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Balnearios: Las aguas termales fluyen de nuevo

El tomar las aguas que pusieron de moda próceres como Cánovas y aristócratas alfonsinos a principios de siglo en los balnearios de Cestona, Fitero, Caldes de Boí o Cofrentes vuelve a tener éxito en nuestros días.

  En los últimos 15 años se ha producido un resurgimiento de los balnearios, hasta el punto de que el turismo de salud que ofrecen las estaciones termales se ha convertido en una alternativa al turismo tradicional. El cerca de medio millón de usuarios que el año pasado se beneficiaron de las propiedades terapéuticas de las aguas mineromedicinales en alguno de los 128 balnearios españoles son prueba fehaciente de que el interés por el termalismo se extiende, y de que los balnearios ya no son exclusivos de ancianos y enfermos. Los jóvenes y las personas sanas también acuden, y cada vez en mayor medida, a ellos.

El turismo termal va dirigido a toda la población, aunque la media de edad de sus usuarios se sitúa entre los 40 y los 50 años. Las estaciones suelen ubicarse en parajes naturales de gran belleza, lo que resalta su valor como alternativa turística. El precio tampoco es obstáculo. Someterse a un tratamiento termal no resulta caro, especialmente si se valoran los beneficios que procuran. Un fin de semana anti-estrés, con tratamientos termales incluidos, en pensión completa puede costar entre 13.000 y 25.000 pesetas por persona.

Más que balnearios

Los establecimientos se han modernizado y ampliado su oferta, superando la rehabilitación, curación o prevención de enfermedades, y convirtiéndose en centros de vacaciones de salud en los que es posible alternar los baños de lodo con la equitación, el tenis o el senderismo. Sin embargo, aún queda por hacer. Pese a ser éste un país con una notable riqueza de aguas mineromedicinales, tanto por su variedad como por su cantidad (2.000 manantiales) y calidad, aún no estamos al nivel de nuestros vecinos europeos.

El numero anual de agüistas en Italia sobrepasa los dos millones, mientras que Alemania alcanza los once millones de usuarios anuales. La razón principal es que en dichos países, y en otros como Francia o Portugal, la Seguridad Social corre con los gastos de las curas termales. En nuestro país, el termalismo social se comenzó a implantar en 1989, y hasta la fecha sólo está dirigido a pensionistas.

El agua, fuente de salud.

Si a la ubicación de los balnearios, en zonas de gran vegetación y aire puro, unimos la tranquilidad física y psíquica, la alimentación racional, y la liberación del alcohol, tabaco y medicamentos que propician, tenemos que son por sí mismos, un lugar ideal para recuperar la forma física y cierto grado de equilibrio mental. La actividad terapéutica del agua termal permite conjugar el descanso y el relax con la tonificación y la puesta a punto. Las curas termales son preventivas y curativas, al tiempo que contribuyen a la readaptación del paciente.

Las afecciones crónicas del aparato respiratorio, locomotor y digestivo son las más beneficiadas por los efectos del termalismo. Junto a estos tratamientos típicos, existen otros cada vez más solicitados: curas de adelgazamiento, belleza, celulitis o "rejuvenecimiento". Hay una gran variedad de técnicas de administración de las aguas mineromedicinales: bebida, duchas, lodos, masajes,.... Cada balneario utiliza unas u otras dependiendo del carácter del agua (sódicas, sulfuradas, ferruginosas, sulfatadas, bicarbonatadas, carbónicas, etc.) y de las instalaciones con que cuenta. Para lograr los beneficios deseados, las dolencias deben ser tratadas dos veces al año, en sesiones de 15 días. Sin embargo, hay casos como los tratamiento anti-estrés, muy de moda entre la gente joven, que se pueden realizar durante un fin de semana.

Termalismo y Tercera Edad.

El Inserso inició en 1989 un programa de termalismo social para facilitar a los pensionistas que lo necesiten, siempre por prescripción médica, la estancia en balnearios a precios reducidos. Unas 69.000 personas mayores se benefician anualmente de las propiedades curativas de las aguas termales, a unos precios que oscilan entre las 33.000 y las 40.000 pesetas. La estancia en los balnearios es de unos 15 días, e incluye alojamiento y pensión completa, así como los tratamientos termales básicos y una póliza de seguro. Para acceder al programa, el médico de cabecera acreditará la necesidad del tratamiento que se solicita, y la ausencia de contraindicaciones para recibirlo.

Una vez solicitada la plaza, médicos y técnicos del Inserso deciden si se puede optar a la misma, a través de unos baremos que tienen en cuenta las condiciones médicas, económicas y de edad. Las plazas se adjudican según la puntuación obtenida, los balnearios disponibles y los turnos solicitados. La arteriosclerosis, las afecciones del aparato respiratorio, litiasis (cálculos) e infecciones urinarias, y nefropatías intersticiales, son, junto a las enfermedades del aparato locomotor, las dolencias que con más frecuencia llevan a nuestros mayores a visitar un balneario.

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