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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Agua de la red pública: Del grifo al vaso, con confianza

Se estudió la calidad del agua de la red pública, la que sale del grifo de nuestros hogares, en 13 ciudades: Alicante, Barcelona, Bilbao, Burgos, Castellón, Hospitalet, Logroño, Murcia, Pamplona, San Sebastián, Santander, Valencia y Vitoria.

  Para ello, se tomaron muestras de cada ciudad a finales del pasado mes de febrero y se analizaron sus características fisico-químicas y su estado sanitario, así como la posible presencia de sustancias tóxicas procedentes de pesticidas o insecticidas usados en la agricultura y de otras sustancias no deseables, como los nitratos, los nitritos o el amonio.

La conclusión del análisis es positiva, ya que el agua corriente de las citadas poblaciones (salvo la de una, con leve contaminación bacteriana) es de buena calidad y potable. Las muestras estudiadas presentaron un correcto estado sanitario, con una excepción: el agua de Castellón, que arrojó recuentos muy superiores al nivel recomendado de aerobios a 22 grados centígrados de temperatura . Casi con seguridad, esta contaminación leve -que no supone riesgo para la salud de quien ingiere ese agua- es debido a una desinfección insuficiente, debida al déficit de cloro. La concentración de cloro residual en la muestra de Castellón es menor que la de la mayoría de las aguas estudiadas, y no alcanza el nivel adecuado. Pero esto ocurre en otras cuatro ciudades, cuyas aguas no sufren la contaminación leve del agua de Castellón.

Las principales diferencias entre las muestras se dieron en los niveles de mineralización y dureza, toda vez que la presencia de nitratos y nitritos, aun siendo distinta, era, en todos los casos, inferior a los dictados por la norma vigente para las aguas de la red pública.

Las del Norte, sobre todo las de Burgos y San Sebastián, presentaron un contenido en minerales mucho menor que las de la zona oriental, con la única salvedad del agua de Vitoria, de mineralización alta. Y a excepción en este caso de Santander, también las aguas del Norte son menos duras que las de las poblaciones del Este; es decir, sus niveles de calcio y magnesio son muy inferiores. La legislación técnico-sanitaria para el abastecimiento y control de calidad de las aguas potables destinadas al consumo público establece un gran número de condiciones para determinar la calidad del agua potable. Si los niveles de alguno de los parámetros detallados a continuación son muy elevados, el agua podría suponer un riesgo para la salud pública.

Una de las claves, el estado sanitario.

En general, el análisis reveló el cumplimiento de la legislación respecto a los caracteres microbiológicos, a tener en cuenta puesto que el agua es vehículo óptimo para la transmisión de bacterias patógenas (causantes de enfermedades).

En ninguna muestra se detectó presencia de coliformes totales y fecales, estreptococos fecales o clostridium sulfitorreductores. Sólo el agua de Castellón presentó un nivel de aerobios a 22ºC muy superior al criterio de calidad. No se trata de una contaminación grave, y al ser de una medición puntual, sólo es posible asegurar que en el momento de la toma, el agua no era microbiológicamente correcta. Aunque no sobrepasa los niveles de tolerancia, también Santander presenta un recuento de areobios superior al del resto de las muestras, tanto a 22 como a 37 grados de temperatura. Esta contaminación podría deberse a una desinfección insuficiente, puesto que Castellón y Santander se encuentran entre las ciudades con una menor concentración de cloro activo en sus aguas, y por debajo de los 0,2 miligramos de calcio por litro recomendados. Es necesario un seguimiento de la calidad bacteriológica de estas aguas por parte de las autoridades sanitarias.

El agua, por otra parte, no debe ser ni ácida ni alcalina, sino neutra, para evitar problemas como la corrosión de las tuberías o la irritación ocular del consumidor. El nivel máximo de pH permitido para el agua de consumo es de 9,5, aunque es preferible que sea inferior a 8, para que la desinfección con cloro sea eficaz. Todas las muestras se sitúan dentro de ese rango de valores.

Mineralización y dureza.

Las aguas con un nivel alto de minerales (cloruros, sulfatos, bicarbonatos, calcio, magnesio, sodio) no son recomendables para personas con problemas de riñón ni para la preparación de alimentos infantiles. La norma establece un valor de calidad, basado en la conductividad eléctrica del agua, de 400 S/cm a 20 grados centígrados. Son varias las muestras que superan ese valor. Destacan las de Hospitalet, Barcelona, Valencia, Murcia y Alicante, con una conductividad eléctrica (a mayor conductividad, más minerales tiene el agua) de hasta el triple de lo recomendado. Las aguas de estas cinco ciudades contenían una cantidad de sales disueltas muy superior a lo aconsejable, aunque no se hallen fuera de norma. En el polo opuesto, las de San Sebastián y Burgos, tenían un nivel muy bajo de mineralización.

Ya en la dureza del agua (concentración de iones alcalinotérreos en disolución), el agua será más dura cuanto mayor sea la cantidad de calcio y magnesio. Por encima de 200 miligramos por litro (mg/L), el agua puede originar incrustaciones o depósitos de cal en los sistemas de distribución y en los electrodomésticos que utilizan agua caliente. Al lavar con aguas duras, el jabón apenas hace espuma. Por su parte, las blandas (por debajo de 100 mg/L) resultan más corrosivas para las tuberías. Las muestras de Barcelona, Castellón, Hospitalet, Murcia, Valencia y Santander son duras, con más de 300 mg/L, mientras que las recogidas en Pamplona, Burgos y San Sebastián son blandas, con una dureza inferior a 100 mg/L. Las de Alicante, Bilbao, Logroño y Vitoria son semiduras, de entre 100 y 200 mgCa/L. Conocer la dureza de las aguas de la red pública ayuda a acertar con la dosis de detergente que requieren las lavadoras.

Nitratos, bien.

La actividad de ciertos microorganismos y procesos enzimáticos puede provocar la reducción de los nitratos a nitritos. Los nitritos son capaces de formar nitrosaminas en el organismo por combinación con aminas procedentes de otros alimentos, y son supuestamente cancerígenos.

También pueden provocar cianosis en los lactantes, o bloqueo de las moléculas de hemoglobina de los glóbulos rojos, pudiendo llegar a la asfixia del bebé. Por ello, se aconseja el agua mineral para los biberones. En las aguas superficiales y subterráneas, los nitratos naturales son unos pocos miligramos por litro. Pero esta concentración se puede alterar por factores como el aumento de temperaturas, los microorganismos, el grado de oxigenación, la presencia de materia orgánica, y las prácticas agrícolas. El contenido en nitratos permite una valoración de la calidad del agua y proporciona información sobre problemas medioambientales como la eutrofización o carencia de oxígeno en el agua. La norma marca 25 mg/L como valor de calidad para los nitratos, y una concentración máxima de nitratos y nitritos de 50 mg/L y 0,1 mg/L, respectivamente. El contenido de las muestras está por debajo del nivel guía. Por tanto, no hay problemas de exceso de nitratos ni de nitritos en ninguna de las aguas analizadas.

De cualquier modo, hay diferencias: los niveles más altos se ha encontrado en las aguas de Santander (la concentración de nitritos se aproxima al máximo, mientras que en las demás muestras es mucho menor), Alicante, Castellón, Hospitalet y Barcelona. Y los más bajos en Burgos (prácticamente, carece de nitratos), Logroño, Pamplona, Bilbao y San Sebastián.

Continuando con las determinaciones físicas, la concentración máxima de amoniaco en las aguas potables de consumo público es de 0,5 mg/L, valor que ninguna de las muestras supera. El amoniaco presente en el agua potable no tiene importancia inmediata sobre la salud, si bien puede dar lugar a la formación de nitritos en los sistemas de distribución, crear problemas de sabor y olor y poner en peligro la eficacia de la desinfección.

El análisis también comprobó la posible presencia de sustancias indeseables procedentes de plaguicidas, insecticidas o herbicidas. El resultado fue satisfactorio, ya que no se encontró rastros de ninguna sustancia que pudiera resultar potencialmente tóxica.

El cloro residual, para la desinfección.

El cloro y sus derivados son los agentes desinfectantes más comunes en el tratamiento del agua para abastecimiento general. Eliminan la contaminación microbiana que pudiera quedar tras procesos anteriores. Las sustancias desinfectantes deben ser tóxicas para las bacterias, pero han de serlo en concentraciones que no ocasionen riesgo para las personas que consumen el agua de la red pública. Un exceso de cloro, en combinación con ciertos productos orgánicos, puede dar lugar a organoclorados cuya acción a largo plazo es perjudicial para los consumidores, ya que algunos organoclorados son cancerígenos.

El cloro debe ser persistente, ha de quedar en el agua algo de desinfectante residual, para que una vez eliminados los elementos patógenos no se produzca un nuevo crecimiento de estos. La norma no establece una concentración máxima ni mínima de cloro residual, aunque se estima como conveniente una cantidad entre 0,3 y 0,5 mg/L y como tolerable entre 0,2 y 0,8 mg/L. Las muestras analizadas oscilaron entre los 0,64 mg/L de Valencia hasta los 0,10 de mg/L de Castellón, Santander, Logroño y Burgos, que se sitúan por debajo del mínimo recomendado, si bien dentro de niveles cuando menos no muy escasos.

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