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En los últimos años el teléfono se ha convertido en más que un mero instrumento de comunicación interpersonal.
Basta una llamada para conseguir, en pocos minutos y sin moverse del sofá, la última especialidad en pizzas o paellas o un analgésico que acabe con un molesto y repentino dolor de cabeza.
A los teléfonos de servicio a domicilio de los más diversos productos o de otras prestaciones profesionales se añaden hoy ciertos números telefónicos de información cotidiana, puestos a disposición de los ciudadanos por los organismos públicos o asociativos. Así, nos es posible conocer la última hora del mercado laboral, qué hacer para dejar el juego, las rutas alternativas en un atascado día de operación-salida, o los documentos que se requieren para renovar el DNI.
El teléfono desempeña, además, una relevante labor social. Algunas asociaciones y ONG ofrecen líneas (en muchos casos, gratuitas) de atención e información, que pueden convertirsen auténticos salvavidas para personas en apuros, enfermas, deprimidas, maltratadas, víctimas de abusos sexuales, o con problemas de soledad, alcohol o drogas. Psicólogos, asistentes sociales, médicos y abogados, entre otros voluntarios, escuchan y orientan de forma altruista, anónima y confidencial a los cerca de 3 millones de personas, en su mayoría mujeres, que anualmente solicitan ayuda a través de estas líneas telefónicas.
Por otro lado, un número que no debemos olvidar a partir de ahora es el 112, ya es el que se deberá marcar en situaciones de emergencia: accidentes, incendios, catástrofes y otros problemas graves. Será el mismo número en toda la UE para ese tipo de contingencias.
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