cabo por la Fundación de Ferrocarriles Españoles, que pretende recuperar viejas vías de tren que se encuentran hoy en desuso (nada menos que 7.000 kilómetros) para su disfrute como rutas de turismo alternativo. Hasta la fecha, se han acondicionado cerca de 650 kilómetros, aunque los tramos transitables para cicloturistas rondan los 2.000 kilómetros.
La red viaria ciclista europea, por su parte, va a aumentar considerablemente gracias al proyecto EuroVelo. Este plan, impulsado por la Federación de Ciclistas Europeos, que agrupa a 52 organizaciones de todo el continente, trabaja por la creación de una red de 12 grandes rutas ciclistas que atraviesen el continente europeo de Norte a Sur y de Este a Oeste.
El cicloturismo puede ser practicado (y lo es, no hay más que fijarse en algunos veteranos que, superados ampliamente los 70 años, se esfuerzan encima del sillín) sin casi limitaciones de edad. No tiene tampoco contraindicaciones absolutas a nivel cardiovascular, respiratorio, osteoarticular o muscular. La facilidad de control del ritmo del esfuerzo, de su intensidad e incluso (mediante un pulsómetro) del efecto que ese esfuerzo produce sobre el organismo, permite que personas con muy limitadas posibilidades cardiovasculares puedan practicar el ciclismo aunque deban hacerlo en terreno llano y con desarrollos poco exigentes, muy ligeros. Por otra parte, el cicloturismo es mejor tolerado que la carrera continua en asmáticos, y la posibilidad de alimentación regular durante el ejercicio facilita su práctica en diabéticos.
Además, la ausencia de choques repetidos durante el gesto de la pedalada, el descanso de las piernas, que no deben soportar el peso del cuerpo (lo aguanta el sillín), y la posición de las caderas, flexionadas o semiflexionadas, hacen la práctica cicloturista aconsejable para obesos y a personas con problemas de artrosis en las extremidades inferiores. Incluso, y aunque tradicionalmente se desaconseja este deporte a quienes sufren problemas en las rodillas, la ya mencionada ausencia de choques, la pequeña tensión de los tendones cuando se usan desarrollos ligeros y la extensión incompleta de la rodilla, hacen que sea bien tolerado en lesiones de menisco o ligamentos. Sólo ciertos problemas rotulianos podrían contraindicar su práctica. Estamos, por tanto, ante un deporte saludable, apto y recomendable y para casi todo el mundo.
Cicloturismo, naturaleza, cultura e historia se aúnan en estas cuatro rutas que atraviesan la península de norte a sur, y de este a oeste.
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