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La gripe nuestra de cada año: Los medicamentos sólo combaten los síntomas

La gripe es una enfermedad infecto-contagiosa producida por un virus que afecta fundamentalmente a las vías respiratorias superiores y que tiene gran repercusión sobre el estado general de nuestro organismo.

  Aunque no se trata habitualmente de una afección grave, resulta muy molesta para quien la padece. Desde una perspectiva social, algunas epidemias de gripe podrían convertirse en catastróficas por la cantidad de bajas laborales que ocasionan y el consiguiente trastorno en los centros de trabajo, y por el bloqueo que causa la aglomeración de pacientes con estos cuadros gripales en consultas médicas y servicios de Urgencias. Y todo ello sin mencionar el elevado coste que supone esta enfermedad tanto para los seguros sanitarios como para las arcas públicas y las empresas y ciudadanos en general.

El virus o, mejor, los diversos virus de la gripe, se caracterizan por su gran capacidad de mutar. Y no cambian sólo de un año para otro, sino que incluso dentro del mismo año pueden aparecer subtipos de virus que hacen ineficaces las vacunas, previstas con periodicidad anual.

El virus se propaga con tan pasmosa facilidad como rapidez, por gotillas, por contacto directo, a través del aire,...; y, para rematar la faena, presenta un periodo de incubación muy corto, de 24 a 72 horas. Y se propaga de un país a otro con mucha facilidad. Si las enfermedades realmente graves para toda la población (pensemos en el cáncer o el SIDA, por ejemplo) tuvieran esta facilidad de contagio, nos encontraríamos ante un auténtico drama mundial.

Volviendo a la gripe, aparece en forma de epidemias y pandemias (epidemia que se extiende a muchos países o que afecta a casi todos los individuos de una localidad o región), a nivel mundial. Son famosas las pandemias de 1889, 1918, 1957 y 1968, que ocasionaron gran número de muertes entre la población. La de 1919, llamada gripe española, aunque también tuvo inicio en Asia, fue una auténtica catástrofe para el género humano: ocasionó no menos de 20 millones de muertos. Afortunadamente, no son frecuentes pandemias con tan alta letalidad, pero incluso una epidemia normal puede ocasionar muertos, aunque casi exclusivamente entre personas mayores y con patologías respiratorias o cardiacas, los grupos de alto riesgo para la gripe.

Un virus imprevisto y caprichoso.

Todos somos susceptibles de padecer la enfermedad, si bien la posibilidad decrece conforme aumenta la edad. La infección confiere, una vez superada, inmunidad para el futuro, pero esta inmunidad es sólo para el tipo de virus infectante. Dado el carácter mutante del virus, el haberla sufrido no nos protege contra la gripe que pueda venir en la temporada siguiente. La mayor incidencia de la gripe se registra entre los niños en edad escolar. Las tasas disminuyen progresivamente en los adultos. La epidemia de 1978, de gripe H1N1 (de origen ruso) afectó casi exclusivamente a menores de 25 años, mientras que las personas mayores y de edad avanzada se mostraban inmunes. La mortalidad fue muy escasa.

El de la gripe es por tanto, y concluyendo, un virus de comportamiento imprevisto y caprichoso. Cuando el virus llega a nuestras mucosas, penetra en las células y se multiplica en su interior. Las células invadidas por el virus mueren, y es de esta muerte celular, más que del propio virus, de donde se derivan la tos, la fiebre y los signos de sufrimiento de las mucosas: congestión, inflamación, dolor de garganta, laringitis y afonía, rinitis. También el malestar general (a veces intenso) el dolor en la nuca, en la región lumbar y en las extremidades parecen estar relacionados con los productos y detritus de las células muertas más que con el propio virus.

El cuadro gripal es normalmente violento e intenso, con síntomas catarrales en nariz y garganta, tos, fiebre alta, dolores musculares, postración, debilidad, escalofríos, ..., y dura tres o cuatro días. Cuando la fase aguda de la enfermedad se supera, el paciente queda en una situación de postración e impera la debilidad en su organismo. Lo más frecuente es que la gripe se cure sin secuelas y sin el lastre de complicaciones futuras, pero es también común que sobre el terreno debilitado que deja como huella una gripe se asienten infecciones respiratorias oportunistas que a su vez pueden durar varios días. La tos, en estos casos, puede ser intensa, molesta y persistente. En ocasiones, la gripe se confunde con procesos respiratorios ocasionados por virus distintos del gripal, pero que ocasionan también enfermedad respiratoria aguda.

El diagnóstico de gripe se hace por su carácter epidémico (es en realidad un diagnóstico epidemiológico), y por las características de su propagación. Pero cuando se presenta de forma esporádica, el diagnóstico sólo puede hacerse mediante pruebas de laboratorio.

También la gripe puede complicarse.

Una de las complicaciones más graves de la gripe es la bronconeumonía gripal. Lo más habitual es que los virus no pasen de la tráquea, pero por debilidad de las defensas a nivel general o local o por la existencia de enfermedades cardiacas, pulmonares o metabólicas, el virus de la gripe puede extenderse a la mucosa de los bronquios y de los alvéolos pulmonares, complicación grave que, sobre todo en personas mayores, puede convertirse en mortal.

El tratamiento de la gripe, ante la falta de una terapéutica específica, se limita a combatir los síntomas, a luchar contra la fiebre alta, el dolor y la tos. Se recomienda beber mucho líquido (agua y zumos de frutas, preferentemente) y reposar. Hemos de concienciarnos, de una vez por todas, de que no hay remedio eficaz contra la gripe. Hay que pasarla. La toma de antibióticos no sirve para nada. Al contrario, su consumo puede desembocar en un aumento del cansancio y la debilidad o en la aparición de diarreas; sólo deben ser administrados si se producen complicaciones y bajo prescripción médica. En general, son inútiles para esta enfermedad, y pueden tener efectos secundarios. Hemos de terminar con la (pésima) costumbre de tomar antibióticos de amplio espectro para combatir la gripe.

La gripe es, hoy, una enfermedad especialmente vigilada por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y las autoridades sanitarias de los diversos países, ya que los brotes epidémicos se pueden presentar en cualquier momento, aunque prevalezcan en otoño-invierno. Cuando en un país se registra un brote se notifica de inmediato a la OMS, que identifica el virus causante que, muy probablemente, será alguna variante de los aparecidos con anterioridad. Identificado el virus, se procede a la elaboración de vacunas, constituidas por varios subtipos de virus y numerosas cepas de años anteriores y los que se han identificado como virus nuevos.

Normalmente, a los 35 años una persona presenta una amplia inmunidad adquirida, por lo que la vacunación (salvo en situaciones excepcionales o brotes pandémicos o epidémicos con subtipos nuevos), es cuestionada por algunos especialistas. De hecho, en condiciones normales sólo se recomienda en los grupos de riesgo: ancianos, enfermos cardiorrespiratorios, renales o metabólicos, en los que una gripe puede ocasionar graves consecuencias. La vacunación también se sugiere en centros de trabajo donde se concentran grandes colectivos, por la gran facilidad de difusión y contagio que caracteriza a estos ambientes. Se pretende que no se vean afectadas colectividades que comparten espacio físico durante horas: industrias, oficinas, centros hospitalarios, ... De cualquier modo, para que la vacuna sea eficaz ha de ser específica para el subtipo causante de la enfermedad, y debe realizarse con suficiente antelación a la epidemia.

La vacuna, en contra de lo que algunos sostienen, no presenta contraindicaciones, salvo en quienes padecen alergia a las proteínas del huevo, medio en que se cultiva el virus que se inocula con la vacuna. Se ha utilizado como profilaxis la amantadina, pero sólo es eficaz en pocos tipos de virus, y juega por tanto un papel muy limitado.

La gripe, en dos palabras

  • Qué es: la gripe es una enfermedad infecto-contagiosa, causada por un virus que afecta a las vías respiratorias superiores y que tiene gran repercusión en el estado general de nuestro organismo: fiebre, tos, congestión, dolor de garganta, debilidad, escalofríos, ...
  • Por qué cada año la misma canción: Los virus de la gripe (hay muchos) cambian con facilidad, y no sólo de un año para otro, sino que dentro del mismo año pueden surgir subtipos de virus que hacen ineficaces las vacunas previstas para el inicial. Son virus de comportamiento imprevisible y caprichoso, contra los que es difícil luchar, aunque la OMS lo haga a nivel mundial. Además, no hay medicamentos que combatan la gripe. Sólo mitigan los síntomas. La única terapia posible es la preventiva, la vacuna. Y si el virus que nos ataca es distinto del previsto, la vacuna, probablemente, no será eficaz.
  • ¿Tiene preferencias la gripe? Los más susceptibles a padecerla son los niños y adolescentes, pero los grupos de riesgo lo constituyen quienes más riesgos de complicación grave muestran ante la gripe: ancianos y enfermos cardiorrespiratorios, renales o metabólicos.
  • Vacuna anti-gripal, ¿sí o no? Hay especialistas que la cuestionan (a los 35 años, una persona sana se ha hecho ya con una amplia inmunidad adquirida ante muchos de los virus de la gripe), pero no tiene contraindicaciones (exceptuando la alergia a las proteínas del huevo) ni efectos secundarios. Si formamos parte de los grupos de riesgo citados arriba, debemos vacunarnos. Se sugiere también para quienes acuden a centros de trabajo donde se concentran grandes colectivos: industrias, oficinas, hospitales, ...

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