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Artrosis de cadera: ¿Operación o ejercicios de gimnasia?

La articulación de la cadera es del tipo enartrosis, de mucha amplitud y con diversos movimientos, ya que se efectúan en los tres planos. Junto con el hombro, la cadera es la articulación de mayor movilidad.

Está reforzada por ligamentos, músculos y tendones y juega un papel fundamental ya que no sólo resulta esencial para andar, correr, saltar sino que también soporta el peso de nuestro cuerpo. La cadera muestra un diseño similar a los arbotantes de las catedrales, y la cabeza del fémur cuenta con una fina estructura que distribuye de forma uniforme las cargas y soporta las tensiones.

Cuando, por defectos de alineación de la articulación, estas tensiones no se reparten uniformemente y hay zonas o puntos de la cabeza femoral que soportan un exceso de carga, se dan las condiciones para que aparezcan procesos degenerativos como la artrosis, que en el caso de la cadera se denomina coxartrosis. Cualquier mala alineación del esqueleto puede originar zonas de presión excesiva, con roturas inicialmente microscópicas del cartílago articular que posteriormente generan la aparición de la artrosis.

Pero hay otros factores desencadenantes: exceso de peso, alteraciones del cartílago articular por traumatismos, infecciones, trastornos metabólicos, procesos inflamatorios e incluso endocrinos. Aunque la artrosis también puede manifestares sin causa aparente. La artrosis de cadera es un proceso frecuente que aparece a los 40 ó 50 años, afecta casi por igual a mujeres y hombres, y es de curso doloroso, muchas veces bilateral. Su incidencia aumenta con el paso de los años. La de la cadera es una artrosis que normalmente evoluciona mal, con tendencia al empeoramiento y la incapacidad. En las artrosis primarias (las que cursan sin otra anomalía), la evolución puede ser aceptable y es frecuente que no se precise tratamiento quirúrgico. Pero hay formas de artrosis en las que la destrucción de la cabeza femoral es rápida, en dos o tres años de evolución, y se precisa intervención quirúrgica.

Los síntomas más comunes son dolor, rigidez e incapacidad; en otras palabras, la limitación funcional. El dolor aparece en fases muy tempranas, e inicialmente afecta sólo a los movimientos pero luego también aparecen durante el reposo. Puede surgir en la nalga, en la parte externa del muslo, en la ingle e incluso en la rodilla; los dolores de rodilla que no encuentran explicaciones locales son a menudo secundarios de una afección de la cadera. Aparecen también limitaciones funcionales, disminuyendo el perímetro de marcha, dificultando la subida de escaleras o entorpeciendo la operación de ponerse los calcetines o anudarse el calzado.

Posteriormente, aparece la cojera con una forma de andar muy típica: el tronco se balancea del lado afectado cuando se apoya la pierna afectada. En muchos casos no hay concordancia entre las imágenes radiológicas y las molestias.

Dicho de otro modo, es habitual que se registren signos radiológicos de artrosis y pocas molestias. Y a la inversa.

Hay otras muchas causas.

La cadera puede sufrir por motivos distintos de la artrosis. La coxitis, un proceso inflamatorio, puede aparecer como un síntoma más de un reumatismo generalizado, como la artritis reumatoide o la espondilartritis anquilosante. La necrosis aséptica de la cabeza femoral, un proceso destructivo de la cabeza del fémur, es también una afección con síntomas parecidos a los de la artrosis, si bien la causa es distinta. No se conoce su origen, aunque se sabe que es más frecuente en hombres de 40 a 60 años que abusan del alcohol o han recibido elevadas dosis de corticoides.

La periartritis de la cadera también origina síntomas que pueden equivocarse con la artrosis. La inflamación de las partes blandas que rodean a la articulación, músculos, tendones y sobre todo las bolsas serosas que aseguran un buen deslizamiento de tendones y músculos, origina dolor en la cara externa de la nalga y muslo.

Por todo lo expuesto, cuando la cadera duele, o se presenta dolor en la nalga, en la cara externa del muslo o en zonas próximas, debemos identificar la afección para que se pueda dar con el tratamiento más adecuado.

Tabla A

  •   Ha de contrastar con su médico la conveniencia o no de hacerlos, aunque casi siempre vienen bien. En ocasiones, la artrosis de cadera precisa intervención quirúrgica. Hoy día, la prótesis, en cualquiera de sus modalidades, es la mejor solución si no la única. Los resultados son por lo general buenos. La necesidad o no de intervenir, el tipo de intervención y el momento más oportuno son cosa de los traumatólogos.

Normalmente, desaparecerán los dolores y la movilidad se conservará a un nivel satisfactorio. Por tanto, manos a la obra.

Para combatir la artrosis de cadera. El tratamiento persigue atenuar los dolores y mantener la movilidad y la musculatura. Para que disminuya el dolor, lo mejor es recurrir a los antiinflamatorios, pero debemos hacerlo siempre bajo control médico ya que su uso puede entrañar algunos problemas. Para descargar la articulación, hay que emplear un bastón que se llevará en el lado no afectado, en el "bueno".

Tabla B

  •   Deberemos aprender a andar con el bastón, cuyo mango estará a la altura de la cadera. El codo irá flexionado unos 20 grados.
  • Caminar frente a un espejo es una buena forma de aprender a andar adecuadamente. Intentaremos caminar lo más derecho posible y extenderemos el muslo hacia atrás, levantando bien los pies del suelo, sin arrastrarlos.
  • Al empezar el día, el paciente se siente agarrotado o rígido. Es el mejor momento para hacer los ejercicios de tensión o estiramiento (Tabla B ).

Pero estos ejercicios no deben ser realizados por quienes tienen prótesis de cóndilo o de hueco, ni por quienes sufren una displasia de cadera. No usaremos sillas bajas ni butacas mullidas. Para levantarse y sentarse de una silla, conviene echar el cuerpo hacia delante, apoyando las manos en el asiento o en los brazos de la butaca. Y erguirse estirando las rodillas.

Tabla C

  •   Deberemos vigilar también nuestro peso, ya que la obesidad sobrecarga nuestra débil cadera.
  • Pedalear en una bici o en un aparato fijo doméstico o de gimnasio constituye un buen ejercicio: mantiene la movilidad y fortalece los músculos. Ahora bien, habremos de hacerlo sin pedalear con mucha fuerza. Lo mejor para la cadera es moverse a menudo, y evitar "sentadas" de muchas horas, por ejemplo ante el televisor; nos costará mucho volver a levantarnos. Lo recomendable es dar muchos paseos y moverse con frecuencia.
  • Los ejercicios fortalecedores de los músculos (Tabla C) hay que hacerlos al menos tres veces a la semana. También debemos relajar los músculos y potenciar su flexibilidad y movilidad, con los ejercicios de la Tabla A.

Las tres tablas de ejercicios son efectivas cuando una o las dos caderas están doloridas, y cuando hay una artrosis o una simple rigidez. Si el paciente ha sido sometido a intervención quirúrgica o va entrar próximamente en el quirófano, o si padece afecciones distintas de la artrosis.


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