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La hipertensión arterial es uno de los problemas más importantes de la Salud Pública en nuestro país.
Su frecuencia (el 22% de la población adulta la padece), la seria repercusión que genera en la salud de los afectados y el gran coste del tratamiento y de las complicaciones que origina justifican esta relevancia de la tensión elevada.
El aparato circulatorio dispone del corazón (motor que lanza la sangre), las arterias por las que circula la sangre y la distribuyen, los capilares (facilitan el intercambio entre la sangre y los tejidos) y las venas, que recogen la sangre una vez utilizada y la devuelven al corazón. La sangre circula con una presión o tensión, que depende de la fuerza con que el corazón la impulsa y de la resistencia que le oponen las arterias; ocurre lo mismo que con el agua que sale por una manguera: si se abre más el grifo o se pinza la manguera, la presión del agua sube.
Hay una presión máxima, sistólica o alta, que coincide con la contracción cardiaca, y una presión mínima, diastólica o baja, con la relajación cardiaca. Es difícil establecer límites de normalidad. Se han fijado para los adultos, en base al riesgo de padecer complicaciones, y son aceptados internacionalmente (véase cuadro).
La hipertensión puede deberse a la elevación de la alta, de la baja o de las dos simultáneamente. La tensión arterial cambia a lo largo del día manifestando un ascenso por la mañana y un descenso por la noche. Las emociones, el dolor, el estrés y los esfuerzos, hacen subir momentáneamente la tensión arterial, pero luego se normaliza. Las tomas hay que hacerlas en condiciones; si no, no valen. Por ello, se realizarán varias tomas durante unos meses, en condiciones estándar: una vez transcurridos 5 ó 10 minutos desde que uno se siente tranquilo. No se habrán realizado esfuerzos. Tampoco se habrá fumado. En donde se mida la tensión reinará buena temperatura, no debe haber frío. A ser posible, las tomas las efectuará la misma persona con idéntico aparato. Los que hay en farmacias y otros establecimientos comerciales son fiables, pero no lo son tanto las condiciones en que a veces se hace la toma: después de andar, cargados con paquetes, estresados, ...
A algunas personas, por otro lado, sólo les sube la tensión cuando acuden al médico: es la "hipertensión de bata blanca", debida a factores emocionales. En algunos casos, pueden ser premonitoria, y avisar de una futura hipertensión. Cuando los valores de tensión dan cifras muy variables y hay dudas sobre si se trata de una hipertensión, es recomendable una monitorización ambulatoria de 24 horas, que consiste en llevar encima un diminuto aparato que registra la tensión cada 5,10 ó 15 minutos, según se programe. Transcurrido el día , se vuelcan los datos a un ordenador para que sean analizados por el médico, que estudia el comportamiento de la tensión y llega a un diagnóstico.
En la mayoría de hipertensiones arteriales no hay una causa que la explica, no existe una enfermedad detrás. Es la hipertensión esencial. Y, sólo en uno de cada 20 casos, surge la hipertensión secundaria, síntoma de lesiones renales, tumores de glándulas suprarrenales, coartación de aorta o disfunciones del tiroides.
Hay varios factores que ayudan a la aparición de la hipertensión. En ocasiones, influye el componente genético, hereditario. Y con la edad se incrementan los valores de tensión arterial y los casos de hipertensión. La obesidad también pesa: el 60% de los hipertensos es obeso. El alcohol también eleva la tensión. En algunas personas, la sal tiene un efecto hipertensivo.
Los países que consumen mucha sal o alimentos muy salados, presentan una elevada prevalencia de hipertensión. Pero a nivel individual el comportamiento de la tensión es variable. A los hipertensos se les desaconseja la sal, y en algunos el descenso se produce, pero no siempre.
El estrés es otro aliado de la hipertensión. El café sube la tensión al momento, pero no parece tener efecto a largo plazo. Se desaconseja fumar a los hipertensos porque el tabaco es factor de riesgo de la arteriosclerosis, y la combinación de hipertensión y tabaco incrementa el riesgo.
La hipertensión transcurre a veces sin síntomas y se descubre casualmente . En ocasiones, se delata por síntomas como dolor de cabeza, palpitaciones, mareos, fatiga, insomnio, o porque urge levantarse a orinar varias veces por la noche. Ya más raramente, la manifestación de la hipertensión es una crisis hipertensiva, con elevación de los valores tensionales, que provoca ahogo y fatiga, con dolor de cabeza, sensación vertiginosa o hemorragia nasal. Puede precisar de ingreso hospitalario: hay que controlar la crisis y evitar una complicación. Pero lo más peligroso de la hipertensión es su efecto de dañar lentamente el organismo.
Corazón, cerebro, riñones, arterias y retina son los órganos afectados: angina de pecho, infarto, muerte súbita, accidente cerebro-vascular (trombosis, hemorragia) y aneurismas de aorta, son las complicaciones que registran los hipertensos. Por esto, presentan mayor mortalidad que la población con tensión normal. De ahí la necesidad de adoptar medidas cuando se tiene la tensión elevada.
Es frecuente que el afectado, al no sufrir síntomas, no perciba ni asuma la necesidad de ser tratado. Y a veces se le dan medicaciones con efectos secundarios, que hacen que el hipertenso rechace el tratamiento. La mayoría de las hipertensiones son leves, pero peligrosas a largo plazo.
| TENSIÓN ALTA para adultos | TENSIÓN BAJA para adultos | |
|---|---|---|
| Normal | inferior a 140 mmHg | inferior a 80 mmHg |
| Límite | entre 140 y 160 mmHg | entre 80 y 95 mmHg |
| Elevada | por encima de 160 mmHg | por encima de 95 mmHg |
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