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Los fines de semana, las semanas blancas y los próximos carnavales son el momento propicio para que los aficionados a los deportes de invierno desempolven sus útiles (botas, esquíes, ropa de abrigo específica) guardados durante el verano y "tomen" las estaciones de esquí.
También conocido como "surf de nieve", el snowboard es el deporte de invierno de moda entre los más jóvenes. Aunque comparten pistas con los esquiadores, algunas estaciones, como San Isidro, Astún, Baqueira, Sierra Nevada o Pas de la Casa cuentan con pistas de half-pipe exclusivas para estos surferos de la nieve.
El esquí nórdico o de fondo es otra alternativa, económica (no hay que pagar por los remontes, ya que no se usan) y más relajada. Esta modalidad está hecha a la medida de quienes buscan un deporte tranquilo y seguro, lejos de la masificación y bullicio de las estaciones de esquí ; y de las colas que padecen quienes toman los remontes mecánicos para subir a las pistas.
Cualquier persona con unas mínimas condiciones físicas puede practicar el esquí de fondo, ya que se trata de una disciplina con un índice de lesiones muy bajo, si bien aúna coordinación, reflejos y esfuerzo aeróbico. Aunque se trata de una especialidad más implantada en países escandinavos y centroeuropeos, aumenta entre nosotros el número de aficionados que se deslizan por los cerca de 456 kilómetros de pistas nórdicas balizadas que hay en el territorio estatal.
Los mayores circuitos de fondo se encuentran en Candanchú (Huesca) y Sant Joan de L'Erm (Lleida), con 35 kilómetros cada una, en Cerler y Llanos del Hospital (Huesca) y Aransa (Lérida), con 30 kilómetros. En Navarra, Belagua y Abodi disponen de circuitos de 24 y 25 kilómetros, respectivamente.
Aprender la técnica es esencial en un deporte como el esquí, en el que abundan los accidentes y las lesiones. Quienes prefieren "pasar" de la inevitable disciplina que conlleva el aprendizaje suelen arrepentirse, ya que, aunque a base de intentarlo por sus propios medios, uno consigue esquiar con cierto nivel, siempre arrastrará consigo deficiencias técnicas que le impiden mejorar en sus prestaciones y le restan seguridad, especialmente en los trances difíciles (tormentas, pistas complicadas, pérdidas, ...) con que, antes o después, se encuentra el esquiador.
Aunque lo habitual es recibir las primeras clases de amigos ya iniciados en el deporte blanco, la opción más aconsejable es apuntarse a un cursillo impartido por profesionales especializados. En todas las estaciones hay escuelas de esquí, suficientemente dotadas de recursos humanos y pedagógicos para atender a las necesidades de los esquiadores. Las clases pueden ser particulares o colectivas. Es el usuario quien elige: si no se es muy hábil, lo mejor es comenzar con al menos un par de clases individuales. Sale caro, pero compensa. Una hora de cursillo individual cuesta entre 3.500 y 4.000 pesetas, mientras que una clase colectiva de dos horas puede conseguirse desde 1.900 pesetas por persona. La opción más provechosa, siempre que podamos, es dedicar una semana completa al aprendizaje.
Un cursillo colectivo de 15 horas repartidas en 5 días cuesta entre 8.000 y 15.000 pesetas (entre 500 y 1.000 ptas./hora), según la estación. Los precios son aplicables tanto al esquí alpino como al nórdico o al snowboard. Y los cursos son aconsejables en los tres casos, si bien el esquí nórdico resulta más sencillo de aprender. No olvidemos que, con frecuencia, las carencias técnicas se pagan con lesiones.
El coste de un equipo de esquí varía mucho. Hay género para todos los gustos y niveles. Entre botas, tablas, fijaciones y bastones, equiparse para el esquí alpino puede salir entre 55.000 y 185.000 pesetas. El desembolso se sitúa entre 50.000 y 100.000 pesetas para los amantes del snowboard, y a partir de 30.000 pesetas si se practica esquí de fondo. A la hora de comprar unos esquís, lo más importante es considerar nuestro nivel como esquiadores y el uso que se va a dar a las tablas. Las de los principiantes deben ser ligeras, dóciles y manejables. Al elegir unas fijaciones (que sujetan las botas a las tablas) el peso, la edad, la preparación física y el nivel de esquí del usuario, además de la disponibilidad económica, claro está, son los factores a tener en cuenta.
En la elección de las botas son fundamentales la comodidad al calzarlas, la rigidez lateral, la elasticidad frontal y una correcta sujeción al pie y al tobillo. Todo este material se puede alquilar en las propias estaciones, lo que es muy recomendable para los principiantes, dado el elevado coste de su compra.
El alquiler por un día de un equipo completo de esquí cuesta entre 1.200 y 2.500 pesetas. También se ha puesto de moda el mercado de segunda mano, que opera mucho entre los clubes y las federaciones. La ropa de abrigo ha de comprarse o pedirse prestada, dado que no se alquila. La indumentaria debe resistir al frío, retener el calor corporal y resultar cómoda para el usuario. Además, conviene que el anorak y el pantalón sean transpirables e impermeables. Las gafas de sol son esenciales, ya que la nieve refleja el 85% de la radiación que recibe.
También es interesante hacerse con gafas especiales de ventisca: las de sol resultan inútiles para el mal tiempo, ya que se empañan y permiten que se cuele la nieve entre los ojos con lo que se reduce mucho la visión, con la consiguiente pérdida de seguridad y de comodidad y calidad en el descenso. Guantes, gafas y ropa pueden costar, conjuntamente, entre 35.000 y 125.000 pesetas.
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