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La migraña: Un auténtico quebradero de cabeza

El dolor de cabeza o cefalea es, en las sociedades occidentales, el síntoma neurológico más frecuente. Y, a pesar de su aparente vanalidad, encierra gran trascendencia socioeconómica: el 80% de la población padece cefalea de forma más o menos habitual, y sólo un 15% de la población no ha sufrido una cefalea alguna vez en su vida.

  Aproximadamente, en los servicios de neurología -ambulatoria y no ambulatoria- uno de cada seis pacientes acude por problemas de cefalea. Y dos de cada tres son mujeres. Esta afección constituye un auténtico quebradero de cabeza para los médicos, por la gran variedad de tipos de cefalea, la cronicidad o repetición de las mismas, el frecuente fracaso de los tratamientos y por la desesperación que esta falta de soluciones provoca en los pacientes.

En la mayoría de los casos, los dolores de cabeza se inician antes de los 30 años. La migraña o jaqueca, una especial manifestación de la cefalea que representa la mitad de las consultas por dolor de cabeza, se da preferentemente en las jóvenes. En las personas de más edad, y sobre todo en los hombres, la cefalea tensional es más frecuente, y representa una de cada tres consultas. Migraña y cefalea tensional son, por tanto, las formas más comunes de dolor de cabeza.

Por qué la migraña

Quienes la padecen muestran tendencia a la automedicación, actitud peligrosa porque los tratamientos no están exentos de riesgos, en ocasiones serios. Esta dolencia se inicia en la adolescencia, y es frecuente que se asocie a problemas digestivos; los niños y jóvenes migrañosos son propensos a marearse en coche, e incluso en algunos pueden surgir crisis de sonambulismo.

La crisis de migraña consiste en un dolor de cabeza intenso, iniciado en un lado del cráneo y generalizado posteriormente a toda la cabeza. Cursa en forma de latidos, acompañándose la mayoría de las veces de náuseas, vómitos, sensación de abatimiento y malestar general. Aparece frecuentemente la intolerancia al ruido y a la luz y una palidez facial en quien sufre la migraña. A veces, la crisis se anuncia con alteraciones visuales: manchas negras, destellos luminosos, líneas brillantes en zig-zag o áreas de pérdida del campo visual, que constituyen el "aura". Un 30% de los ataques de migraña presentan aura, más o menos larga. Cuando el ataque es intenso o dura varias horas, el estado general del afectado se altera, surge la somnolencia, el abatimiento y el cansancio, y el individuo busca tranquilidad y reposo. El dolor de cabeza se exacerba con los movimientos bruscos de la cabeza, con la tos, los esfuerzos, la defecación, y con los movimientos que aumentan la presión dentro del cráneo.

Las crisis son o muy frecuentes o escasas, y por lo general en las mujeres se presentan con la regla y desaparecen con los embarazos. Con la menopausia, dejan de surgir casi definitivamente aunque en algunas mujeres, pocas, se exacerban las crisis.

En los hombres, desaparecen habitualmente a los 45-50 años.

Los factores desencadenantes de la crisis de migraña son la menstruación, el estrés profesional o emocional, el ejercicio físico desmesurado, la falta o exceso de sueño, la exposición al sol, el uso de anticonceptivos, el exceso de tabaco y la ingesta de alcohol, especialmente el vino tinto. El consumo de chocolate, huevos, nueces, pescado ahumado, frutas ácidas y limón, o aditivos como el glutamato y los nitritos también propicia las migrañas. Al igual que lo hacen el ayuno prolongado y el descenso de la glucosa en la sangre.

El sol y el calor, la vida nocturna, las comidas copiosas y el alcohol (todo ello más frecuente en verano) pueden desencadenar asimismo estas crisis de migraña.

Tratamiento difícil

Cuando las crisis son aisladas, es suficiente con tratarlas, yugulalándolas. Pero si son muy frecuentes -varias al mes- hay que organizar un tratamiento de fondo preventivo. Unas veces son eficaces, otras no tanto. Cuando se inicia la migraña, lo mejor es el reposo en una habitación poco iluminada y silenciosa. Si se consigue conciliar el sueño, puede ser suficiente para acabar con la crisis. Si el dolor es muy intenso, hay que recurrir a la medicación.

Analgésicos

Hay que evitar asociaciones de varios analgésicos y debemos emplear de forma preferente los de menor riesgo: ácido acetil-salicílico (aspirina), paracetamol, naproxeno, ibuprofeno, diclofenaco sódico, dexketoprofeno y ketorolaco.

Agonistas serotonérgicos

Hoy se dispone de un poderoso vasoconstrictor, que cuando se comercializó (Sumatriptán) sólo se ofrecía como autoinyectable, luego salió en forma de pastillas y recientemente ha sido mejorado con un derivado (Zolmitriptán). Para ambos fármacos se administrará una segunda dosis si la migraña reaparece entre 4 y 24 horas después de la primera. No se administrará una segunda dosis si la primera no fue eficaz. Hay que tomarlos al inicio del dolor de cabeza y no cuando aparece el aura, ya que no reporta beneficio alguno. No deben combinarse con preparados ergotamínicos (véase más adelante). Podemos tratarnos con ellos siempre que contemos con la prescripción médica.

Estos medicamentos están contraindicados en personas con problemas coronarios, arteriosclerosis de extremidades y de otras localizaciones e hipertensión y problemas de riñón, ya que al producir vasoconstricción de las arterias puede ocasionar problemas. También deben abstenerse de este fármaco quienes manifiesten intolerancia a la lactosa, ya que los comprimidos la llevan como excipiente. Preparados ergotamínicos. Se recomiendan durante la fase de aura migrañosa y en la migraña con aura prolongada, y deben administrarse lo más precózmente posible, nada más notarse la crisis.

Si aparecen náuseas y vómitos, se tomarán en supositorios. La ergotamina tiene efectos secundarios serios si se toma de forma continuada, por lo que hay que dosificar su consumo. Antieméticos. Evitan náuseas y vómitos, y deben ser empleados precozmente. Los mejores son la metoclopramida y la domperidona.

Mejor prevenir...

Cuando la frecuencia o la intensidad de las crisis es alta o si la respuesta al tratamiento de las crisis es poco eficaz, se requiere un tratamiento preventivo. Hay fármacos sin efectos analgésicos y que no cortan las crisis, que deben tomarse durante periodos prolongados, no menos de tres meses. Para que se noten sus efectos han de transcurrir dos o tres semanas. Los medicamentos preventivos de la migraña son los betabloqueantes (propanolol, atenolol, nadolol) y los bloqueantes de los canales del calcio (flunarizina, nicardipino), utilizados para enfermedades cardiovasculares pero de gran aplicación en la prevención de la migraña.

Los antiserotonínicos (metisergida y pizotifeno) y los antidepresivos también se usan. Sólo debe utilizarse uno de ellos y nunca varios en combinación. La respuesta individual ante ellos es muy variada, en unas personas da buenos resultados y en otros son ineficaces. Estos fármacos están indicados según el tipo de migraña, la personalidad del afectado y la edad.

Por ello, el médico prescribe y controla la medicación. La migraña "de fin de semana" es atribuible al cambio de ritmo del sueño. Dormir mucho más de lo habitual aumenta los periodos de ensueño que coinciden con la fase de Movimientos Oculares Rápidos; al parecer, esto altera el calibre de las arterias y tensión de los músculos del cuello, lo que desencadenaría la crisis.

Si padece migrañas...

  • No desespere, el 80% de la población soporta los dolores de cabeza de forma más o menos habitual, y sólo un 15% no la ha sufrido alguna vez en su vida.
  • Hay muchos tipos de cefalea, son crónicas y el fracaso de los tratamientos es frecuente. La crisis de migraña consiste en un dolor de cabeza intenso, iniciado en un lado del cráneo y generalizado a toda la cabeza. Cursa en forma de latidos, acompañándose de náuseas, vómitos, sensación de abatimiento y malestar general. Aparece una intolerancia al ruido y a la luz y una palidez facial en quien sufre la migraña. A veces, la crisis se anuncia con alteraciones visuales.
  • El dolor de cabeza se exacerba con los movimientos bruscos de la cabeza, la tos, los esfuerzos y la defecación. Factores desencadenantes de las crisis de migraña: menstruación, estrés profesional o emocional, ejercicio físico desmesurado, falta o exceso de sueño, exposición al sol, uso de anticonceptivos, exceso de tabaco e ingesta de alcohol. Además, el consumo de chocolate, huevos, nueces, pescado ahumado, frutas ácidas y limón, o aditivos como el glutamato y los nitritos. También el ayuno prolongado, el descenso de la glucosa en la sangre, el sol, el calor, la vida nocturna, las comidas copiosas y el alcohol, pueden desencadenar estas crisis.
  • Cuando se inicia la migraña, lo mejor es el reposo en una habitación poco iluminada y silenciosa. Si se concilia el sueño, puede ser suficiente. Si el dolor es muy intenso, hay que recurrir a la medicación.
  • No se automedique. Acuda al médico, siga sus consejos y evite las situaciones y hábitos que desencadenan las crisis. Asuma que, lamentablemente, el tratamiento puede ser largo y poco eficaz.

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