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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Gambas peladas congeladas envasadas: Cuatro marcas engañan en el peso: venden hielo a precio de gamba

Se han analizado ocho muestras de gambas peladas congeladas y envasadas: Frudesa, Pescanova, Compesca, Delfín, Joyamar, Costa Fish, Froxá y Clavo. Se presentan en bolsas de muy diverso peso neto (declarado), desde 160 hasta 740 gramos.

  Su tamaño es también muy diferente: va desde las 132 piezas por kilo hasta las 908 piezas por kilo. En cuanto al precio (calculado a partir del peso neto real, ya que cuatro muestras declaran mucho más peso neto del que contienen), difiere también mucho, al ir desde las 913 pesetas el kilo de Joyamar hasta las 3.333 pesetas el kilo de Costa Fish.

Si bien se ha comprobado que las gambas se encontraban en correcto estado sanitario (con una poco relevante excepción) y de frescura, y que no se añade bórico (conservante prohibido, por perjudicial para la salud) a las gambas, este análisis ha detectado una irregularidad grave, ya adelantada. Se trata de un fraude al consumidor: la mitad de las muestras dicen contener un peso neto muy superior al real. Este último se halla descontando del peso bruto el peso del envase y del hielo. En teoría los fabricantes recurren al glaseado, o recubrimiento de las gambas con hielo, para conservarlas mejor. Pero el glaseado es innecesario en productos envasados. Y se permite (sin límite) sólo cuando el peso neto declarado es correcto, cosa que no ocurre en cuatro muestras. Y no estamos ante unos pocos gramos "sisados" con la disculpa del hielo, sino de un claro engaño al consumidor: Froxá declara 740 gramos netos de gambas y contiene 425. Delfín anuncia 200 y ofrece 154. Joyamar asegura 400 gramos y tiene 335. Y Costa Fish dice incluir 160 gramos de gambas, y proporciona sólo la mitad. En castellano asequible, venden agua helada (y mucha) a precio de gamba.

Otra irregularidad es que Clavo (el 39% de su peso bruto es hielo) no indica el peso neto, dato de carácter obligatorio.

Por otro lado, las gambas aportan proteínas de buena calidad biológica, así como cantidades importantes de calcio y iodo. Sin embargo, aunque sólo presentan un 1,5% de grasa y son poco energéticas (unas 90 calorías por cada 100 gramos), tienen mucho colesterol. En la cata, las mejores gambas fueron Pescanova (7 puntos), Frudesa y Calvo (6 puntos, ambas); las dos primeras salían a unas 2.300 pesetas por kilo neto real, y Clavo a más de 3.200 pesetas. Las otras cinco no aprobaron, incluidas cuatro bien poco baratas: Costa Fish (a 3.330 pesetas el kilo neto real) Froxá (3.500 pesetas), Delfín (casi 2.400 pesetas) y Compesca (2.018 pesetas). Los fallos más comunes fueron el escaso sabor, las numerosas gambas rotas, el color pardo y el tamaño pequeño. Como puede comprobarse, los precios engañan mucho: Pescanova, Frudesa y Compesca (que anuncian correctamente su peso neto) parecen más caras (se paga más por el mismo peso neto declarado) que Froxá o Costa Fish, pero en realidad ocurre lo contrario.

Aditivos, higiene y frescura, bien.

En ninguna muestra se detectó ácido bórico, aditivo prohibido. El bórico (E-240) es un conservante que utilizaban algunos fabricantes para la conservación de langostinos y otros crustáceos. Su uso está prohibido actualmente por sus efectos perjudiciales sobre la salud.

El laboratorio, por otro lado, detectó sulfitos, antioxidante permitido, en las gambas Delfín. Aunque la cantidad es muy inferior al máximo admitido por la norma (150 miligramos por kilo), su utilización no parece necesaria: sólo una de las ocho marcas los utiliza y, sin embargo, todas presentan un correcto y similar estado de frescura. En cuanto a la frescura de las gambas, ninguna muestra presentaba aminas biógenas, sustancias indeseables que aparecen cuando, por una mala conservación, se degradan las proteínas del producto. El estado higiénico-sanitario también es correcto.

Los niveles de aerobios mesófilos y enterobacterias (cuya reproducción se propicia cuando se rompe la cadena de frío) son inferiores a los máximos legales. Y los recuentos de S.aureus (germen relacionado con la falta de higiene, que carece de límites legales) se han considerado correctos salvo en Compesca, cuyo nivel se consideró "regular". En el mismo sentido, ninguna muestra presentaba Salmonella, germen patógeno.

Poca grasa, pero mucho colesterol.

Las gambas tienen mucha agua, casi un 80% de su peso, por lo que su aporte energético es muy modesto: 100 gramos de gambas peladas y preparadas proporcionan entre 90 y 95 calorías.

Las proteínas representan el 20% del producto, y son de elevado valor biológico ya que aportan todos los aminoácidos esenciales. Las gambas son muy pobres en hidratos de carbono y algo más generosas, que no mucho (1,5%), en grasas. En esta grasa, la relación entre ácidos grasos insaturados y saturados (los menos convenientes) es saludable. Pero, al igual que ocurre en la mayoría de los crustáceos, las gambas tienen mucho colesterol, 200 miligramos por cada 100 gramos, más que la mayoría de las carnes.

Respecto de los minerales, las gambas son una buena fuente de calcio, por encima de los pescados (excepto la sardina). Asimismo, aportan mucho iodo, necesario para la formación de las hormonas tiroideas y la regulación del crecimiento. En cuanto a vitaminas, sólo merece citarse el ácido nicotínico o vitamina B3.

Fraude: engaño en los pesos netos, o agua a precio de gamba.

Con el objetivo teórico de proteger los alimentos de la desecación, oxidación o contaminación, estas gambas se cubren de una película de hielo (glaseado), y que se usa en otros productos de pesca congelados. No hay reglamentación que determine en qué productos está admitido el glaseado ni en qué porcentajes se permite. De cualquier modo, los valores determinados en el laboratorio para las gambas estudiadas son muy elevados. Y más teniendo en cuenta que esta práctica es innecesaria. Tendría quizá algún sentido en productos a granel y sin protección, pero no es el caso de estas gambas, envasadas.

El glaseado más aceptable corresponde a Pescanova, con un 12%; el resto presentan valores por encima de un 20%, hasta llegar al 58% de Froxá y 60% de Costa Fish. Este aumento del peso del producto (que siempre confunde visualmente) se convierte en fraude económico al consumidor cuando el peso neto de las gambas no corresponde con el anunciado. Y esto ocurre en la mitad de las muestras. Froxá declara 740 gramos netos de gambas y sólo contiene 425. Delfín anuncia 200 y tiene 154 gramos. Joyamar asegura 400 gramos aunque contiene 335. Costa Fish dice incluir 160 gramos de gambas, a pesar de que sólo ofrece la mitad. Y Clavo sólo indica el peso bruto, por lo que el consumidor no sabe la cantidad de gambas que adquiere, a pesar que la norma obliga a indicar el peso neto. El de Clavo es de 242 gramos, mientras que el 39% del peso bruto es hielo.

Costa Fish y Froxá, por su parte, indican tanto el peso bruto como el neto. Pero Costa Fish tiene la mitad de gambas de lo que declara, muy por encima del margen tolerado (4,5%) para envases de entre 101 y 200 gramos. Y Froxá tiene un 43% menos, también muy por encima de la tolerancia permitida (15 gramos), para envases de entre 501 y 1000 gramos. Venden, ambas marcas, agua (y mucha) a precio de gamba. Pero no son las únicas.

Delfín y Joyamar sólo indican el peso neto, pero como se ha visto, cometen fraude al declarar mucho más peso del que realmente contienen. Las únicas muestras correctas en cuanto a pesos netos son Frudesa, Compesca y Pescanova.

Tamaños muy diversos.

Las gambas más grandes son las de Clavo, con sólo 132 piezas por kilo, mientras que las más pequeñas son las de Froxá y Costa Fish y con 908 y 874 unidades por kilo, respectivamente. El tamaño de estas dos últimas no gustó a los catadores, que también valoraron negativamente el de Joyamar (856 por kilo). El resto presentan un tamaño más satisfactorio, entre 311 y 418 gambas por kilo. Sólo Compesca, Froxá y Joyamar indican el tamaño, pero los valores parecen referidos a gambas enteras (sin pelar y con cabeza), si bien no se puede asegurar ya que en los envases no se indica, mientras que los valores determinados en el laboratorio de CONSUMER corresponden a gambas peladas y sin cabeza.

El número de unidades debería estar referido a gambas peladas, para que el consumidor pueda hacerse una idea de esta característica, tan importante en este producto como difícil de percibirse visualmente (por el glaseado). El tamaño de las gambas ha sido calculado teniendo en cuenta las gambas enteras. Pero no todas lo estaban. Así, el 11% de las de Costa Fish eran fragmentos, lo que los catadores percibieron y penalizaron. Froxá, Joyamar y Pescanova presentaron entre un 4% y un 5% de piezas incompletas, y el resto de las muestras incluían menos de un 2%.

Etiquetados completos.

Al margen de los pesos netos (afectados, como se ha visto, por las irregularidades de cinco fabricantes), las etiquetas incluyen otras informaciones de interés. Los alimentos congelados, una vez en casa, pueden almacenarse en el frigorífico un día. En el congelador de un monovolumen, 3 días; en un congelador de una estrella (-6ºC), una semana, en uno de dos estrellas (-12ºC), un mes, y en los de tres estrellas (-18ºC), varios meses. Estas indicaciones aparecen en seis muestras: Clavo y Froxá son la excepción. Hay que tener en cuenta la fecha de caducidad de estos alimentos a la hora de almacenarlos, dato que todos los envases indican. Pero si la conservación es importante, no lo es menos la descongelación. El modo más conveniente es hacerlo lentamente en la parte baja del refrigerador, como indican Costa Fish y Frudesa. Pescanova aconseja que se haga "bajo el grifo de agua corriente".

En realidad, las gambas (por su pequeño tamaño) pueden cocinarse sin descongelarse, si bien es más aconsejable hacer desaparecer el hielo antes de cocinarlas. Por otro lado, los alimentos descongelados no deben volver a congelarse, ya que la congelación casera no garantiza las cualidades nutritivas de los alimentos, y su estado microbiológico podría verse alterado. Esta recomendación la hacen todas las marcas, excepto Clavo. Ya en otro ámbito, sólo Costa Fish y Froxá indican la especie de las gambas que comercializan, penaeus.

Otros datos obligatorios incluidos en las etiquetas son los ingredientes, el contenido neto y el lote, exceptuando Clavo cuyo insuficiente etiquetado no incluye ni el contenido neto, ni información de conservación, ni lista de ingredientes. Costa Fish, Frudesa, Delfín y Pescanova incluyen otros datos de interés, como información nutricional y formas de preparación o recetas culinarias.

Cinco, de ocho, suspendidos en la cata.

Las preferencias de los catadores se inclinaron por una gamba íntegra, de color rojizo y tamaño grande, y dotadas de sabor y aroma intensos y característicos. La muestra mejor valorada fue Pescanova, con 7 puntos. Gustó su tamaño medio y su sabor y olor intenso, así como su firmeza en la boca. Su color pardo, sin embargo, no fue bien calificado. También gustaron Frudesa y Clavo, ambas con 6 puntos. Frudesa, con un tamaño algo mayor que Pescanova, no fue bien valorada en el sabor. Clavo recibió mala puntuación sólo en el color (pardo) y en la integridad (fue la marca con más gambas rotas).

Las otras cinco no consiguieron aprobar. Compesca y Delfin obtuvieron 4 puntos. En Compesca penalizó el olor, su escaso sabor y excesiva firmeza. Delfín obtuvo valoraciones discretas en todos los parámetros. De Froxá y Joyamar (3 puntos) no gustaron el tamaño pequeño y el sabor. De Joyamar tampoco satisfizo su color pardo y su firmeza, y de Froxá su olor. La peor fue Costa Fish, con sólo 2 puntos, plena de defectos. Si se cotejan estos resultados y los de laboratorio con los precios reales, la elección más acertada es Pescanova. Son las mejores (buen tamaño y las mejores al paladar), no engaña con los pesos y su precio real es medio, 2.375 pesetas el kilo neto.

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